El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla

Pedro González Núñez · 19 agosto, 2016

La frase que lleva por título este artículo “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” es una de esas sentencias populares que encierra una gran sabiduría. Aunque su origen exacto no ha llegado hasta nuestros días, muchos han sido los que la han usado con mayor o menor acierto.

Pero, ¿qué significa exactamente esta frase? A continuación realizaremos un viaje por el pensamiento de mentes brillantes como la de Confucio, Freud, Paul Preston y J.D. Nasio para saber por qué los seres humanos parecemos abocados a repetir constantemente los mismos errores sin ser capaces de aprender de ellos.

“Dicen que la historia se repite, lo cierto es que sus lecciones no se aprovechan”

-Camille Sée-

La historia de los pueblos

Si observamos la historia de los pueblos y la propia humanidad, encontramos errores que se repiten de forma constante. Pese a que conocemos lo dañina que puede ser una guerra, desde el comienzo de los tiempos recordamos pueblos en lucha constante sin capacidad aparente para solucionarlo.

Sombra humana

También encontramos las fuertes crisis económicas que asolan nuestro mundo capitalista desde hace decenas de años. Tras el temible Crack del 29, en el que millones de personas se arruinaron por culpa de la especulación y la ambición sin límite, hemos repetido el mismo error en 2008. Y no parece que vaya a ser el último, según los expertos.

En el ámbito europeo, muchos han sido quienes trataron de gobernar todo el viejo continente. Alejandro Magno viajó por toda Asia para anexionarse un buen número de territorios. Otros como el Imperio Romano, Napoleón Bonaparte e incluso el dictador Adolf Hitler lo intentaron sin éxito.

¿Por qué sucede esto? ¿Qué hay en la psique del ser humano que parece llevarle una y otra vez a tropezar en la misma piedra y repetir errores pese a conocer su futilidad? ¿Hay una explicación racional?

Tropezando en la misma piedra una y otra vez

Le explicación a la falta de memoria histórica del ser humano no es sencilla, pero muchos personajes han tratado el tema. Ya siglos atrás, el mismo Confucio tejió una historia con moraleja sobre el tema.

Tras encontrarse con una mujer que lloraba desconsoladamente porque su familia había sido asesinada por un tigre en ese mismo lugar, todos se sorprendieron de que ella permaneciese allí. Sin embargo, nada le importaba, pues el sentido de su vida había desaparecido. No obstante, Confucio les hizo una curiosa observación a sus seguidores. Les dijo que un gobernante tirano siempre sería peor que cualquier tigre devorador de hombres.

Después de miles de años, los tiranos siguen existiendo en buena parte del mundo. ¿Cómo puede suceder algo así? Según Freud, hay dos motivos principales. Por un lado estipula la energía de la vida, por otra, la energía de la muerte.

En este caso, Freud habla de la pulsión de la vida o eros, y la pulsión de la muerte o tanatos:

  • El eros se resume en nuestro instinto de autoconservación. El alimento, el sueño, etc. entrarían dentro de este apartado.
  • Sin embargo, el tanatos nos lleva a la búsqueda del placer sublime, lugar donde no existen preocupaciones, angustia o dolor. Este estado solo se consigue con la muerte, por lo que de forma inconsciente tenderíamos a la repetición compulsiva de errores en la búsqueda del bienestar absoluto.

Figura de un hombre sobre una piedra

Nasio y la compulsión

En esta misma línea de pensamiento encontramos al psiquiatra J.D. Nasio, quien en su obra ahonda en las enseñanzas de Freud a raíz de la pulsión de la vida y la de la muerte:

  • Según Nasio, cada ser humano posee un inconsciente que le mueve como fuerza de la vida, lo que le llevaría a repetir comportamientos felices.
  • Pero también existe la pulsión de la muerte, lo que hace que los humanos repitamos inconscientemente conductas que nos llevan al dolor, al fracaso, a la frustración e incluso a recrear neurosis de la infancia.

Para Nasio, la repeteción de neurosis infantiles nos provoca un “goce” que nos lleva a repetir conductas que en realidad son dolorosas. Estas emociones fuertes que no se anclan en la conciencia se aíslan en el subconsciente esperando la mejor ocasión para salir.

La importancia de la historia y las ciencias

Autores, como el famoso Paul Preston, inciden pues en la importancia del estudio de la historia. Esta parece una forma adecuada de que un pueblo no repita constantemente los mismos errores. Ahora bien, ¿qué sucede cuando observamos que esta tendencia podría ser natural en el cerebro humano?

“Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”

-Aldous Huxley-

¿Hay alguna forma de evitar repetir constantemente los mismos errores? Es evidente que no solo radica en conocer la historia. También debemos saber cómo somos. Cada individuo es único y por tanto un mundo por descubrir.

Así pues, parece obvio que estudiar la historia de los pueblos y conocer detalladamente el cerebro humano a nivel individual y colectivo puede llegar a ser la única solución para no repetir constantemente los mismos errores. ¿Qué opinas tú?