Ser positivo te hace más inteligente

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 octubre, 2018
Raquel Lemos Rodríguez · 2 febrero, 2015

Las emociones tienen la capacidad de influir en muchos de nuestros procesos mentales. ¿Aprendemos igual cuando estamos tristes que cuando estamos alegres? ¿Tomamos decisiones de igual forma en un estado positivo que negativo? La respuesta es NO.

Ser positivo te hace, curiosamente, más inteligente. Como dice la doctora Julius, una experta en el estudio de la ira, todas las emociones ejercen influencia sobre nuestro modo de pensar. Ejercen influencia sobre nuestra capacidad de memoria y sobre nuestra inteligencia. Es por eso por lo que las emociones negativas reducirán esa capacidad memorística mientras que las positivas la aumentarán. ¿Por qué?

Ahora te lo contamos…

Razón o corazón

¿Por qué me dejo guiar? ¿Por la razón o por el corazón? ¿Qué puede más, el cerebro o el corazón? Depende, hay decisiones que tomamos exclusivamente con el corazón y hay decisiones que tomamos solamente con la cabeza sin tener en cuenta el corazón.

Lo ideal es mantener el equilibrio entre ambas, poder unir razón y corazón de la manera más adecuada. ¿Por qué? Porque en muchas ocasiones los sentimientos y emociones ven cosas que la razón no puede ver. Por eso es tan importante entrenar la inteligencia académica como la emocional.

¿Esto significa que debamos guiarnos solo por nuestro instinto? No. Debemos encontrar el equilibrio. Que una parte de nosotros deje hablar al corazón, pero darle también paso a la razón y de ahí tomar la mejor decisión.

Emociones negativas o positivas

Las emociones negativas provocan que la capacidad de razonar disminuya. Esto sucede porque el cerebro está más atento y más centrado en el propio estado emocional de tristeza o enfado con la consecuente menos atención a la toma de decisiones o encontrar ideas creativas.

Pensar en positivo mejora la creatividad y la claridad de ideas cuando estamos más animados. No significa que tengamos que estar muy felices sino estar en un estado de equilibrio, de paz interior y optimismo. Como nuestro cerebro no está sometido a tensiones lo vemos todo mejor, más despejado.

Cuando estamos bien, tranquilos y a gusto, nos sentimos más confiados. Y cuando estamos más confiados solemos aprender mucho mejor. Nuestro cerebro no está sometido a tensiones ni estrés ni estados de miedo. Mantenerse optimista y en un estado de paz anterior nos ayuda a aprender y potenciar la mente.

1. Enfado

El enfado inhibe la capacidad de pensar en cualquier otra cosa. Solo puedes pensar en el enfado, en lo que lo ha ocasionado, en la rabia que te ha producido, en lo que te han hecho, etc. No puedes pensar en otra cosa que no sea el enfado lo que anula tu capacidad para tomar decisiones de cualquier tipo y dificulta cualquier predisposición a aprender.

Además el enfado, al igual que el miedo, consume mucha energía del cerebro. Y cuando el cerebro consume energía en el estado emocional negativo no presta atención a otras funciones cognitivas. Por lo tanto, si controlas tus emociones controlas tu mente.

2. Ira

La ira es la emoción más destructiva de la mente. No malgastemos energía en enfadarnos. Cuando nos enfadamos utilizamos hasta 37 músculos que se tensan y se contraen. En cambio, cuando sonreímos solo utilizamos siete. Con esto, al utilizar más músculos estamos gastando más energía por lo tanto la lógica nos dice que no malgastemos la energía. Así que ¡Sonríe!

“No tomes decisiones si estás triste, no prometas si estás feliz”

Cuando nos dejamos llevar por las emociones en exceso no pensamos con claridad. Pensamos solo a través de las emociones. Si estamos tristes no podremos tomar una decisión adecuada, pues la decisión que tomemos irá en consonancia con esa tristeza que sentimos. Si por el contrario estamos muy felices podemos pensar en hacer muchas cosas, en lograr determinados objetivos, en cumplir ciertas promesas que luego, posiblemente, no podamos cumplir. Cuando bajamos de ese estado extremo de felicidad a uno más normal, nos encontramos con la realidad de no poder cumplir aquello que habíamos prometido.

Por lo tanto, dejarnos llevar excesivamente por nuestros estados emocionales no es positivo para nuestra mente. Debemos encontrar un término medio en el que podamos sentir esas emociones pero sin dejarnos llevar por ellas en extremo. Si no podemos hacerlo, porque como ya sabemos las emociones son muy fuertes, debemos adoptar la postura más correcta que como dice el dicho si estamos tristes evitemos tomar decisiones, si estamos felices apartémonos de las promesas.

No podemos evitar sentirnos mal, encontrarnos desanimados y apesadumbrados. Pero sí podemos controlar su duración. Tenemos que hacer que nuestra fuerza interior aflore para superar estos altibajos. Me siento desanimado, sí, pero voy a dejar de estarlo tan pronto como pueda. Esto es muy importante. Concienciarnos de que no va a durar mucho ese estado. Pues, como hemos visto, modifica nuestro mundo.

¿Y si tenemos que estudiar o trabajar? ¿Debemos dejarnos llevar por el enfado, estar desconcentrados y no rendir lo suficiente? No. Claro que debemos aceptar el hecho de estar enfadados, lo que no podemos permitir es que eso nos impida realizar cosas, tomar decisiones y, sobre todo, que no nos impida ser más inteligentes.