Cuerpo, mente y meditación: ¿cómo interactúan?

¿Quieres saber qué ocurre en un cerebro que medita en comparación con uno que no lo hace y que relación tiene con el cuerpo? Hoy hablamos de todo esto
Cuerpo, mente y meditación: ¿cómo interactúan?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Sonia Budner

Última actualización: 11 junio, 2020

La literatura sobre la meditación y sus beneficios es extensa. Aprender a meditar ha pasado de ser una novedad traída de oriente a convertirse en un hábito común para muchos occidentales. Y es que existe una estrecha relación entre cuerpo, mente y meditación.

Las innumerables ventajas que esta práctica ofrece a quién se entrena a diario son muchas, pero hoy queremos hablaros de cómo y por qué funciona. Es decir, cuáles son los cambios que se producen en el cerebro y en el cuerpo a través de una práctica constante.

Para entender la relación entre cuerpo, mente y meditación, es decir, cómo la meditación moldea el cerebro y cómo este modelaje influye en nuestras emociones y en nuestro cuerpo, hay algunas cuestiones técnicas que se deben conocer. Vamos a verlas.

Persona meditando en un retiro de silencio

Bienvenidos al fascinante mundo del cerebro

Vamos a abrir la puerta de nuestro cerebro para explicar qué áreas participan en la meditación y cómo funcionan.

  • La corteza prefrontal lateral es la estructura cerebral que nos permite tener una perspectiva más racional. La corteza prefrontal lateral participa en la modulación de las experiencias emocionales y frena la tendencia a tomarse las cosas de manera personal. Es conocida como Centro de Evaluación.
  • La corteza prefrontal medial es la parte de tu cerebro que te habla constantemente de ti, de tus experiencias, de tus ideas, de tus vivencias. Procesa toda la información relacionada contigo y tu relación con los demás. La conocemos como el Centro del “mí” o Centro de Autorreferencia. Está compuesta por dos secciones: una que participa en el aumento de la rumia y de la preocupación. Y otra que resulta muy importante para la empatía.
  • La ínsula es la parte del cerebro que controla las sensaciones corporales, el experimentar emociones a nivel intestinal. La ínsula forma parte del sistema vinculado a modular el nivel de respuesta a lo que tu cuerpo está sintiendo.
  • La amígdala es nuestro sistema de alarma orgánico. Conocida también como el Centro del miedo, está vinculada a la respuesta de lucha o huida en situaciones que se perciben como peligrosas.

Cómo funciona un cerebro que no medita

Un cerebro que no medita suele tener fuertes conexiones neuronales entre el Centro del “mí” y los centros corporales de sensación de miedo. Un cerebro que no medita puede sentirse a menudo “atascado en mí” porque tiene una dependencia grande de este centro. En este caso es el Centro del “mi” el que está procesando la mayor parte de la información recibida.

Esta dependencia del Centro del “mí” explica por qué nos quedamos enganchados en bucles de pensamientos negativos. Y esto ocurre porque la conexión entre el Centro del “mi” y el Centro de evaluación es débil.

Cuando aumentamos la capacidad de trabajo del Centro de evaluación, disminuye la actividad excesiva en la parte del Centro del “mi” que toma las cosas de manera personal. También mejora la actividad de la parte involucrada en la comprensión de los sentimientos de los demás. Esta es la forma de asimilar toda la información recibida, descartando los datos erróneos, reduciendo el pensamiento excesivo y la preocupación.

El cerebro en meditación

En un cerebro que medita regularmente ocurren varias cosas. La conexión entre el Centro de “mí” y los centros corporales del miedo empiezan a romperse. Esto disminuye la fuerza de respuesta al miedo y explica en parte por qué la ansiedad disminuye cuando se medita con regularidad.

Por el contrario, se crea una conexión neuronal más fuerte entre el Centro de Evaluación y los centros de sensación corporal de miedo. Esto significa que cuando una sensación corporal de miedo a algo potencialmente peligroso llega al cerebro, este puede evaluarla de manera más racional en vez de reaccionar de forma automática al miedo. Además, reduce la probabilidad de quedarnos atrapados en una continua producción de hipótesis sobre lo que “podría ser o significar” lo que me está ocurriendo.

Mujer con luz en la mente para representar el concepto de insight

Empatía, la ventaja adicional

En un cerebro que medita de forma regular, se da un aumento significativo de las conexiones entre el Centro del “mí” y el Centro y el centro de sensaciones corporales relacionado con la empatía, y activamos la parte del cerebro involucrada en la experiencia real de la empatía: la ínsula. De esta forma, nos volvemos más capaces de inferir los estados mentales de otras personas, sus deseos, sueños y motivaciones.

Cuerpo, mente y meditación

La disminución de emociones negativas parece influir directamente en el sistema inmunológico. Además, la práctica regular de meditación consigue disminuir la velocidad del corazón y dilata los vasos sanguíneos.

Existen estudios que vinculan la meditación trascendental a la reducción de la presión arterial. El sistema endocrino también sale beneficiado. Cuando meditas, segregas endorfinas, las llamadas hormonas de la felicidad. Así, consigues mantener los niveles de la hormona del estrés en un nivel adecuado.

Para los que empiezan su aventura en el mundo de la meditación, nuestro consejo es que lo hagan de mano de profesionales y que sean constantes. Hablamos de aprovechar nuestra neuroplasticidad a través del hábito y la práctica diaria.


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