La intimidad: la aguja que teje la complicidad

24 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el psicólogo Sergio De Dios González
La intimidad es la aguja que teje el hilo más fuerte que une a la mayoría de parejas. Ahora, ¿cómo se define en realidad? ¿Cuáles son sus límites? ¿En qué parcelas podemos dividirla para trabajarla mejor?

La intimidad es uno de los pilares de cualquier relación profunda en la que prime el afecto. A nivel personal, tenemos la sensación de que una persona tiene valor en nuestras vidas cuando tenemos la suficiente confianza como para mostrarnos vulnerables con ella. Contarle eso que nunca publicaríamos en una red social o responder a un “¿cómo estás?” de forma diferente a como lo haríamos con un vecino o conocido.

Por supuesto, si hablamos de una relación en la que es necesaria la intimidad es en la pareja. Dándole una vuelta a la idea inicial: necesitamos que las personas que están más cerca de nosotros, que comparten más minutos de nuestro día a día, formen parte de ese círculo de confianza.

¿Te imaginas el gasto de energía que puede suponer disimular el estado de ánimo con alguien con el que compartimos tanto tiempo? En nuestro trato social, en el apartado emocional, también somos en cierta forma instrumentales, necesitamos a alguien que “nos sirva”. Y si no nos sirve, no tardaremos en alejarnos o en tener la tentación de hacerlo.

De ahí que un signo de alarma en una relación de pareja sea la desaparición de la comunicación en intimidad. De ahí también que, en muchas ocasiones, después de una infidelidad, la pareja se rompa. En muchos casos, la desaparición de la intimidad favorece la infidelidad. Una traición que no solo se da o duele en el plano físico. Muchas personas sienten o sentirían esta puñalada si se dan cuenta de que su pareja comparte con otra persona, de manera sistemática, información importante, mientras que con ellas no lo hace.

Pareja con problemas

La aguja que teje

Así, con la traición de la confianza, no se rompe necesariamente el amor, pero sí la intimidad. Desaparece el juego, el intercambio que se realiza en ella y su resultado, la complicidad. Si la intimidad es la aguja, la complicidad es el hilo. La unión, el puente por el que pasa buena parte de los intercambios que tienen valor. El estado de cada miembro de la pareja (enamoramiento) ha fundado otro estado, el de la propia pareja. Con su bandera, idioma, recuerdos, anhelos, miedos y esperanzas.

Pensemos en el primer periodo de una relación. Ese tiempo en el que prima la idealización, la dependencia y la adrenalina emocional. Las barreras de la sospecha son derribadas por la ilusión y la intimidad se construye a partir de tiempo juntos y conversaciones perdidas. La aguja teje y teje sin parar.

Pensemos en la mayoría de las parejas que siguen juntas, que han sobrevivido al paso de los desafíos vitales, las discusiones o los enfados. No hace demasiado tiempo, las parejas no se casaban enamoradas; eran dos perfectos desconocidos unidos por las familias o las circunstancias. En muchos casos, la intimidad se construía después y en esa intimidad nacía el amor.

Así, el amor puede aparecer antes o después de la intimidad, pero necesita este terreno para crecer. Para secundar a la pasión, el deseo o incluso la entrega o el sacrificio. Para liderar las negociaciones en las que no dejemos de proteger el interés del otro sin deshacernos del nuestro. Porque en ellas, si el otro siente que pierde por sistema, se terminará marchando. Nadie soporta en su casa, hogar o refugio mucho tiempo a quien considera un enemigo o, mejor dicho, a quien no considera un amigo.

Si la intimidad es la aguja, la complicidad es el hilo. La unión, el puente por el que pasa buena parte de los intercambios que tienen valor.

Pareja juntando cabezas

Tipos de intimidad

Schaefer y Olson (1981) identificaron cinco tipos de intimidad:

  • Intimidad emocional. Se refiere a experimentar sentimientos de cercanía. Según Martin (1994), esta sería o estaría muy próxima a lo que conocemos como amor.
  • Intimidad social. Se refiere a la experiencia de tener amigos y actividades sociales comunes.
  • Intimidad intelectual. Se refiere a la experiencia de compartir ideas.
  • Intimidad sexual. Una de las más importantes en la relación. En especial en su inicio y desarrollo. En este caso hablamos de la vulnerabilidad y la confianza en el plano físico. Por otro lado, suele ser más rica cuanto más y mejor acepta cada uno su cuerpo.
  • Intimidad asociada al ocio. Se refiere a compartir experiencias en esa parcelita de tiempo de libre disposición.

La intimidad crece cuando trabajamos en sus cinco parcelas. Cuando sembramos y aramos en cada una de ellas. Por otro lado, no son lindes con cerca. Los límites son más difusos en la realidad que sobre el papel. Así, por ejemplo, la intimidad intelectual puede constituir el puente en muchos casos hacia la intimidad sexual. Aquí, entraría otra variable en juego, como es la admiración.

Una admiración que es como la sal. Necesaria para que la comida tenga sabor, dañina cuando está en abundancia… por el peligro de dependencia que entrañaría entonces. Sin embargo, un poquito, en su dosis justa, le da sabor a la pareja, le da gusto e incluso, emoción.

Finalmente, la intimidad es lo que vemos cuando desnudamos el vínculo, cuando lo liberamos de los compromisos, las rutinas o los juegos de poder. Por eso, precisamente es el refugio, el corazón y la unión de la pareja cuando sufre o tiene que pelear por su supervivencia frente a ciertos acontecimientos.