Las muñecas tristes

Edith Sánchez · 28 marzo, 2016

Si fuéramos capaces de calcular cuánto dinero se gasta en el mundo en tratamientos de belleza seguramente nos llevaríamos las manos a la cabeza. Ser bonita, elegante y atractiva es poco menos que un deber, especialmente en determinados ambientes y contextos. Los ideales de belleza son una realidad en nuestros días que conforman muñecas tristes…

Es como si alguien hubiese prometido que la belleza es una llave que abre todas las puertas de la vida. Algunas mujeres lo creen y por eso en la escala de prioridades de muchas de ellas aparece en un lugar muy alto. A cambio, el precio que pagan suele ser elevado, tanto en dinero, en tranquilidad como en salud.

Vivo en Colombia, un país en el que hay un auténtico culto a la belleza física de la mujer. Se dice que es el lugar del mundo con mayor número de reinados de belleza. Cada fiesta de pueblo tiene su propio reinado. Hay reina de la panela, del café, de la ganadería, del mar, de la papa, del Sol, de la guayaba… de todo.

“La belleza que atrae rara vez coincide con la belleza que enamora.”

-José Ortega y Gasset-

Las colombianas suelen ser finalistas en el concurso de Miss Universo y tienen fama de bellas en todo el planeta. Se cuentan por cientos los extranjeros que llegan a buscar mujer en Colombia. Por contrapartida, la situación de las adolescentes al respecto es a veces dramática. La alcaldía de una de las grandes ciudades tuvo que emprender una agresiva campaña contra la anorexia. Las hermosas niñas de esa ciudad estaban enfermando y hasta muriendo en su afán de ser bellas.

Bellas y tristes

En el mundo de la belleza actual eres vieja si tienes más de 30, eres gorda si pesas más de 50 kilogramos y eres fea si te sales de los dos parámetros anteriores. Y ser fea te convierte en fracasada. Lo paradójico es que solo logras mantenerte en los 30 de edad y en los 50 de peso siguiendo una vida espartana y unos procedimientos radicales que siguen el “efecto bumerang”, quizás ahora te hagan más resplandeciente pero a largo plazo quizás te perjudiquen.

mujer pelirroja cepillándose el pelo

La mirada del mercado publicitario es la suprema autoridad para muchas mujeres. Una autoridad tiránica y despiadada que condena a toda chica que no se ajuste a lo que dicten los anuncios y se valore en concursos. Ninguna dictadura podría haberlo hecho mejor. No necesitan de ningún policía para que vigile y consiga obediencia. Ellas acatan, sin chistar, lo que les mandan ser.

Suele suceder que, detrás de estas muñecas tristes, hay una madre voraz o un padre abusivo. Son muchas madres las que educan a sus hijas para ser “reinas”, para ejercer de “diosas” en ese confuso sueño de “tener el mundo a sus pies”. La madre quiere que su hija sea todo lo que ella no pudo ser. Que realice por ella ese deseo histérico de acabar con los hombres por la vía de seducirlos hasta que se reduzcan a su mínima expresión.

Los padres abusivos, bien sea por la vía sexual o por el maltrato físico, les enseñan a sus hijas que no pueden aspirar a más que ser un instrumento. Que no cuenta lo que piensen o sientan. Que están ahí para ser marcadas por las “caricias” abusivas o por los golpes “merecidos”.

Las muñecas y los amores imposibles

Muchas mujeres piensan que si son bellas, también serán amadas. Les parece completamente razonable que lo uno sea consecuencia de lo otro. No logran distinguir la diferencia entre el efecto embriagador y fascinante de la belleza y el difícil trasegar del amor auténtico. No atinan a establecer una distinción entre ser miradas y ser reconocidas, valoradas por lo que trasciende el aspecto físico y amadas por su esencia.

mujer muñeca de espaldas

Son extremadamente vulnerables a los halagos, a las expresiones que exaltan sus atributos físicos. En realidad, no les interesa ser bellas para sí mismas, sino para la mirada de los otros. Se dan mayor valor propio cuando son capaces de despertar el deseo en los demás. Si no son vistas con deseo, sienten como si no existieran, como si no valieran nada.

En el fondo, las muñecas tristes saben poco del amor, poco del deseo sexual y, por contradictorio que parezca, poco de la belleza. No logran ubicarse en una perspectiva que les permita hacer una valoración propia de todas estas realidades, porque en el fondo no están construyendo autónomamente su vida, sino cumpliendo una orden. De sus madres, de sus padres, del mercado.

mujer de espaldas con corsé

Precisamente por eso, estas bellas mujeres se convierten en muñecas tristes. Incluso si logran ajustarse a las exigencias de otros. Incluso si despiertan pasiones tormentosas en hombres que juran amarlas. Su vacío es más hondo y no puede llenarse con ningún halago. A las mujeres tristes les falta ese amor propio que se expresa en actitudes libres y atrevidas. Esas, que las harían verdaderamente bellas a los ojos de sí mismas.