Bohemian Rhapsody, la música da sentido a nuestras vidas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 8 diciembre, 2018
Leah Padalino · 8 diciembre, 2018
Bohemian Rhapsody nos brinda la oportunidad de volver a disfrutar con la música, de revivir a uno de los grupos más emblemáticos e innovadores del siglo XX. Más que un biopic, nos recuerda que la música debe emocionarnos, hacernos vibrar y, en definitiva, sentir.

Mucho se está hablando sobre Bohemian Rhapsody, muy diversas son las opiniones y muchas apuntan a cuestiones de la vida de Freddie que han quedado en el aire, que no se han tratado o que se han dulcificado. Lo cierto es que el mundo de la música y, especialmente, el rock imperante de mediados del siglo XX se ha visto profundamente vinculado a los excesos, las drogas y la destrucción. Hemos alimentado la figura del rockstar rodeado de excesos; hemos catapultado a estas estrellas al nivel de genios incomprendidos, oscuros, que mataban el tiempo con orgías, alcohol y cualquier tipo de droga.

Parece imposible romper la asociación entre estrella del rock y excesos, aunque siempre hay excepciones, algunos como Bruce Springsteen se han mantenido al margen. Pero, sin duda, parece que pensar en rock es pensar en sexo desenfrenado, en fiestas alocadas y extravagantes. Quizás, eso es lo que esperaban algunos al ver Bohemian Rhapsody. Igualmente, cabría esperar una visión más profunda de la enfermedad de Mercury: el VIH; cómo esta enfermedad le hizo perder un pie y le condujo a un sufrimiento que no se ve en la película.

Ante este punto, cabría preguntarse si hay que tomar la cinta como un biopic de Freddie o de Queen; y la única respuesta posible es que se trata de un biopic del grupo británico. Sí, es cierto que en la mayor parte de las escenas exploramos a Freddie, pero también es cierto que se trata de la figura más reconocible del grupo. Su espectacular voz, su conexión con el público, sus extravagancias y su prematura muerte lo convirtieron en una figura que, enseguida, asociamos con talento y genialidad. Por ello, no es de extrañar que sea el alma del filme.

Bohemian Rhapsody: más allá de Freddie

Si lo que queremos es ver una película totalmente fiel y detallada de la vida de Freddie Mercury, entonces, es mejor no ver Bohemian Rhapsody. Como toda adaptación, parte de una historia y construye algo totalmente distinto. No hay que olvidar que el cine, por fiel que pueda ser a la realidad, no deja de ser una narración, una creación artística que, a su vez, se ve profundamente limitada por el tiempo. Por este motivo, la cronología se deja un poco a la imaginación y se toman ciertas licencias creativas. Todo ello puede convertirse en un gran acierto o caer en la catástrofe.

Dejando a un lado las cuestiones cinematográficas, nos encontramos ante una película que nace en un momento totalmente necesario. La música, como todas las artes, se encuentra en constante cambio desde su nacimiento. Muchos artistas se revalorizan con los años, mientras otros caen en el olvido. Y, al final, lo que pervive son los clásicos; aquellas obras que, por la razón que sea, marcaron un antes y un después.

“La música expresa lo que no puede ser dicho y aquello sobre lo que es imposible permanecer en silencio”.

-Víctor Hugo-

En los últimos años, la música se ha convertido, más que nunca, en objeto de consumo; donde cantidad importa más que calidad, donde lo viejo es aquello que se escuchaba hace un año. ¿Conocen los jóvenes a Freddie? Tratándose de una figura tan popular, cabría pensar que la gran mayoría sí; sin embargo, la realidad es bastante distinta. Y si preguntamos por alguno de sus coetáneos, me atrevo a aventurar que la respuesta será, en su mayoría, negativa.

Bohemian Rhapsody es una oda a la música, a aquella música en la que el autotune no era el protagonista y la creatividad del artista era fundamental (siempre y cuando la productora lo consintiera). La imagen diabólica de las discográficas también está presente en la cinta, la sociedad de consumo estaba avanzando enormemente y a nadie le interesaba la ópera y mucho menos una canción cuya duración excediera los 3 minutos. Contra todo pronóstico, Queen logró cautivar a un público de lo más heterogeneo, demostrando que calidad no tiene por qué ser antónimo de venta.

