Pasar mucho tiempo solos nos hace más asustadizos y agresivos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 2 diciembre, 2018
Edith Sánchez · 2 diciembre, 2018
Todos necesitamos lapsos de soledad de vez en cuando. Sin embargo, no es buena idea pasar mucho tiempo solos. Hay estudios que evidencian un efecto negativo de la soledad crónica sobre el cerebro y, por supuesto, sobre el comportamiento.

En lo profundo del ADN humano hay una huella de millones de años que nos impulsa a ser gregarios. El ser humano necesita de otros, física y psicológicamente para sobrevivir. Eso no quiere decir que busquemos compañía a cualquier precio. Sin embargo, los otros sí son muy importantes en nuestra vida. De hecho, la ciencia ha comprobado que pasar mucho tiempo solos afecta notablemente nuestra conducta.

Diversas investigaciones han llegado a la conclusión de que pasar mucho tiempo solos conduce incluso a transformar nuestro cerebro. Lo propio del ser humano es compartir con los demás. Pese a ello, hemos llegado a una época en la que esto no es tan fácil para muchas personas. Curiosamente, las multitudes y sus efectos son un factor decisivo para convertirnos en solitarios.

La soledad es una epidemia creciente en todo el mundo. Lentamente ha ido aumentando el número de hogares formados por una sola persona. En las grandes ciudades las relaciones vecinales se han vuelto tensas y excluyentes. Ya hay empresas que venden compañía por horas. En el fondo, todos sabemos que pasar mucho tiempo solos no es bueno. Sin embargo, no siempre encontramos la manera de romper esa burbuja.

El que busca fácilmente se pierde. Todo aislamiento es culpa”.

-Friedrich Nietzsche-

Hombre solo en el mar

Un experimento interesante

Una investigación del Instituto de Tecnología de California (Caltech) prueba que pasar mucho tiempo solos tiene efectos significativos sobre el comportamiento. En un experimento con ratones, evidenció que la soledad llevaba a la acumulación de una sustancia química en el cerebro. Esta los volvía paulatinamente más agresivos y miedosos.

El trabajo apareció publicado en la Revista Cell y se ha tomado como un modelo aplicable a los seres humanos. Para realizar el estudio, los investigadores aislaron individualmente a un grupo de ratones. Impidieron que tuvieran contacto con otros miembros de su especie durante algunas semanas. Al poco tiempo, los individuos estudiados se mostraron más irascibles de lo normal. También se veían más temerosos frente a otros ratones e hipersensibles ante cualquier amenaza.

Cuando aparecía una posible amenaza, los ratones aislados se quedaban muy quietos. Permanecían así, incluso mucho tiempo después de que el estímulo amenazante había desaparecido. Los ratones que seguían viviendo en comunidad recuperaban la normalidad más rápidamente. Los primeros síntomas de todos estos cambios aparecían dos semanas después del aislamiento.

La taquiquinina y pasar mucho tiempo solos

Otra investigación anterior había demostrado que la mosca Drosophila también manifestaba comportamientos más agresivos cuando se le aislaba. En aquella oportunidad los investigadores lograron establecer que había una sustancia química involucrada en todo esto. Se trataba de la taquiquinina. Esta se incrementaba al avanzar el periodo de aislamiento.

Los expertos del Instituto de Tecnología de California quisieron comprobar si esta sustancia también se incrementaba en los ratones del estudio. Pudieron comprobar que ocurría lo mismo que en las moscas. Sin embargo, en los ratones la taquiquinina llevaba a la producción de un neuropeptido llamado neuroquinina. Este se producía en el hipotálamo y en la amígdala.

Los investigadores evidenciaron, pues, que el aislamiento prolongado conduce a una mayor producción de neuroquinina. Que esta a su vez incrementaba los comportamientos agresivos y nerviosos. Sin embargo, también verificaron que la administración de un fármaco era capaz de reducir esos niveles, aunque de forma inestable.

No debemos pasar mucho tiempo solos

Hay muchas razones que nos llevan a aislarnos. A veces no hemos desarrollado suficientes habilidades sociales. Otras veces nos topamos con entornos que son excesivamente herméticos. También sucede que nos encerramos tanto en nuestras propias actividades e intereses que nos volvemos progresivamente como islas apartadas. Así mismo, es posible que desconfiemos de los demás o nos domine el miedo a no proyectar una imagen atractiva.

Mujer apoyada sofá

Sea cual sea la causa, lo cierto es que pasar mucho tiempo solos no nos hace bien. Esto no nos convierte en personas más autónomas e independientes. A veces, de hecho, ocurre todo lo contrario: nos hacemos cada vez más vulnerables. Fácilmente se apodera de nosotros una inercia que nos induce a aislarnos cada vez más. Con el tiempo, podríamos enfermar.

Siempre es posible abrirnos a los demás. Como ocurre siempre, salir de la burbuja no es fácil en un comienzo. Lo cierto es que vale la pena, en tanto es un paso que nos lleva a tener mayor salud mental. Conseguir establecer puentes con los demás es un logro de un valor prácticamente irreemplazable por ningún otro. De esta manera se convierte en una necesidad, y también en una fuente inestimable de crecimiento.

  • Cuenya, L., Fosacheca, S., Mustaca, A., & Kamenetzky, G. (2011). Efectos del aislamiento en la adultez sobre el dolor y la frustración. Psicológica, 32(1).