Cisne negro: bailando con la psicosis - La Mente es Maravillosa

Cisne negro: bailando con la psicosis

Leah Padalino 14 abril, 2018 en Cine, series y psicología 0 compartidos
Bailarina interpretando un cisne negro

Cisne Negro fue una de las películas más aclamadas del año 2010, la película con la que Natalie Portman consiguió el Óscar a la mejor actriz y que ocasionó fuertes polémicas con su doble. La doble de Portman argumentaba que el Óscar no era merecido porque era ella la que bailaba la mayor parte del tiempo; el director, Darren Aronofsky, aplaudió la labor de Portman y dijo que únicamente fue reemplazada en las escenas más difíciles.

Dejando a un lado esta polémica, merecido o no el Óscar, Cisne Negro nos regala un ballet en la gran pantalla, un thriller psicológico de la mano del Lago de los Cisnes. Natalie Portman deslumbra en todos los aspectos, pues su papel es mucho más que una bailarina, es un personaje complejo con trastornos mentales que irán siendo más visibles a medida que se acerca la fecha de estreno del ballet.

Portman logra un personaje realmente convincente, que nos cautiva desde los primeros instantes; no olvidemos que la actriz se graduó en Psicología en la Universidad de Hardvard y, probablemente, estos conocimientos le sirvieron para preparar el papel.

La trama gira en torno a Nina, una joven bailarina que vive con su madre y trabaja para una compañía de ballet. La compañía quiere abrir la temporada con una versión renovada del Lago de los Cisnes, Nina desea conseguir el papel, es una bailarina muy disciplinada, metódica y exigente, pero el personaje requiere un lado más alocado y salvaje. La película irá de la mano con el ballet y, de forma magistral, nos sumergirá en la personalidad y los trastornos de la protagonista.

Música, fotografía y baile destacan desde el comienzo, llaman la atención del espectador y nos envuelven en una atmósfera única, cargada de una tensión que irá in crescendo hasta su brillante final.
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Descubriendo a Nina

La personalidad de Nina se nos va descubriendo a medida que avanza la película. Su madre también había sido bailarina, pero no logró el éxito de su hija y lo dejó todo para cuidarla. De su padre no sabemos nada, su madre la ha criado sola y es extremadamente protectora con ella.

Bailarina entrando

Nina tampoco tiene amigos, simplemente se relaciona con sus compañeros del ballet, en su vida lo único que importa es el baile. Al adentrarnos en su habitación, nos encontramos con un espacio muy infantil, en tonos pálidos y decorado con infinidad de peluches, parece la habitación de una niña, de alguien que todavía no ha crecido. Esta habitación es un reflejo del mundo de Nina, una joven muy dependiente, controlada por su madre que todavía no ha alcanzado la madurez.

Su madre es quien le ha inculcado la pasión por el ballet y, posiblemente, también haya proyectado todas sus frustraciones en ella. De este modo, Nina también le hace ver a su madre que ella nunca llegó a nada, que jamás llegó tan lejos, algo que se convierte en motivo de conflicto entre ambas.

Nina nunca ha desobedecido a su madre, siempre ha vivido extremadamente controlada, nunca ha tenido la capacidad de decidir por sí misma. Es por ello, que Nina ha desarrollado una compleja personalidad; paga sus frustraciones y su impotencia consigo misma: se autolesiona y se provoca el vómito. Su madre conoce bien estos problemas, le controla los arañazos de la espalda, le corta las uñas para que no se haga daño y vigila si pasa demasiado tiempo en el baño.

Nina no ha sido una chica feliz, no ha tenido un desarrollo sano; su madre la ha sobreprotegido, pero también ha proyectado sus frustraciones en ella.  Todo ello ha hecho que Nina sea una persona emocionalmente inestable; esta inestabilidad alcanzará su pico más alto cuando la compañía le ofrezca un papel que hará que su propia personalidad se tambalee, se desdoble. Nina está obsesionada con la perfección y hará todo lo posible por lograrla, aunque le cueste la salud.

