La culpa y la preocupación, ¿cómo eliminarlas?

Este artículo fue redactado y avalado por Gema Sánchez Cuevas
· 19 febrero, 2013
La culpa y la preocupación son dos emociones invalidantes. La mira hacia adelante, viendo amenazas. La culpa, por su parte, nos sitúa en los errores del pasado.

Nuestra vida se encuentra llena de momentos de culpa y preocupación, dos emociones que la mayoría de las veces tan solo nos sirven de distracción del momento presente. Sentimos culpa por lo que hicimos y preocupación por lo que podríamos hacer, olvidándonos así, nuestro potencial y capacidad de crecimiento.

A menudo, los expertos en psicología de las emociones nos recuerdan un sencillo aspecto. La preocupación mira hacia adelante, viendo amenazas y desastres a cada paso. La culpa, por su parte, es esa experta que adora poner su mirada en el retrovisor. En eso que perdimos, en lo que no logramos, en nuestras desilusiones.

Detrás de cada emoción perturbadora hay por tanto una serie de pensamientos perturbadores que debemos aprender a enfocar, a corregir. Son distorsiones cognitivas que todos podemos derribar teniendo en cuenta una serie de aspectos.

Si puedes resolver tu problema, ¿entonces por qué preocuparte? Si no 
puedes resolverlo, ¿de qué sirve preocuparte?” 

 Shantideva, siglo VIII d. C –

Dos zonas erróneas: la culpa y la preocupación

La culpa y la preocupación forman parte de nuestras zonas erróneas, y aunque sean dos emociones diferentes, en realidad podemos situarlas en los extremos de un mismo continuo.

mujer que sufre la culpa y la preocupación

Así, cuando nos culpabilizamos por algo estaríamos desaprovechando el presente por estar inmovilizados por lo que ocurrió en el pasado, y cuando nos preocupamos, nos inmovilizamos por algo que se encuentra en el futuro, y sobre lo que no solemos tener el  control. Ambas coinciden por lo tanto, en inmovilizarnos en el presente.

El remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana, es lo que nos suele volver locos en nuestro día a día. El mundo está lleno de personas que se encuentran mal por algo que no deberían haber hecho o asustados por cosas que pueden llegar a pasar. Y quizás, nosotros tampoco seamos la excepción.

Por otro lado, estudios como el llevado a cabo por Mark H. Freeston y Josée Rhéaume, de la Universidad de París, nos señalan algo interesante que descubrieron a través de un estudio. A menudo, las personas pensamos que al preocuparnos podemos mejorar nuestra situación. 

Sin embargo, la culpa y la preocupación, si son constantes e intensas lo que consiguen, es empeorar nuestra realidad. Aún más, derivamos en un gran agotamiento psicológico.

El proceso de culpabilidad

La sociedad, a menudo, nos envía mensajes de culpabilidad y preocupación. Esto es así porque hemos sido educados en la obligación de ajustarnos a más de un ideal. A lo que esperan de nosotros. A aquello que nuestro entorno cree que es esperable (encontrar trabajo estable, tener hijos, un hogar…)

Cuando no nos ajustamos a esos moldes, llega la frustración. Más tarde la culpa y la preocupación. Así nos convertimos en máquinas o cajas de culpabilidad.

La culpa es una de las emociones más inútiles.

La culpa, puede llegar a ser una de las emociones más inútiles, pensemos en ello. Gastamos gran parte de nuestra energía en sentirnos culpables por algo que no hemos logrado. Por lo que sucedió en el pasado, por lo que no pudo ser. Nos inmovilizamos por algo que ya pasó. Y con ello, no podemos cambiar nada de lo que sucedió.

hombre pensativo debido a la culpa y la preocupación

Aprender lecciones del pasado

Tenemos que saber diferenciar entre la culpa y el aprendizaje del pasado. La culpa como ya dijimos anteriormente es la inmovilización del presente, que puede ir desde un pequeño malestar hasta la depresión más severa. Nos impide actuar ahora porque antes nos comportamos de cierta manera.

En este estado, malgastamos nuestra energía por algo que ya sucedió, siendo inútil y perjudicial para nosotros mismos.

Ahora bien, aprender del pasado, a diferencia del sentimiento de culpa, implica evitar la repetición de algún comportamiento, con la intención de aprender de nuestras equivocaciones sin inmovilizarnos.  Aprender de nuestros errores es algo sano y necesario para nuestro crecimiento y desarrollo personal. Nos permite avanzar.

Algunas estrategias para eliminar la culpa

Como hemos visto, la culpa es una emoción inútil que tan solo sirve para inmovilizarnos y perder nuestro presente, por ello intentar mirar el pasado como algo inmodificable, puede servirnos de gran ayuda.

Cualquier sentimiento de culpa que elijamos no contribuirá a solucionar el problema, porque no podemos cambiar el pasado. Graba este mensaje en tu conciencia, añádelo a tu repertorio habitual de pensamientos.

  • Pregúntate qué evitas en el presente por culpa del pasado. Así, poco a poco irás eliminando la necesidad de culpa.
  • Empieza a aceptar de ti mismo cosas que has escogido, pero que puedan molestar a la gente. Es necesario que tú te apruebes a ti mismo, pues así desaparecerá la culpa que puedes sentir por no obtener la aprobación de los demás.
  • Comienza a hacer un diario de culpas, en el que apuntaras todas aquellas situaciones en las que te sientes culpable, indicando que pierdes tiempo en el presente por angustiarte por el pasado. Esto te permitirá profundizar en tu culpabilidad.

¡Adelante! Utiliza el pasado como trampolín, pero no como sofá.

mujer liberada de la culpa y la preocupación

Trata de enseñarle a las personas con las que te relacionas, y que tratan de manipularte a través de la culpa, que tú eres capaz de enfrentarte a las desilusiones que les provoque tu comportamiento. El resultado tardará en aparecer pero cambiará cuando vean que no pueden obligarte a sentirte culpable.

 

  • Freeston, MH, Rhéaume, J., Letarte, H., Dugas, MJ, y Ladouceur, R. (1994). ¿Por qué la gente se preocupa? Personalidad y diferencias individuales17 (6), 791–802. https://doi.org/10.1016/0191-8869(94)90048-5