Complejo de inferioridad y cómo nos afecta

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 4 noviembre, 2018
Edith Sánchez · 13 septiembre, 2013
El complejo de inferioridad es algo que afecta a más gente de lo que pensamos. Una de las causas subyacentes suele ser una baja autoestima. Descubre qué hay detrás de este complejo.

¿Has estado alguna vez en una reunión y por alguna razón te has sentido inferior al resto? ¿Cuando ves a otras personas sientes que son superiores a ti? ¿Piensas que vales poco? ¿Crees que los demás merecen más que tú? Si la respuesta a estas cuestiones ha sido un “sí”, es posible que estés familiarizado con el complejo de inferioridad.

Pero no te asustes. Alguna vez nos ha podido pasar a todos. Una de las cuestiones clave es saber la extensión en el tiempo de este sentimiento de inferioridad. Todos hemos podido pasar por malas rachas en la que nos hemos sentido inferior porque todo nos salía mal. Sin embargo, sí hay personas que se sienten así durante muchos años, incluso durante gran parte de su vida.

El complejo es un abrazo de oso

Complejo es un pensamiento irracional o una idea distorsionada que tenemos de nosotros mismos. Y por más equivocada que sea, la creemos a pie juntillas y actuamos en concordancia con ella, como si fuera cierta.

El asunto se vuelve interesante si miramos la etimología de la palabra. “Complejo” viene del latín “complectere”, que significa “abrazar” o “abarcar”. Así que si seguimos esa línea de significado, también podríamos decir que el complejo es una fuerza invisible que nos aprisiona. Que se filtra en todo nuestro ser: nos abarca.

Si tenemos “complejo de inferioridad”, estamos seguros de que somos peores que los demás seres humanos. Más pequeños. Más indefensos. Más inútiles. Más miserables… Menos aptos, menos capaces, menos valiosos. La pregunta sería ¿qué tanto de eso es verdad?  ¿Cómo se instaló esa idea en nosotros? ¿Realmente pensamos así de nosotros mismos, o estamos atrapados (abrazados, abarcados) en la mirada de otro?

El círculo fatal

Quien tiene uno de estos “complejos de inferioridad” sufre mucho. Y lo peor: actúa de forma inconsciente y desesperada, bien para reafirmar la pobre opinión que tiene de sí mismo, o bien para demostrar que no es cierta. Ahí tenemos entonces a quienes se exponen a empresas peligrosas o excesivamente ambiciosas que luego, obviamente, terminan en estruendosos fracasos. También tenemos a los que nunca se atreven, porque de antemano se sienten derrotados.

Entramos en un círculo vicioso que en muchas ocasiones es difícil salir por nosotros mismos. Al sentirnos inferiores buscamos indicadores que así lo demuestren. Cuando encontramos estos indicadores nos decimos: “¿Ves? Soy inferior”. Así una y otra vez. Incluso algunas personas empiezan a perder amigos de lo negativos que nos llegamos a volver. “No valgo nada”, “nada me sale bien”… El complejo de inferioridad puede estar íntimamente relacionada con un discurso pesimista sobre la vida. 

Complejo de inferioridad y Autoestima

El origen del complejo de inferioridad suele ser una baja autoestima. Nuestra crianza desde la más tierna infancia supone parte de los primeros cimientos de nuestra autoestima. A medida que crecemos conocemos a nuestros amigos en la escuela. Después pasamos al instituto, donde los adolescentes pueden hacérnoslo pasar bastante mal. Estos primeros años de vida, infancia, niñez y adolescencia, representarán etapas fundamentales para tener una autoestima sana. 

Por muy reales que parezcan, los pensamiento son sólo pensamientos. Si creemos que somos inferiores, nos sentiremos inferiores. Pero si nos creemos Napoleón, seremos Napoleón. Por eso es importante tener pensamientos sanos y realistas.

Desgraciadamente, muchos niños han decidido quitarse la vida por el acoso escolar. Como Lucía, una niña de trece años que no pudo más y decidió poner fin a todo de forma radical.  Estos niños no podían soportar más la tortura diaria a la que eran sometidos. Un aspecto importante en estos casos, es que la víctima tiene complejo de inferioridad y por ello piensa que merece lo que le ocurre, por eso, en muchas ocasiones no pude ayuda.

Al tener una baja autoestima, pensamos que meceremos ser menos que el resto. En nuestra vida, por nuestro historial de aprendizaje, han enseñado a querernos más o menos. Nos han querido más o menos, o mejor dicho, nos lo han expresado de una forma más acertada o menos acertada. Y todo ello ha ido formándonos una autoestima que nos ha hecho creer que somos inferior al resto y menos merecedores de éxitos.

Algunas cuestiones para reflexionar

Piensa en si realmente eres inferior a los demás. Reflexiona sobre los demás, sobre aquellas personas que luchan en la vida para conseguir sus objetivos. ¿Cuál es la diferente entre tú y ellos? Observa que la gran mayoría de las veces, la diferencia radica en la actitud mental, en los pensamientos. Un pensamiento puede ser muy poderoso, pero no deja de ser eso, un pensamiento. De la misma forma que hemos aprendido a que somos inferiores, podemos desaprenderlo. Así es, lo hemos aprendido. Es un pensamiento que no se fundamenta en ninguna realidad objetiva. 

La única persona capaz de decirte lo que eres capaz de hacer eres tú mismo.

¿Qué criterio sigues para compararte? ¿El dinero? ¿La suerte? ¿La belleza? ¿Y qué tal si dejamos las comparaciones de lado? Las únicas comparaciones permitidas son aquellas que nos dan energía: “si aquella persona lo ha conseguido, yo también”. Muchos padres, por ejemplo, les dicen a sus hijos: “es imposible que consigas ser actor”. De esta forma el niño se sentirá ya no sólo menos capaz, sino que no merece ser actor. Pensará que es para gente más válida que él. Por ello, es importante que nos demos cuenta, que en realidad, el complejo de inferioridad es sólo un pensamiento sin fundamento. Somos dueños de nuestra vida, así que adelante.

 

Foto: Ricardo BAEZ-DUARTE