Ross Rosenberg y el síndrome del imán humano

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 3 julio, 2018
Edith Sánchez · 3 julio, 2018

El síndrome del imán humano es un concepto acuñado por el psicólogo y terapeuta Ross Rosenberg. También es el nombre de un libro que ha conseguido un verdadero récord de ventas. El planteamiento de este gira en torno a una realidad descubierta por Rossenberg: hay una atracción poderosa hacia personas que, tarde o temprano, nos harán sufrir.

Según esta tesis, lo que llamamos “química” entre dos personas no sería más que la expresión de esa atracción disfuncional que a veces tiene lugar. Hay dos impulsos que componen tal química: uno de amor y otro de guerra. Dicho de otro modo, existe una gran atracción hacia personas con las que eventualmente tendremos grandes conflictos.

Eso explicaría por qué muchas veces las personas no se fijan en quienes tienen grandes virtudes y ofrecen estabilidad y ternura. No es raro que tengan mayor éxito en el mundo de la atracción amorosa aquellos que son menos equilibrados. El síndrome del imán humano explica el porqué.

Se puede decir que para que el ‘baile de la codependencia’ se produzca, se necesita de la participación de dos personas: el narcisista que toma el control, y el codependiente que se acomoda a la pareja de baile”.

-Ross Rosenberg-

El síndrome del imán humano en acción

Quienes son víctimas del síndrome del imán humano, cuando se encuentran, surge una atracción muy fuerte. Esa sensación poderosa de que el otro es especial y de que hay una conexión particular. También hay un intenso deseo de acariciar a esa persona, o, en todo caso, de entrar en contacto físico con ella.

Las personas se dejan llevar por esa poderosa atracción y comienzan una relación que, por lo general, es muy intensa. Cada uno siente que el otro es “el amor de su vida”. Alguien que lo complementa y lo hace feliz.

Sin embargo, más temprano que tarde comienzan los conflictos. Por celos, por diferencias de opinión, posesividad, o lo que sea. Entonces, la misma persona que antes nos hacía inmensamente felices empieza ahora a ser un motivo de sufrimiento. Los dos involucrados se provocan heridas mutuas y todo se convierte en una auténtica guerra. Pese a ello, resulta muy difícil para los dos apartarse del otro.

Manos tocándose

Narcisismo y codependencia

Según Rosenberg, el síndrome del imán humano se da en su forma clásica entre dos tipos de personas: los codependientes y los narcisistas. Aclara que toda relación crea cierta codependencia en la pareja. El problema aparece cuando esta es la nota predominante y genera un verdadero drama para quien la vive.

La codependencia lleva a que uno de los miembros de la pareja se entregue al otro sin límites. Intenta darle todo lo mejor de sí, sin filtro ni medida. El otro, que sería el narcisista, recibe con agrado esa entrega incondicional. Corresponde con muestras de afecto, atención y cuidados. Hasta ahí todo parecería ser armónico y perfecto.

Pareja dependiente simbolizando el síndrome del imán humano

Sin embargo, pronto el narcisista deseará más. Aunque el otro se entregue completamente, su pareja sentirá que algo hace falta. Progresivamente, lo que recibe no lo deja satisfecho y pide, o exige, más y más.

El codependiente, por su parte, experimentará que no es suficientemente valioso. Sentirá que el otro, tal vez,  no lo necesita lo suficiente. Esto le llenará de inseguridad y tratará siempre de dar más, aunque eventualmente se quejará de la indolencia del otro.

Un sufrimiento sin fin

Quienes están inmersos en el síndrome del imán humano crearán relaciones que con el tiempo se vuelven dolorosas y asfixiantes. Sin embargo, la atracción persiste, e incluso a veces se hace más fuerte, pese al daño mutuo que se infligen.

Por alguna razón, el codependiente quiere seguir siendo controlado. A su vez, el narcisista necesita desesperadamente de su “adorador”. Por eso se resisten a terminar con una relación que en el fondo les hace daño: perpetúa su desequilibrio.

El mecanismo es similar al que se produce en una adicción. Al comienzo, la sensación es extremadamente placentera. Se produce una euforia intensa. Algunos le llaman a eso “felicidad”. Aunque con el tiempo esa sensación tan agradable vaya desapareciendo y en lugar de ella surjan grandes sufrimientos, las personas no se resignan a dejar ir ese placer inicial. De uno u otro modo siguen buscando esa sensación, compulsivamente.

pareja simbolizando el síndrome del imán humano

El codependiente y el narcisista son, desde el punto de vista psicológico, totalmente opuestos. Por lo mismo, también se vuelven complementarios. Muy frecuentemente se les escucha decir que el otro es su “media naranja” y así es, aunque de un modo patológico.

El síndrome del imán humano, entonces, muestra por qué “amamos” a quien nos hace sufrir. Muestra también que siempre que eso ocurre, tiene más que ver con patologías individuales que se potencian en pareja, que con grandes y tormentosos amores de verdad.