La música como hilo conductor

La música es esa disciplina que, si entiendes, si sabes qué está ocurriendo, disfrutas a un nivel difícil de explicar. Sin embargo, hasta la persona que menos entienda de música logra disfrutar. La música tiene la capacidad de transmitir emociones, sensaciones y evocar recuerdos.

Dependiendo de nuestro estado emocional o del momento del día, estaremos más predispuestos a escuchar un determinado estilo. Cuando asistimos a un concierto, las sensaciones se multiplican y, ante un grupo como Queen, debía ser toda una experiencia. En los últimos años, se está produciendo una estandarización, no se premia la innovación, sino la venta. Esto, en realidad, no es nada nuevo, pero se ha incrementado.

La música no entiende de fronteras… Algo que vemos con total claridad en una escena en la que Mercury le muestra a Mary un vídeo de un concierto en Río. Mercury expresa la incertidumbre de tocar ante un público que no entiende su letra y, sin embargo, se sorprende al descubrir que la multitud canta Love of my life. Y es que el lenguaje de la música va más allá de las palabras, a veces, no es necesario entender qué dice una canción para que logre transmitir.

En un tiempo en el que parece que todo lo antiguo ha quedado relegado a un baúl polvoriento, Bohemian Rhapsody rescata ese torrente de emociones que desencadena la música. Nos invita a cantar, a bailar, a celebrar la vida, sin pensar demasiado, olvidando los problemas. Por ello, lo trágico no tiene cabida, la música crea unidad, nos emociona… Y eso es lo que sentimos al ver la película, donde sobresalen Malek y el Live Aid.

Bhemian Rhapsody live aids

El amor

Bohemian Rhapsody es amor a la música, al arte; pero también amor a las diferencias, a la familia y los amigos. La unidad del grupo, las discusiones, las diferencias y la familia están muy presentes a lo largo del filme. Tampoco se deja a un lado la singular relación entre Freddie y Mary Austin (ni con los gatos), la principal heredera de la fortuna del músico y una de las personas más importantes de su vida.

Procedente de una familia de tradiciones muy arraigadas, que contrastaban con el estilo de vida británico del momento, Mercury adoptó una nueva identidad, desvinculándose de lo anterior. Sin embargo, asistimos a un momento realmente emotivo casi al final de la cinta: la reconciliación con su padre y la aceptación de las diferencias. La homosexualidad del cantante es tratada con naturalidad, aunque observamos a una prensa depredadora que ansía más saber con quién comparte su cama Freddie que cuestiones musicales.

Sin demasiadas palabras, se muestra el mundo homosexual como turbio, oculto en bares, en lo más oscuro de las ciudades… Y esto es algo que, por desgracia, tampoco ha cambiado demasiado. Al tratarse de algo no normativo, de algo que ha sido muy perseguido y duramente criticado, ha quedado, en cierto modo, excluido, relegado a determinados lugares donde, además de permanecer en la sombra, se tiende a caer en la promiscuidad o en prácticas menos saludables. La rueda de prensa del filme resulta realmente reveladora, vemos a un Mercury angustiado y decidido a no revelar su orientación sexual.

La cinta brinda, además, la oportunidad de disfrutar de algunos de los conciertos más emblemáticos como el Live Aid a quienes no pudimos verlo en su época. A su vez, supone un descubrimiento para las nuevas generaciones, algo que se ha visto reflejado en la cantidad de reproducciones que ha obtenido la banda británica desde el estreno de la cinta. Con muchas papeletas de llevarse alguna nominación a los Óscar 2019, especialmente, gracias a la interpretación de Rami Malek como un excepcional Freddie, Bohemian Rhapsody no es una película para pensar demasiado, es una película para celebrar la vida y, en definitiva, la música y todo lo que evoca.

“Sin música, la vida sería un error”.

-F. Nietzsche-