A la sombra de las oportunidades perdidas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 22 mayo, 2018
Edith Sánchez · 11 febrero, 2014

Todos acumulamos en nuestra experiencia oportunidades perdidas. La vida te pone varias veces ante situaciones que muchos describen así: “lo tuviste en la palma de la mano y lo dejaste ir.”

Después de esa afirmación lo que viene es un torrente de culpa y una especie de nostalgia por lo que pudo ser y no fue. Surge una cadena de elucubraciones que apuntan a imaginar cómo hubiera sido todo, de no haber fallado.

“Llorar sobre la leche derramada”, le llaman, como para hurgar más en el remordimiento. Aunque nadie te lo diga, sientes como si todos los dedos índices del mundo apuntaran hacia ti. Y repites una y otra vez lo mucho que te gustaría poder volver al pasado para hacer todo de manera diferente.

¿Era una oportunidad realmente?

Mujer pensando en sus oportunidades
Este tipo de episodios, en verdad, son algunos de los más inútiles de la vida. Hay una realidad contundente: se trata de hechos cumplidos. No hay manera de volver atrás, ni tampoco de borrar ese momento de tu vida.

Quizás para defenderte de tus propias acusaciones, puedes caer en la tentación de echarle la culpa al destino, a la suerte, a otros. Pero tampoco eso altera los hechos.

Está bien: fueron oportunidades perdidas que no aprovechaste. Al menos, no las aprovechaste cómo hubieras debido. Esto amerita una reflexión que solo es productiva si logras apartarte de la culpa y pensar en perspectiva.

Oportunidades perdidas y oportunidades reales

Se consideran oportunidades, por ejemplo, un empleo estable, ganar dinero, darle buen manejo a una relación de pareja, o escalar social o económicamente. Lo común, en todos los casos, es que la vida te otorgó una circunstancia favorable para obtener eso que deseabas. Pero en lugar de ir por ello, desaprovechaste lo que estaba a tu favor.

Lo primero que debes considerar es si en realidad se trataba de una oportunidad con todas sus letras. Etimológicamente, la palabra oportunidad equivale a la expresión latina “estar delante de un puerto”.  Es como la tierra firme que te aparta del peligro que supone el mar. Un momento o un lugar en donde puedes pasar de la incertidumbre a la seguridad.

Por eso, debes plantearte toda una serie de preguntas: ¿Realmente ese aumento de ingresos te daba una mejor calidad de vida, o más bien era una ocasión para darle rienda suelta a tus afanes consumistas? ¿En verdad ese ascenso en un cargo te iba a dar mayor tranquilidad, o te traería nuevos afanes para los que tal vez no estés preparado todavía?

Esa persona con la que finalmente no pudiste concretar o continuar una relación ¿sí era la mejor alternativa para ti, o quizás había algo de tu ego involucrado en su conquista? A veces lo que crees que son oportunidades perdidas no lo son en realidad.

Hombre con cabeza dehumo dejando pasar oportundiadesLa oportunidad y el miedo

Debes analizar todas las variables involucradas en eso que llamas “una oportunidad perdida”. Si al final, de todos modos, piensas que genuinamente querías y debías obtener eso que perdiste, entonces puedes pasar a un segundo paso. Intenta pensar con objetividad qué te impidió aprovechar esa oportunidad.

Los expertos indican que en un altísimo porcentaje de casos, el mayor enemigo de los logros es el miedo. En cualquiera de sus formas: duda, vergüenza, falta de contundencia o arrojo, parálisis en la acción, excesiva meticulosidad.

El miedo es un monstruo de mil cabezas y adopta miles de rostros. Todos ellos te miran a los ojos y buscan minar tu autoconfianza. En ese estado hay una alta probabilidad de que tomes decisiones equivocadas.

Así que finalmente tu tarea no es luchar contra tu culpa por haber perdido una oportunidad. Esa ocasión perdida es un momento revelador. Es un instante en el que hay luz sobre la actitud con la que estás asumiendo la vida.

Te puede dejar ver cómo vas tras algo que en realidad no corresponde a lo que verdaderamente puede llevarte a crecer. O te muestra cómo el miedo incide en tu vida, al punto de que no te deja alcanzar lo que puedes y mereces lograr.