Sistema de recompensa del cerebro: neurobiología de la motivación

Valeria Sabater · 11 octubre, 2018
El sistema de recompensa del cerebro media en cualquier proceso donde experimentemos motivación. Si bien es cierto que forma parte de las conductas adictivas, conforma una función clave para proporcionarnos también placer y bienestar.

Aunque a menudo se hable del sistema de recompensa del cerebro como ese mecanismo que orquesta las adicciones, hay un aspecto esencial que debemos entender. Tener metas en la vida es sinónimo de salud y bienestar. Así, toda esa neurobiología, que está detrás de la motivación y el placer que hallamos en el día a día, está regulada por este mismo circuito complejísimo y fascinante.

Comer, descansar, una conversación con los amigos en una cafetería, esperar un like en la foto que acabamos de subir a nuestras redes sociales, comernos un postre henchido de chocolate, salir antes del trabajo para ir de compras o al cine… Todos estos comportamientos tan elementales que nos acompañan en cada una de nuestras jornadas están regidos por el sistema de recompensa del cerebro.

A menudo, cuando hablamos de este sistema es común que escuchemos aquello de que su prioridad más básica es garantizar nuestra supervivencia. Todos los procesos que orquestan este instinto primordial son automáticos y regidos, en la mayor parte de los casos, por una emoción muy básica: el miedo. Él es quien nos hace ser prudentes, quien nos hace recordar que la vida tiene peligros y que a menudo, vale la pena quedarnos en la zona de confort.

Ahora bien ¿qué hay del placer? ¿qué finalidad tienen todos esos comportamientos positivos antes citados? Lo creamos o no, la motivación y el bienestar que encontramos llevando cabo ciertas conductas también forma parte de nuestra evolución. A veces, las personas estamos rodeadas de múltiples estímulos y situaciones diversas. En esos contextos es necesario priorizar lo bueno, lo que en un momento dado revierta en beneficio propio.

Por ejemplo, nuestro cerebro nos recompensará cuando tras un día de estrés y trabajo, elijamos quedar con ese amigo especial para tomar algo y relajarnos. También nos regalará dopamina cuando en medio de una mañana calurosa, vayamos en busca de un vaso de agua para hidratarnos. La finalidad por tanto de este circuito cerebral es lograr que estemos motivados hacia conductas concretas y específicas que él considera adecuadas.

“Todas las experiencias en su vida, desde conversaciones individuales hasta su cultura más amplia, dan forma a los detalles microscópicos de su cerebro. Neuralmente hablando, quién eres depende de dónde has estado, lo que piensas y lo que haces”.

-David Eagleman-

sistema de recompensa del cerebro

¿Qué es y dónde está el sistema de recompensa del cerebro?

Cuando hablamos del sistema de recompensa del cerebro nos referimos a una serie de estructuras que se activan cuando se detectan estímulos gratificantes o de refuerzo. Por ejemplo, cuando vemos una pizza recién hecha, un helado, ese libro cuya publicación aguardábamos o cualquier otro estímulo que encaja con nuestros gustos y necesidades de ese momento, el cerebro responde liberando un neurotransmisor muy concreto: dopamina. Es entonces cuando se desencadena la motivación para lograr ese objetivo.

Fue en los años 50 cuando se descubrió la existencia de este mecanismo. En esa década, los neurólogos James Olds y Peter descubrieron que estimulando ciertas áreas cerebrales, los mamíferos experimentaban mayor motivación para obtener algo. Aquel descubrimiento supuso una revolución hasta el punto de pensar que aplicando electrodos en diversas áreas del cerebro se podría cambiar la conducta del ser humano.

Tanto es así que en 1972 se llevó a cabo un experimento muy controvertido donde se buscaba modificar la conducta de un joven homosexual. Los datos y las conclusiones se publicaron en el Journal of Behavioral Therapy and Experimental Psychiatry. Por otro lado, y a raíz de todos aquellos experimentos y pruebas más o menos éticas, algo que pudo conseguirse es comprender qué estructuras estaban involucradas en el sistema de recompensa del cerebro. Son la siguientes.