Cisne Negro, un baile peligroso

El Lago de los Cisnes cuenta la historia de Odette, una princesa que fue convertida en un cisne blanco por un hechizo, para poder romperlo, necesita el amor de un príncipe; amor que finalmente no logra porque se interpone su rival: el cisne negro. La compañía de Nina decide reinventar un poco la historia y que el rol de ambos cisnes recaiga sobre una misma persona.

Nina parece encajar a la perfección en el papel del cisne blanco, pero no en el negro, pues le falta espontaneidad, es demasiado disciplinada. Igual que en la obra de Tchaikovsky, a Nina le surge una rival, Lily, otra de las bailarinas de la compañía, una joven indisciplinada y despreocupada que encaja perfectamente en el rol del cisne negro. A partir de este momento, la personalidad de Nina se irá desestabilizando, comenzará a obsesionarse con su rival y a sacar a la luz su cara más inestable y oscura.

Bailarina mirándose en espejos

A medida que nos adentramos en el ballet y conocemos a los principales personajes, la personalidad de Nina se irá disociando, ni siquiera ella será capaz de reconocerse, ni de diferenciar lo real de lo soñado.

Los espejos jugarán un papel importante en la película, presentándonos las distorsiones que aprecia Nina, las confusiones y los momentos más críticos de la película; pensemos que los espejos han sido vistos como una potente carga simbólica, según Lacan, nos reconocemos en el espejo, en el otro. Ambos cisnes viven en Nina y serán incapaces de lograr un equilibrio, una armonía.

Nina carece de figura paterna, su madre es absolutamente controladora, está claro que su desarrollo no ha sido exitoso y hay muchas brechas en su frágil personalidad. La llegada de la rivalidad y de la búsqueda por ese lado oscuro que requiere el papel harán que Nina comience a mostrar los primeros síntomas de psicosis. Nina entablará una lucha interna con los dos cisnes que viven en su interior, mientras, la relación con su madre y con su entorno será, cada vez, más difícil.

La otra cara del ballet

Además de las exigencias del papel y de la rivalidad con Lily, Nina deberá enfrentarse a una cara menos amable del ballet y del mundo. Nunca había tenido un papel tan importante como este y, como consecuencia, no era consciente de la oscuridad que la rodeaba. En su salida nocturna con Lily, vemos que Nina tiene un total desconocimiento del mundo nocturno y de las drogas. Al no haberse expuesto nunca a estas situaciones y haber estado siempre bajo la protección de su madre, Nina es incapaz de controlarse, de decidir por sí misma y de saber qué es lo mejor para ella.

Por otro lado, dentro de la propia compañía, vemos que las relaciones tampoco son del todo sanas. Las bailarinas son reemplazadas cuando llegan a una determinada edad, la rivalidad está presente en cada una de ellas y son capaces de cualquier cosa con tal de conseguir un papel. Además, los hombres más poderosos, como el director de la compañía, pueden abusar y presionar a las bailarinas. Algo que nos recuerda al movimiento Me Too que se está llevando a cabo en el mundo del cine actualmente.

Bailarina de ballet haciendo de cisne negro

El personaje de Nina presenta también una gran similitud con Norman Bates, protagonista de Psicosis, especialmente, en su relación con la madre. La sobreprotección y la oscuridad del mundo del espectáculo llevan a Nina al desequilibrio, a la inestabilidad y a la autodestrucción.

Cisne Negro es un reflejo de la psicosis en clave de thriller y embellecido por el ballet; una peligrosa búsqueda de la perfección, esa perfección que admiramos los espectadores, que observan asombrados los asistentes al estreno de la obra, pero de la que desconocen su sendero. El resultado es perfecto, pero el camino estaba lleno de espinas.

“La única persona en tu camino eres tú. Es hora de dejarla ir, piérdete”.

-Cisne Negro-

Leah Padalino

Italoespañola y ciudadana del mundo. Futura filóloga y estudiante de filosofía, cinéfila y amante de los animales. "Cuanto más difícil es hacer algo, mayor es la recompensa que te espera al final"

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