¿Por qué me responsabilizo de los problemas de los demás?

"¿Por qué me responsabilizo de los problemas de los demás?". Para algunas personas, pese al desgaste que supone, esta parece una tendencia inevitable. En este artículo, lo que queremos es explorar qué hay detrás.
¿Por qué me responsabilizo de los problemas de los demás?
Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana.

Última actualización: 09 noviembre, 2022

¿Alguna vez te has preguntado “por qué me responsabilizo de los problemas de los demás”? Si tienes la sensación de que te implicas demasiado con lo que le pasa a los demás, pero muy poco con lo que a ti te preocupa, quizás estés experimentando el síndrome del salvador.

Te contamos en qué consiste y qué otras causas se esconden tras esta tendencia o necesidad inconsciente de ayudar siempre a los demás (hasta el punto de hiperresponsabilizarnos de ello).

Las principales causas de responsabilizarse de los problemas ajenos

Tal vez te responsabilizas de los problemas ajenos por un exceso de empatía, porque te cuesta decir “no”, por tu marcada tendencia a ayudar… Pero puede haber algo más detrás (cuando esas ayudas resultan “excesivas” o nos generan malestar).

Así, más allá de lo mencionado, hablamos de las posibles causas que explican por qué te responsabilizas de los problemas ajenos (cuando en realidad, “no te tocaría” hacerlo):

Amigas hablando en la calle
La incapacidad de poner límites puede ser una de las principales causas que lleven a las personas a responsabilizarse de los problemas ajenos.

1. Síndrome del salvador y falta de confianza en los demás

El concepto síndrome o complejo del salvador se utiliza para hablar de aquellas personas que tienden a responsabilizarse de los problemas de los demás. Se colocan en una posición paternal o maternal ante aquellos otros que son sus pares, ya sea parejas, amigos o compañeros de trabajo.

Sin embargo, a menudo tras esta actitud se oculta una falta de confianza en la habilidad que pueden tener los demás en asumir y resolver sus propios problemas. Son personas que consideran que solo ellas tienen la capacidad, los recursos o las herramientas para abordar los problemas de otros.

También puede haber una base traumática en la génesis de este síndrome, por ejemplo si en la infancia los padres no se han responsabilizado de uno (o si nos hemos tenido que “responsabilizar” de los padres desde muy pequeños, ya sea por una situación de negligencia, por el hecho de tener a los padres u otros familiares enfermos, etc.).

2. Apego inseguro en la infancia

El tipo de apego construido en la infancia también influye en la aparición de este síndrome; así, si hemos desarrollado un apego inseguro con nuestras figuras principales, lo que afecta de forma directa a la forma de vincularnos con los demás cuando somos adultos, podemos acabar desarrollando este síndrome del salvador.

Sería algo así como “no han estado a mi lado cuando los he necesitado, por eso ahora, para compensar esa carencia, trato de ayudar a todo el mundo” (todo esto, claro está, de forma inconsciente).

3. Dependencia

Como decíamos, la forma de vincularnos siendo adultos dice mucho de cómo hemos construido nuestro apego con nuestros padres de pequeños, y que tiene que ver con si han cubierto nuestras necesidades físicas y emocionales.

Los apegos inseguros, que se generan porque este apego no ha sido de calidad, ya sea porque hemos recibido mensajes contradictorios por parte de nuestros padres, no se han cubierto nuestras necesidades, a veces estaban disponibles y otras no… hacen que construyamos muchas veces, relaciones de dependencia con los demás.

Y en esas dinámicas dependientes puede crearse también la “necesidad” de responsabilizarse de los problemas ajenos. Es como si necesitáramos que el otro nos necesitase también para sentirnos plenos y satisfechos. De esta forma, “si me responsabilizo de los problemas de los demás”, el otro también acaba desarrollando una dependencia hacia nosotros, porque le acabamos solucionando siempre los asuntos.

4. Incapacidad para poner límites

La falta de asertividad también puede explicar el hecho de que nos responsabilicemos -en exceso- de los problemas ajenos. Así, si no sabemos decir “no” y poner límites y además, los otros se aprovechan de ello, acabamos asumiendo como propios problemas que, en realidad, no lo son.

5. Una forma de no atender nuestros problemas

Por otro lado, si te responsabilizas de los problemas de los demás, entonces no asumo los tuyos. Ese tiempo que le dedicamos a los demás, no lo dedicamos a nosotros mismos, a lo que sucede en nuestro mundo personal.

De esta forma, manifestar esta tendencia de asumir los problemas ajenos como propios puede ser una manera -consciente o inconsciente- de no afronta nuestros propios problemas.

Hombre hablando con su pareja
La falta de confianza hacia los demás también puede estar detrás de la responsabilidad de los problemas ajenos.

Me responsabilizo de los problemas de los demás y quiero cambiarlo

Una cosa es preocuparse por los demás, pretender ayudar, y la otra es hiperresponsabilizarnos de lo que “no nos toca”, hasta el punto de sobrecargarnos.

Si has detectado que te responsabilizas de los problemas de los demás, esto te genera malestar y quieres empezar a hacer cambios en tu vida, la buena noticia es que ya tienes parte del terreno andado: que te has dado cuenta de ello. Una vez hayas identificado este comportamiento, puede ayudarte:

  • Reflexionar sobre su causa: ¿por qué lo haces? Las causas explicadas pueden ayudarte a entender mejor tu situación.
  • Identificar qué factores mantienen esta situación: ¿tal vez dependencia emocional? ¿Baja autoestima? ¿Necesidad de ser útil para alguien?
  • Anotar en una hoja, en una columna, tus problemas, y al lado, los problemas ajenos; empieza a diferenciar esa línea que separa los tuyos de los ajenos.
  • Trabajar en tu asertividad para aprender a poner límites y a decir “no”.
  • Buscar reforzar tu autoestima a través de otras acciones, que solo dependan de ti y que tengan relación solo contigo.
  • Empezar con cambios pequeños: prueba con dejar de responsabilizarte de uno de estos problemas; suelta el control y observa cómo te sientes.
  • Pedir ayuda profesional si sientes que la necesitas.
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