“El show de Truman” y el despertar de la conciencia

Marta Marín · 25 noviembre, 2017

A punto de cumplir veinte años desde su producción, “El show de Truman” (1998, Peter Weir) sigue siendo un referente pedagógico para tratar temas específicos de filosofía y psicología. Utilizando los medios de comunicación y los símbolos, esta película refleja de forma clara un proceso tan complejo como el despertar de la conciencia.

Conciencia y consciencia, tejidas con el mismo hilo

Para entender qué es el despertar de la conciencia, tenemos que tener claro qué es conciencia y qué es consciencia. Según la R.A.E, la conciencia es la actividad mental del propio sujeto que permite sentirse presente en el mundo y en la realidad. Por su parte, la consciencia es el acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo. Por lo tanto, el despertar de la conciencia se produce cuando la persona no solamente es consciente de que está presente en el mundo, que existe, sino que es algo o alguien en relación a él.

Esto podemos entenderlo también como percatarnos de nuestra trascendencia. En ese momento, se enciende una chispa en nosotros que nos hace dudar de todo cuanto nos han contado. Y llegados a ese punto, podemos conformarnos con lo que conocemos, o superar nuestros miedos e inseguridades para salir de la “caverna”. 

Hombre y mujer con colores para representar el despertar de la conciencia

El mito de “La caverna”

La alegoría de “La Caverna” fue creada por el filósofo griego Platón (427-347 a.C.) para simbolizar el conocimiento humano. Según esta teoría, el hombre sería como un prisionero en una cueva, y lo que conoce es solo un reflejo o la sombra de la realidad. Lo real está fuera de la cueva, algo es difícil de comprender cuando no hemos salido nunca de ella y nos hemos acostumbrado a utilizar y a trabajar con las sombras. En este sentido, no conocemos la existencia de lo real o nos da miedo.

¿Cuál es nuestra caverna? El hogar familiar o el entorno en el que hemos crecido. Lo normal es que desde la infancia nos hayan inculcado una serie de valores, que van desde los religiosos a lo políticos. Al nacer en una comunidad, crecemos con unas tradiciones que nos aportan identidad. Así, muchas personas son reticentes a lo nuevo por miedo a perder esa identidad.

Como seres humanos buscadores de seguridad, habita en nosotros una cierta tendencia a acoger las costumbres conocidas que practican las personas que queremos, en este sentido ni la sociedad ni la familia nos enseñan a “mirar” (aunque nosotros podamos observar). No se fomenta la opinión crítica. Pocos niños tienen entornos que les estimulen para analizar, comparar y tener una opinión propia, así como practicar la autoconciencia.

Cueva con luz

El despertar de la conciencia en Truman

El personaje principal de esta película, Truman, es un hombre que no ha podido decidir nada en su vida. Desde que nació, fue comprado por el programa de televisión del que es el propio protagonista, y todas las decisiones que toma (tener novia, casarse, comprarse una casa, trabajar…) no son escogidas por él, sino que son acciones guiadas por el creador del programa (que en este caso, lo comparan con un dios).

Truman vive feliz y ajeno a todo, dentro de la enorme cúpula que le han construido como ciudad. Y cuando sospecha algo o tiene un atisbo de duda, no puede salir de ese mundo porque está controlado por los miedos e inseguridades que le han inducido en la infancia (por ejemplo, el mar y el trauma con su padre). Pero llega un momento en el que ya no puede obviar sus dudas, porque su mundo no es el de antes.

En verdad, todos somos Truman. La única opción que tenemos de ser auténticos es cuando esa chispa, ese despertar de la conciencia, se produce en nosotros. Y solo nuestra voluntad nos ayuda a superar el miedo que nos pueda suscitar el escenario que nos espere.

Truman

El acto de libertad más puro es pensar

Cuando se produce en nosotros ese despertar de la conciencia, adquirimos energía y determinación para salir de la zona de confort y de nuestro entorno, alentados por la sensación de que alejándonos veremos las cosas más claras… para luego, desde nuestro interior, preguntarnos: ¿Qué quiero hacer con mi vida? ¿Me siguen llenando mis creencias? ¿En qué creo o confío? ¿Cuál es mi verdad?

Tus respuestas deben tener para ti más valor que la opinión de los demás, puesto que son perfectas para ti; están hechas a tu medida y no a la de otros. Es fácil pensar que no somos libres, puesto que todos tenemos responsabilidades (familia, estudios, trabajo), pero la verdad es que el acto de libertad más accesible y puro es pensar. Somos libres de pensar e imaginar lo que queramos, igual que somos libres de decidir en consecuencia a ello. A Truman también se le da la oportunidad de conocer la verdad.

Cuando nos quedamos con lo de siempre, solo con lo que nos han enseñado, impedimos que se produzca una evolución. En cambio, cuando superamos el miedo a lo desconocido y buscamos nuestro propio conocimiento, empezamos a caminar por un sendero en el que adquirimos principios, valores y creencias propios, que son más sanos y auténticos, menos disonantes. En definitiva, superarte te llevará a ser más libre y para ello siempre, siempre, son necesarios dos ingredientes: un despertar y un ejercicio de valentía.

“No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”

-Virginia Woolf (1882-1941). Escritora inglesa-