La rosa y el sapo - La Mente es Maravillosa

La rosa y el sapo

Raquel Aldana 21 febrero, 2015 en Psicología 17 compartidos

Había una vez una rosa roja muy hermosa y bella. Qué maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos.

Un día se dio cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordeno al sapo que se fuera de inmediato. El sapo muy obediente dijo: “Esta bien, si así lo quieres.”

 Poco tiempo después el sapo paso por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces: “Vaya que te veo muy mal. ¿Qué te paso?”. La rosa contesto: “Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual”. El sapo sólo contestó, “Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín”.

Moraleja:

Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, más bellos o simplemente que no nos “sirven” para nada. Todos tenemos algo especial que hacer, algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes.

Tradicionalmente la sociedad se ha dividido en clases, por lo que la pertenencia a uno u otro status socioeconómico daba pie a sentirse superior o inferior a otras personas. Lo cierto es que, aunque mirar por encima del hombro a alguien es bastante común aún en la actualidad, debemos de procurar sentirnos iguales y de la misma valía que los demás, ni más ni menos.

Conocer y potenciar nuestro valor es importante para sentirnos bien, equilibrados y relacionarnos de forma saludable. No somos ni más ni menos que los demás.  El sentimiento de superioridad es un lastre de la misma magnitud que el sentimiento de inferioridad. Estos complejos son el sello de los inseguros.

Despreciar a alguien por creerse superior es signo de una autoestima inflada a base de incongruencias con uno mismo. Es una forma de sobrecompensar la aflicción que producen las carencias autopercibidas resaltando aquellas cualidades en las que se  sobresale  o se cree sobresalir.

A estas personas les caracteriza el hecho de creerse perfectos, ser rígidos en sus convicciones, enfadarse con facilidad, ser emocionalmente inestables, ser mentirosos (puesto que quieren mantener una imagen falsa de sí mismos), muy competitivos y rodearse de personas de menor estatus, inteligencia o capacidad, pues de esta forma se autoensalzan. Como consecuencia de esto adoptan actitudes prepotentes y arrogantes, como la de la rosa con el sapo.

De hecho, podríamos decir que el complejo de superioridad es la secuela de un complejo de inferioridad mal resuelto; además se suelen presentar por las mismas personas en circunstancias diferentes. Vemos que esto es bastante obvio, una persona que se perciba inferior en algún aspecto no tiene la necesidad de proclamarse superior, si en algo o por algo es hábil y valioso la realidad lo muestra de la forma adecuada.

Es especialmente importante contemplar esto porque todos, de forma absoluta, tenemos una labor que cumplir en esta vida para con los demás. Lo que no aprendamos con nuestro vecino no lo aprenderemos nunca con nadie porque cada uno, en su individualidad, es único e indispensable.

Por todo esto, es mejor ser sapo y contemplar nuestro alrededor realizando nuestras labores, estando tranquilos con nosotros mismos, facilitando y disfrutando de nuestra vida y de la de los demás. Ser bellos o no serlo, como la rosa, depende en gran medida de lo que aportemos y dejemos que los demás nos aporten.

Imagen cortesía de marchesini62 

Raquel Aldana

La psicología no es solo mi profesión, es mi vida y mi pasión. Creo que comprender nuestras emociones nos ayuda a girar con el mundo y estoy convencida de que los pequeños detalles son los que marcan la diferencia.

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