El “lobo” de mis vacíos: ¿Cómo afrontar todas las pérdidas?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 abril, 2015
Valeria Sabater · 26 abril, 2015

 

Las personas, en ocasiones, tenemos un raro sentido de supervivencia cotidiano. Solemos reunirnos con amigos, compañeros de trabajo, familiares… Hablamos de nuestras cosas como quien se desliza sobre el agua sin hundirse: “Sí, lo pasé mal, pero nada, aquello ya está más que superado.”, “Sí, al final no pude conseguirlo, pero mira, menos en nada y voy tirando con lo que hay”.

Por fuera, somos como pequeños guerreros de andar por casa que disimulan sus pesares con normalidad, dotando a las cosas de cierta resignación, con un “qué se le va a hacer”, “es lo que hay”.

Compartimos frases de apoyo y nos comprendemos mutuamente con un tácito silencio, pero asumiendo que en el fondo, en lo más hondo de nuestro ser, sigue habitando ese enemigo invisible, ese vacío, ese dolor, esa pérdida.

Ahora bien ¿A qué nos referimos cuando hablamos de pérdidas? No estamos dirigiéndonos únicamente a la pérdida física de un ser querido, en realidad, existen muchos tipos de pérdidas que perfilan muy bien distintos tipos de vacíos, como es por ejemplo la frustración, el desencanto, el miedo en todas sus formas, los fracasos, e incluso ese pozo sin fondo al que llamamos, casi bucólicamente, “vacío existencial”.

¿Cuál es el modo más efectivo de afrontar todos esos niveles de pérdida personal? ¿Esos lobos interiores que nos devoran poco a poco y de modo implacable? Hablemos hoy sobre ello.

 

Para sobrevivir, hay que aceptar las pérdidas y entender los vacíos

 

Como no suele explicar a menudo el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, muchos de nosotros vivimos en una especie de “sociedad líquida” donde se valora el placer inmediato y la ganancia momentánea. Nada parece durar demasiado tiempo, incluidas las relaciones personales.

Es como si nuestra sociedad, buscara solo el lado bueno de las cosas, pero en el momento en que algo se complica o requiere un nivel más profundo de implicación, el “tejido humano”, se debilita o se desprende. Pensemos por ejemplo en ese amigo o ese familiar al que le han diagnosticado una depresión. Le apoyamos dándole una palmada en la espalda, diciéndole que “eso pasa” y que por supuesto, recuerde tomarse su medicación.

El dolor nos extraña, no lo entendemos y, en consecuencia, huimos de él. ¿Qué tal si nos ponemos frente a frente con ese amigo o familiar, y le pedimos que nos diga qué dolor tiene su alma? ¿O qué nos hable de sus vacíos? ¿O qué tal si le invitamos a qué se desahogue mediante las palabras y las lágrimas?

Para sobrevivir en este mundo complejo, hay que mirar frente a frente a nuestros enemigos, hay que saber entenderlos, comprenderlos y aceptarlos. Es así como verdaderamente crecemos las personas, porque la tristeza o el dolor, no es un desecho que esconder en un rincón de nuestra alma, ni en la oscuridad de una habitación.

Todo vacío existencial tiene una forma, y hay que saber comprenderla para dejar escapar a ese lobo interno, y transitar con más seguridad sabiendo qué necesitamos.

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Pasos para afrontar mis vacíos personales

 

En primer lugar, vale la pena tener en cuenta una cosa que casi todos nosotros solemos hacer a menudo: Pensar que la vida va a ser como nosotros queremos, o “casi” como la hemos previsto a través de nuestros propósitos. Y no, esto no es malo, desde luego, pero hay que ser prudentes y asumir que cabe la posibilidad, la pequeña y probable posibilidad, de que no consigamos absolutamente todo lo que ansiamos.

¿Y quiere decir esto que estamos condenados irremediablemente a ser infelices? En absoluto, la verdadera felicidad no está en conseguir todo lo que soñamos, sino en aprender también a ser felices con todo lo que hemos logrado, y también… Con lo que hemos perdido.

¿Sorprendido/a? Seguramente no, pero aún así, es conveniente que comprendamos estas dimensiones, estos pasos para afrontar cada uno de nuestros vacíos personales.

1. Cuando descubras que la vida te ha traído cosas que no esperabas, o bien, que no te ha traído aquello que “sí esperabas”, no te rindas ni te vengas a bajo. Asume en primer lugar tu presente en todas sus dimensiones, con sufrimiento y dolor incluido. Llora si lo necesitas, enfádate si así lo quieres.

2. Segundo paso: nunca fuerces las cosas para que sean tan y como tú quieres, porque de este modo, lo que harás, es cronificar aún más el problema. Si tu pareja te ha dicho que no te ama, asúmelo, no te obsesiones. Si no has logrado ese puesto de trabajo, no estés lamentándote por dicho fracaso, tal vez sea hora de tomar otras medidas.

3. Acepta lo sucedido, comprende lo que ha ocurrido y, aunque te suene incomprensible, intenta agradecer el aprendizaje que has obtenido. Tal vez el dolor de ahora te sirva para no cometer el mismo error en el futuro, puede que ese vacío existencial te empuje ahora a buscar nuevas áreas en tu vida que te van a satisfacer realmente. ¿Por qué no intentarlo?

4. Avanza, perdona, pasa página, deja escapar esos pesos e integra en tu vida todo lo que has aprendido. Porque no hay modo más enriquecedor de llenar esos vacíos que mediante el conocimiento.

 

Cortesía imagen: Colin Blogue