La Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher y los ciclos biológicos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 28 julio, 2018
Edith Sánchez · 28 julio, 2018

La Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher, más conocida como “biorritmo”, se volvió muy popular durante los años 70. En realidad sentó sus bases a finales del siglo XIX, pero fue hasta bien entrado el siglo XX cuando adquirió notoriedad y comenzó a darse por verdadera. De hecho fue y sigue siendo aplicada en muchos lugares.

Según la Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher las personas tenemos ciclos biológicos de tres tipos. Uno de ellos es un ciclo físico, que dura 23 días. El otro es un ciclo emocional, el cual tiene una duración de 28 días. Finalmente, la teoría señala que tenemos un ciclo intelectual que dura 33 días.

Examinen fragmentos de pseudociencia y encontrarán un manto de protección, un pulgar que chupar, unas faldas a las que agarrarse. Y, ¿qué ofrecemos nosotros a cambio? ¡Incertidumbre! ¡Inseguridad!

-Isaac Asimov-

Tales ciclos estarían presentes desde el momento del nacimiento. La Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher señala que tales ciclos tienen una curva ascendente y descendente. En la cumbre de la curva la capacidad física, emocional o intelectual está en su máximo esplendor. Entre tanto, en los puntos más bajos, cada capacidad decrece al mínimo. Cuando dos o más de esos puntos bajos coinciden en la misma fecha se habla de un “día crítico”.

Los creadores de la Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher

Los creadores de la Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher fueron Wilhem Fliess, Alfred Teltscher y Herman Swoboda. Este último fue quien le dio la forma definitiva a los “biorritmos” y por eso esta ley también es conocida como la Ley de Swoboda.

Biorritmos

Wilhem Fliess fue un médico alemán, paciente y amigo personal de Sigmund Freud. Fue el primero en mencionar que había observado regularidades en ciertos intervalos. Habló de ellos como una especie de “reloj biológico interno”. Describió los ciclos físico y emocional. Fliess mantuvo un particular vínculo con Freud y también creó extrañas teorías. Entre ellas, una rara asociación entre los órganos genitales y la nariz.

Por su parte, Alfred Teltscher era un investigador austriaco, que se desempeñó como profesor de ingeniería mecánica en la Universidad de Innsbruck. Se interesó por las teorías de Fliess y decidió comprobarlas por sí mismo con sus estudiantes. No solo corroboró tales teorías, sino que además agregó un nuevo ciclo: el intelectual.

Finalmente, Herman Swoboda era psicólogo y catedrático en la Universidad de Viena. Estudió durante varios años el tema de los biorritmos y al igual que Telscher, creyó descubrir unos ciclos intelectuales muy definidos en sus alumnos. Fue él quien dio la forma definitiva a la Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher.

La popularización de los biorritmos

Pese a que la teoría ya estaba completa desde mucho tiempo atrás, fue en los años 70 cuando un hombre llamado Bernard Gittelson publicó varios libros sobre el tema. En aquel entonces estaban poniéndose en boga los postulados de la llamada “Nueva era”. El público fue muy receptivo a las teorías del biorritmo, surgidas sobre la base de la Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher.

Los biorritmos tuvieron una época en que se convirtieron en un verdadero hit. En los Estados Unidos comenzaron a popularizarse los lugares para hacerse el biorritmo y también se produjeron programas de computadora para ello.

El mundo empresarial no fue ajeno a esa tendencia. Se sabe que United Airlines usó los biorritmos con el propósito de evitar errores humanos durante sus vuelos. De igual modo, miles de empresas se sumaron a la ola, pues los libros de Gittelson daban pautas para mejorar la productividad laboral con base en los ciclos.

Mentiras consagradas y pseudociencia

Los biorritmos y la Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher son uno de los ejemplos más paradigmáticos de pseudociencia popularizada. Aunque la teoría fue vista con recelo desde un comienzo en los medios científicos, no fue sino hasta 1998 cuando el neurólogo Terence Hines realizó un estudio de largo aliento al respecto. Su conclusión fue que no existían tales ciclos.

Mujer pensando con alegría

Hines denunció que las observaciones y teorizaciones sobre las que se había edificado la Ley de Swoboda-Fliess-Teltscher eran completamente arbitrarias. No aplicaban el método científico y daban a las conjeturas el valor de conclusiones. La creencia en los biorritmos hacía que las personas hicieran asociaciones libres entre lo que les ocurría y lo que decía ese instrumento. Con bases o sin ellas, terminaban dándole validez a hechos que se explicaban por azar.

Hines también comprobó que los ciclos físico, emocional e intelectual no existen. Obviamente en el ser humano sí existen ciclos fisiológicos y hormonales, pero esto nada tiene que ver con productividad, ni días críticos, ni nada por el estilo. Pese a las pruebas presentadas, muchas personas en el mundo siguen creyendo en los biorritmos.