¿Por qué siempre acabo con el mismo tipo de pareja?

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Según varios estudios, muchas personas acabamos escogiendo el mismo tipo de pareja una y otra vez. No aprendemos de los errores y, casi sin darnos cuenta, nos aventuramos hacia nuevas relaciones siguiendo un mismo patrón. ¿A qué se debe?
 

Algunos lo definirían como «tropezar una y otra vez con la misma piedra». Otros, «el destino», ese que nos hace caer en brazos del mismo tipo de pareja, la misma trae sufrimientos y sinsabores, decepciones y la posterior ruptura. ¿Es verdad, por tanto, que de algún modo u otro, acabamos enamorándonos del mismo estilo de persona?

Los estudios nos indican que en buena parte de los casos, así es. Por término medio, muchos de nosotros pensamos que nuestras preferencias cambian con el tiempo. Nos decimos que esa pareja que tenemos ahora no tiene nada que ver con las anteriores… Sin embargo, siempre hay semejanzas, matices, personalidades similares; porque, de un modo u otro, parece que tendemos a enamorarnos de un tipo específico de hombres o de mujeres.

Esto por sí mismo puede ser un gran problema. Sobre todo, si tal y como hemos señalado, acabamos encadenando una mala relación tras otra.

El coste psicológico de esos vínculos en los que solo fluye la infelicidad, la codependencia o el sufrimiento en cualquiera de sus formas es inmenso. De ahí que sea necesario en muchos casos reorientar la intervención terapéutica para hacer ver a la persona la necesidad de romper ese patrón afectivo.

 

No obstante, por llamativo que nos parezca lograrlo, no es nada fácil. Sigmund Freud señalaba que en una relación siempre hay cuatro personas: la pareja, las carencias de uno y las carencias de otro.

Eso hace que en muchos casos busquemos un tipo de perfil que sirva como nutriente para aquello que nos falta, de manera que ese ciclo vicioso en materia afectiva no hace más que retroalimentarse una y otra vez.

Imagen simbolizando por qué siempre acabamos con el mismo tipo de pareja

Razones por las que a veces, acabamos con el mismo tipo de pareja

Cada uno de nosotros nos sentimos atraídos por una serie de dimensiones, tanto físicas como conductuales. Asimismo, sentimos mayor afinidad por un estilo muy puntual de personalidad y no por otro.

Si a ello le sumamos la necesidad que se tiene a menudo de buscar en la pareja lo que a uno le falta, tendremos sin duda una fórmula explosiva. Esa donde acabar siempre con el mismo tipo de pareja.

Y no lo decimos solo por decir. Si buscamos en la literatura científica, nos encontraremos con trabajos muy interesantes que nos confirman esta idea.

 

Así, estudios como los realizados por los psicólogos Yoobin Park y Geoff MacDonald, de la Universidad de Toronto, nos indican que los datos resultan muy significativos: por término medio siempre hay un tipo, un estilo o patrón de persona que nos atrae más que otra y con la cual acabamos teniendo una relación afectiva.

Ahora bien, hay una particularidad. Las personas muy extrovertidas y con alto grado de apertura a la experiencia suelen tener relaciones con parejas muy diferentes.

En este caso, es común que no acaben siempre con un mismo tipo de persona. La personalidad un poco más introvertida, por ejemplo, sí evidencia cierta estabilidad en la personalidad distintiva de la pareja.

Estar con mismo tipo de pareja nos da seguridad

Hemos señalado que una de las razones por las que solemos acabar con un mismo tipo de pareja es porque buscamos en el otro lo que nos falta. Esa sensación de vacío o carencia nos impulsa a la necesidad de buscar un estilo de persona capaz de llenar esas oquedades en nuestro carácter, en nuestra personalidad.

 

Bien, otro factor explicativo es sin duda la sensación de seguridad que nos ofrece tener siempre con nosotros un mismo estilo de figura afectiva. Nuestro cerebro siempre aprecia la estabilidad, las semejanzas y lo predecible.

Es más, algo que suele señalarse es que a menudo, buscamos los mismos patrones de relación que tuvimos en la infancia. Si esta fue afectuosa y sana esperamos repetir la seguridad que nos confería ese mismo vínculo.

Por contra, si fue hostil y complejo, buscamos parejas que puedan darnos el afecto y la seguridad que no recibimos en el pasado. Algo que sin duda puede ser muy peligroso. No obstante, a veces lo conseguimos, logramos construir relaciones estables y hasta satisfactorias. En otros casos, evidentemente, ese vínculo puede ser traumático.

Hombre abrazando a su mujer

La necesidad de conocer nuestro estilo de relación

Y tú… ¿acabas siempre con un mismo tipo de pareja? ¿Una que te trae más lágrimas que felicidad, más decepciones que satisfacciones? Entonces estás obligado a reflexionar sobre tu estilo de relación. Porque, aunque acuses al destino de que te ponga siempre el mismo estilo de personas en tu camino, quien da el paso eres tú. Porque los estilos de relación responden a nuestros aprendizajes, necesidades y carencias, y no a algo instintivo.

 

Por tanto, lo más adecuado en estos casos es hacer un valioso ejercicio de reflexión. Si mis relaciones son siempre codependientes, debo preguntarme por qué. Si acabo dejando una relación tras otra porque nadie me da lo que necesito, tal vez debería preguntarme qué es lo que no me estoy dando a mí mismo.

Recordemos de nuevo lo que señalaba Freud: si en una pareja hay cuatro personas y dos de ellas representan nuestras necesidades y carencias, intentemos desmenuzar cuáles son las nuestras. ¿Qué es lo que espero siempre de mi pareja? ¿Qué es lo que necesito de la otra parte? 

Lo ideal es no basar una relación en la necesidad. Porque entonces, siempre estaremos anhelando algo que nadie nos dará de manera satisfactoria. Por tanto, resolvamos esa dimensión y salgamos de la zona de confort afectiva. Dejemos de buscar a un tipo concreto de pareja y, simplemente, permitamos que el amor nos encuentre y… nos sorprenda.

  • Yoobin, Park, MacDonald. Geoff Consistency between individuals' past and current romantic partners' own reports of their personalities.