Según la ciencia, ¿qué es la química interpersonal?

Tener "química" con alguien es una experiencia mágica. Esa conexión está orquestada por todo un cóctel de emociones y neurotransmisores capaces de trazar relaciones que perduran. ¿Lo has experimentado alguna vez?
Según la ciencia, ¿qué es la química interpersonal?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 01 agosto, 2022

La química interpersonal es la experiencia que perciben dos personas cuando surge una conexión intensa y satisfactoria al relacionarse. De algún modo, Carl Jung lo explicó muy bien cuando dijo que a veces el encuentro con alguien es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna reacción, ambas se transforman.

Todos sabemos muy bien qué se siente en este tipo de experiencias. El inicio de una amistad y el flirteo con alguien que nos gusta tienen también este tipo de alquimia que la ciencia lleva estudiando mucho tiempo. En este intercambio, casi mágico, intervienen desde emociones de valencia positiva hasta todo un cóctel de neuroquímicos que cambian nuestro cerebro.

Sentimos curiosidad, sintonía, placer, motivación, esperanza y hasta fascinación. Las relaciones interpersonales nos permiten trascender más allá de nuestra propia piel para llegar a otra persona y, entonces, crear algo nuevo. Son vínculos luminosos que erigen ese lazo social y afectivo cargado de significado que supone la unidad más básica de la civilización, como son la amistad, el amor, el compañerismo…

Al igual que tenemos “química” por ciertas personas, también podemos experimentar un rechazo casi instintivo por determinadas personalidades.

escena para simbolizar la química interpersonal
La química interpersonal es la “molécula” social que orquesta la base de toda relación de amistad, compañeros de trabajo y, sin duda, de pareja.

Química interpersonal, cuando “encajamos” al 95 % con alguien

A lo largo de nuestra vida, hemos experimentado esa “chispa” interpersonal con más de alguien. Porque dicha sintonía excepcional no solo aparece entre parejas, también surge en el seno de las amistades y en proyectos laborales. Quien más y quien menos ha sentido cierta química con algunos compañeros de trabajo y de esa unión han salido buenos negocios y metas conquistadas.

Así, en una investigación de Harry T. Reis y colaboradores, se define la química interpersonal como esa sensación que tenemos al relacionarnos con alguien y notar que de esa interacción surge algo más grande. Juntos somos más que la suma de las partes. Todo parece encajar y nuestra realidad cobra mayor sentido en compañía de una serie de personas en concreto.

Al fin y al cabo, pocas realidades generan tanta armonía como disponer de amigos con los que sentirnos comprendidos y contar con colegas de trabajo con quienes es fácil y motivador marcarnos objetivos de trabajo. Y cómo no, ¿qué sería del amor sin esa chispa química que todo lo inicia y lo revoluciona?

La novela Elective Affinities (1809) de Johann Wolfgang von Goethe fue el primer tratado científico en el que se habló el origen químico del amor.

Los componentes de la química interpersonal

La sensación de tener química interpersonal no surge de inmediato. A veces, basta una conversación profunda y unas horas compartidas. Sin embargo, también es común ver con el tiempo que hay ciertas personas con las que siempre tenemos mayor conexión. Los misterios de esos engranajes psicosociales son siempre complejos y cada persona los vivencia de un modo concreto.

Sin embargo, lo que siempre suele estar presente son una serie de componentes. Estos que orquestan y confieren fuerza, oxígeno y magnetismo a este tipo de alquimia:

  • La conexión afectiva. Cuando conocemos o estamos con alguien determinado, aparecen siempre unas mismas sensaciones: complicidad, cariño, respeto, risas, bienestar, motivación, optimismo… Es un velo de positividad que deja impronta en el cerebro.
  • Conexión cognitiva. La química interpersonal no funciona solo mediante las emociones de valencia cognitiva. Necesitamos también tener percepciones similares, ideas parecidas y unos mismos valores. Coincidir en opiniones, creencias y filosofías de vida favorece esa chispa tan importante entre dos personas.
  • La conexión conductual. Disfrutar al compartir tiempo juntos, trabajar por las mismas metas, reaccionar de manera similar ante los mismos desafíos… Todo ello edifica también este tipo de vinculación socioafectiva.

Conectar, el misterio más fascinante de las relaciones humanas

En Hollywood, quienes se encargan de los procesos de casting saben que no solo se trata de ver a los actores de manera individual, que también hay que tener en cuenta la química personal. El público percibe y busca también esa conexión en la pantalla, esa armonía relacional y magnetismo entre los protagonistas. Solo así es más creíble el guion y la historia que se cuenta.

En nuestro día a día también anhelamos encontrar esa conjunción con alguien, porque conectar, lograr esa chispa relacional nos permite reencontrarnos a nosotros mismos. ¿De qué manera? Pensemos, por ejemplo, en ese amigo o amiga nuestra al que apreciamos tanto. Cuando estamos con esa persona nos proyectamos en él o ella, nos vemos también a nosotros mismos.

Es un tipo de conjunción tan íntima que todo fluye, es como crear refugios emocionales en los que ser una misma entidad con dos corazones. Si bien es cierto que nunca encajaremos al 100 % y que siempre habrá pequeñas diferencias, ese 95 % nos da la vida y la felicidad.

En los últimos cincuenta años, los avances en neuroquímica e inmunología nos han permitido demostrar qué sí existe realmente la química interpersonal. Elementos como la serotonina, las endorfinas o la oxitocina edifican este tipo de atracción o afinidad.

Mujer con los ojos cerrados y la mano en el corazón
Nuestro cerebro está diseñado para experimentar esa química interpersonal que surge con el amor y la amistad.

 La química de la vida humana

En 1919, el médico George W. Carey escribió La química de la vida humana. En este curioso trabajo conceptualizaba que el cuerpo humano era como una especie de batería. Solo cuando recibimos la estimulación adecuada, el organismo vibra, se pone en funcionamiento y aparecen el movimiento, la energía y la vida en mayúsculas.

Con ese tipo de energía o estimulación, se refería sin duda a dimensiones tan angulares para nuestra existencia como la amistad o el amor. Son esas entidades que nos inyectan adecuadas dosis de serotonina, dopamina, oxitocina o endorfinas. Los químicos de la felicidad, la vinculación y las relaciones son los que nos ponen en pie y a todo le dan sentido y trascendencia.

Encontrar en nuestro día a día esas figuras con quienes reaccionar químicamente y transformarnos, como sugirió Jung, es lo que da auténtico sentido a lo que somos. No nos rindamos, el mundo entero es un laboratorio donde experimentar las más increíbles chispas, conexiones y reacciones.

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  • Campbell, K., Nelson, J., Parker, M. L., & Johnston, S. (2018). Interpersonal chemistry in friendships and romantic relationships. Interpersona: An International Journal on Personal Relationships, 12(1), 34–50. https://doi.org/10.5964/ijpr.v12i1.289
  • Reis HT, Regan A, Lyubomirsky S. Interpersonal Chemistry: What Is It, How Does It Emerge, and How Does It Operate? Perspectives on Psychological Science. 2022;17(2):530-558. doi:10.1177/1745691621994241