A los padres que dejan huella en el corazón

Dejemos a un lado los estereotipos. Los padres también crían, arropan, alivian miedos y se alzan como maravillosas figuras emocionales en la vida de sus hijos. Son tesoros sempiternos que siempre llevaremos en el corazón.
A los padres que dejan huella en el corazón
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 18 marzo, 2022

Hay muchos padres que dejan huella en el corazón. Figuras muy alejadas de la clásica imagen del hombre que se limita en exclusiva a proveer al hogar de un sustento económico. Atrás queda esa presencia ya caduca, alejada de las labores de crianza que delegaba en su pareja toda responsabilidad. Porque la paternidad también arropa, nutre, edifica y deja una impronta maravillosa.

Si destacamos esto es por un hecho casi innegable. La psicología, al igual que muchas otras ciencias, ha dejado durante años el papel de la paternidad a un lado. Los estudios de investigación no le concedieron demasiada importancia a su influencia en el desarrollo de los niños. Así, cuando se hablaba del apego, por ejemplo, se visibilizaba casi en exclusiva a la mujer.

Sin embargo, el vínculo padre-hijo es igual de trascendente en la vida de cualquier pequeño. En estos tiempos de cambios sociales y de reformulaciones es hora de desactivar muchos estereotipos que aún persisten en la sociedad. Porque también ellos cambian pañales, consuelan, alimentan, se desvelan por las noches y asumen, en ocasiones, la crianza en soledad…

“Es un hombre sabio el que conoce a su propio hijo”

-William Shakespeare- 

escena para simbolizar cómo los padres que dejan huella en el corazón
La mayor parte del apego infantil temprano se ha centrado en la relación entre madre e hijo. Sin embargo, el papel del padre es igual de decisivo y enriquecedor.

Padres que dejan huella en el corazón: ¿cómo son?

¿Qué hace que una persona sea buen padre o buena madre? La palabra mágica es involucración. Contar con un padre involucrado de manera constante en la vida de sus hijos es lo que nos marca para siempre. Una participación que realmente suma cuando es activa y positiva; es decir, necesitamos una figura paterna habilitada en el arte de las emociones, capaz de dar seguridad y favorecer el desarrollo personal de ese niño.

El padre muy aficionado al “ordeno y mando” rara vez es capaz de hacer contribuciones significativas y positivas a la vida emocional familiar. Necesitamos padres que ayuden a sus hijos a que sean quienes realmente quieran. Padres que dinamicen e inspiren, que respetan y comprenden, pero que no moldean a su imagen, capricho y deseo desde el más puro estilo narcisista.

Por otro lado, hablábamos al inicio de cómo la psicología ha descuidado durante años el papel del padre como figura de apego. Es cierto, pero desde hace un par de décadas ya contamos con más aportaciones científicas que destacan su relevancia.

Una investigación de la Universidad de Belfast, Oxford y Warwick habla de algo interesante. El apego paterno favorece de manera notable el desarrollo psicosocial del niño. Es más, en los hogares en que la madre no es capaz de ofrecer un afecto válido y positivo a los hijos, si el apego del padre es el óptimo, contribuirá al bienestar mental de los pequeños.

Reformulando la masculinidad: padres sensibles que saben amar

Los padres que dejan huella en el corazón saben estar presentes y cómo ofrecer amor a sus hijos. Lo hacen dejando a un lado el esquema clásico de la masculinidad hegemónica y tradicional. Esa necesitada de mostrar una imagen fuerte, resolutiva y que esconde sus emociones, su sensibilidad.

Los buenos padres se vinculan de manera profunda con sus hijos desde que los sostienen por primera vez en brazos. Se emocionan con ellos, los cuidan, conectan con sus necesidades, apagan sus miedos, nutren sus sueños, los apoyan y los inspiran… Son compasivos y empáticos y lo que es igual de importante, saben hacer equipo con sus parejas. En igualdad, en equilibrio y felicidad.

Nos ayudaron a ser quienes somos ahora

Los padres que dejan huella en el corazón no sueñan con educar hijos exitosos, quieren dar al mundo personas felices. Y este factor es decisivo en la vida de todo niño. Decimos esto por un dato muy ilustrativo. A menudo, abundan las madres y los padres que se convierten casi en entrenadores de sus hijos.

Esperan el máximo de ellos: que sean el mejor en los estudios, el mejor en los deportes. Anhelan que destaquen en algo porque ellos no lograron hacerlo en su momento. Sin embargo, los buenos padres solo quieren que sus hijos crezcan en felicidad, que sean lo que deseen ser, que ellos mismos marquen sus metas y sus sueños.

Quienes cuenten con progenitores hechos de este material, el conformado por el respeto y no por la ambición o dominación, saben que cuentan con un auténtico tesoro.

Padre e hijo hablando felices
El hombre que se conoce a sí mismo, que es competente en responsabilidad emocional y que ha sanado sus vacíos y heridas del ayer se alza siempre como el mejor de los padres.

Hombres abriéndose paso en un mundo lleno de estereotipos

Puede que no siempre lo percibamos, pero en nuestra realidad actual persisten estereotipos de género de los que cuesta desprendernos. En este caso, hablamos de los asociados a la paternidad. Ahora mismo, por ejemplo, los padres lo tienen muy difícil para encontrar lugares públicos donde cambiar el pañal a sus hijos. Por lo general, estás áreas solo existen en los baños de mujeres, no en el de los hombres.

Hay quien sigue dudando de que sean cuidadores competentes o, más aún, de que sean capaces de llevar un hogar en soledad. Sin embargo, son muchos los que lidian a diario con las dificultades de la crianza, quienes se desviven por sus hijos, frente a quienes opinan que no hay nada como el amor de una madre.

Ahora bien, son muchos los padres que dejan huella en el corazón, son infinitos los que crean lazos imborrables con sus hijos dando lo mejor de sí. También ellos merecen nuestro reconocimiento; hoy, mañana y siempre.

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