Vía dopaminérgica mesolímbica

Es la vía principal por donde se libera y discurre la dopamina. Tiene su inicio en el área tegmental ventral y se conecta a su vez con estructuras tan relevantes como el núcleo accumbens , la amígdala , el hipocampo y la corteza prefrontal . Esta estructura está relacionada con el placer y las experiencias gratificantes.

El área tegmental ventral

Más que una estructura es en realidad un grupo de neuronas (células dopaminérgicas) localizadas en el mesencéfalo. Esta área se relaciona con procesos tan básicos como son las emociones intensas como el amor, el aprendizaje, la motivación, los orgasmos y también en las conductas adictivas.

sistema de recompensa del cerebro

Núcleo accumbens

En este caso tenemos otro tipo de acumulación de neuronas, las cuales, están involucradas en procesos como el placer, la risa, la motivación, el miedo, la agresión, la adicción…

Corteza cerebral

La corteza cerebral es la capa más externa del cerebro, la más sofisticada y donde se regulan la mayoría de nuestras funciones ejecutivas o procesos cognitivos. Esta área también está relacionada con el sistema de recompensa.  No obstante, cabe recordar que ninguna de estas estructuras trabaja de manera aislada, todas ellas están interconectadas entre sí por una estructura llamada circuito reforzador límbico motor.

Este mecanismo combina áreas motivacionales y emocionales con funciones motoras, esas que nos animan a movilizarnos e incluso a planificar conductas y planes gracias a la corteza cerebral.

Los procesos adictivos

Lo señalábamos al inicio. Cada vez que se habla del sistema de recompensa del cerebro es común relacionarlo con las conductas adictivas. Ahora que sabemos ya que este circuito está involucrado en muchos más procesos y comportamientos de lo más comunes, es momento de entender por qué hay personas que derivan en este tipo de estados caracterizados por una adicción.

Se sabe que hay múltiples factores: sociales, familiares e incluso psicológicos. Sin embargo, es llamativo saber que tal y como nos revelan algunos estudios hay ciertos componentes genéticos capaces de hacer que ciertas personas sean más susceptibles que otras. Esto por sí mismo es revelador, ya que tal y como nos explican en un estudio de la Universidad de Maryland, facilita en muchos casos el tratamiento.

Por ejemplo, se sabe incluso que determinadas alteraciones en el sistema de recompensa mesolímbico facilitan la conducta adictiva. No obstante, más allá de los desencadenantes y las causas, hay un hecho que no podemos dejar de lado. Sabemos que el cerebro nos gratifica o nos empuja a conseguir ciertas cosas que él considera como positivas.

Si es así ¿por qué se mantienen las conductas adictivas si son nocivas? Bien, lo que ocurre en realidad es que determinadas sustancias  dañinas como son cualquier tipo de droga, lo que hacen es “alterar” por completo el sistema de recompensa. Se transforma y altera de tal modo que se pierde el control hasta impactar en casi cualquier área de nuestro cerebro. La persona vive por un solo objetivo: obtener esa sustancia o repetir esa conducta de manera compulsiva.

cerebros adictos simbolizando el sistema de recompensa del cerebro

Nuestra realidad cambia por completo, al igual que nuestro comportamiento, personalidad y por supuesto la salud. Entender por tanto cómo actúa el sistema de recompensa del cerebro nos permite comprender mucho más sobre el ser humano. Es un mecanismo que regula como vemos gran parte de nuestro comportamiento, el positivo y el negativo.

 

Cuatrocchi, E. (2009), La adicción a las drogas. Madrid: Espacio Editorial. Gil Verona, José Antonio (2014) Fundamentos de Neurobiología. Madrid:  Editorial Académica Española