Practica la ecuanimidad: no supongas, no anticipes, no reacciones

Para practicar la ecuanimidad es necesario adoptar una postura muy particular frente a la realidad. Así, en este artículo te contamos en qué consiste y cómo llegar hasta ella...
Practica la ecuanimidad: no supongas, no anticipes, no reacciones
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 04 julio, 2020

La estabilidad emocional es una aspiración compartida. Sin embargo, nuestro estilo de vida y los patrones de comportamiento culturalmente establecidos en ocasiones suponen un obstáculo para avanzar en este sentido. Practicar la ecuanimidad en nuestro día a día parece un reto inalcanzable puesto que estamos acostumbrados a reaccionar ante todo lo que ocurre. No obstante, permite que te contemos más sobre cuáles son los beneficios de este hábito.

Podríamos definir la ecuanimidad como un estado de imparcialidad, de equilibrio y constancia. Hablamos de la cualidad que nos permite mantenernos estables e imperturbables ante los cambios y vaivenes de la vida. Esto nos parece una utopía porque no solemos experimentarlo, pero además porque mantenemos ciertas ideas erróneas al respecto. Por ello, tratemos de aportar algo más de claridad.

Mujer sonriendo al atardecer

La ecuanimidad no es…

Muchos de nosotros no estamos lejos de esta imparcialidad porque no tenemos claro en qué consiste. Existen principalmente dos mitos asociados a la ecuanimidad que nos hacen verla como una cualidad poco deseable. Entonces, comencemos por modificar estas creencias y ver por qué no se ajustan a la realidad.

  • La ecuanimidad no es indiferencia ni ausencia de emociones. Por el contrario; la indiferencia implica calificar algo como poco importante y, por ende, no prestarle atención. La ecuanimidad es posible cuando atendemos en profundidad a lo que ocurre sin dejar que los resultados de esta visión nos desequilibren en el plano emocional.
  • La ecuanimidad no es pasividad. No se trata de permanecer inmóvil o a la deriva ante lo que la vida traiga, sino de fluir a favor de la corriente. Por norma, no somos ecuánimes cuando nos quedamos paralizados, sino cuando actuamos desde el equilibrio.

¿Cómo practicar la ecuanimidad?

Para practicar la ecuanimidad y experimentar sus beneficios, habremos de renunciar a muchas de nuestras reacciones automáticas. Hemos de comprender que esos patrones de pensamiento y conducta que nos han acompañado durante años ya no son funcionales. Así, es hora de sustituirlos.

El momento presente

Si algo nos aleja de la ecuanimidad es nuestra incapacidad para vivir en el presente. Nos mantenemos juzgando lo que sucedió en el pasado y anticipando lo que sucederá en el futuro. Creamos constantemente expectativas y nos angustiamos pensando en la posibilidad de que no se cumplan.

Para ser ecuánime, deja de vagar por el tiempo, centra tu atención en el ahora con conciencia plena. No anticipes, no esperes nada en concreto, vuelve al presente.

¿Accionas o reaccionas?

Sin duda, una de nuestras grandes tareas pendientes es aprender a ser observadores de nuestra realidad. Por algún motivo, tendemos a reaccionar de forma automática y excesiva ante todo lo que acontece. Así, nuestras acciones no surgen de nuestra convicción y deliberación, sino que son una simple respuesta a lo que recibimos desde fuera.

Vuelve a ti, no todo requiere una reacción de tu parte. Comienza a observar sin juicios lo que sucede dentro y fuera de ti y escoge cada una de tus acciones. No caigas en un vaivén emocional provocado por nada ni nadie externo.

Apego y rechazo

Por último, para practicar la ecuanimidad hemos de aceptar que el cambio es lo único constante. Dejemos de apegarnos a lo positivo y de rechazar lo negativo y tratemos de ser imparciales. Es evidente que un acontecimiento afortunado, un halago o un elogio despertarán en nosotros emociones positivas, del mismo modo que un infortunio, una crítica o una traición nos generarán sentimientos negativos.

No obstante, hemos de ser capaces de independizarnos de esas emociones para ser libres. Aferrarnos a lo positivo terminará acarreándonos sufrimiento ya que el cambio es inevitable. De forma parecida, resistirnos a lo negativo solo incrementará nuestra desesperación. Cuando somos conscientes de que todo pasa y todo cambia, logramos convertirnos en nuestro propio centro emocional y fluimos con los acontecimientos.

Mano con una mariposa

La ecuanimidad es la clave de la felicidad

De esta manera, aunque tenemos muy arraigada esta creencia, la verdadera felicidad pasa por una cantidad ajustada de euforia. La paz interior es el lugar desde el que podremos mantener una estabilidad emocional, con independencia de lo que suceda fuera.

No hay duda de que se trata de algo complicado de lograr, ya que estamos acostumbrados a reaccionar y a generar expectativas, y nos cuesta pararnos en el ahora y en nosotros mismos. Sin embargo, con constancia y ayudándonos de herramientas, como la meditación, es posible lograrlo.


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