Tres anuncios a las afueras: la ira contenida en el dolor

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 18 marzo, 2018
Valeria Sabater · 18 marzo, 2018

Tres anuncios a las afueras nos trae una impactante reflexión cinematográfica sobre la ira y la desesperación contenida en el dolor. Es el dolor de una madre, Mildred Hayes, que alza tres carteles en su pueblo denunciando la pasividad de la policía tras la violación y asesinato de su hija. Sin embargo, esos mensajes, lejos de ser respondidos con empatía por parte de sus vecinos, se reciben con gran incomodidad.

Hace solo unas semanas que la Academia de artes y ciencias cinematográficas de Hollywood celebró su gala de los Oscars, y muchos, tenían claro que a pesar de todas las apuestas y reconocimientos previamente recibidos, Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Tres anuncios a las afueras) no se llevaría el premio a la mejor película.

“A través del amor llega la calma, y ​​a través de la calma viene el pensamiento. Y a veces necesitas darte cuenta de las cosas, Jason. Es todo lo que necesitas. Ni siquiera necesitas una pistola. Y definitivamente no necesitas el odio. Porque el odio nunca resuelve nada, pero la calma sí lo hace. Inténtalo. Pruébalo solo para variar”.

Willoughby, “Three Billboards Outside”-

Si esos tres carteles rojos colocados en un pueblo por una madre desesperada llenaron de ampollas a su propia comunidad, también la propia película se recibió con igual incomodidad por parte de muchos sectores estadounidenses. La película, para empezar, se sitúa en una población de Missouri, justo en el corazón de Estados Unidos, lo cual evoca una sutil metáfora nada casual.

Allí, en ese paisaje ambiguo se nos sitúa en un territorio en apariencia normal donde al poco, descubrimos cómo se elude la justicia y cómo la violencia constituye un lenguaje capaz de articular casi cualquier espacio. Lo vemos en esos policías que no dudan en usar la tortura, lo vemos en los códigos de género, en la pasividad de unos vecinos que eligen mirar a otro lado, e incluso en ese humor negro donde todos sus personajes arrastran heridas, traumas donde también la ira es a veces el único canal redentor.

Tres carteles a las afueras no es una película cómoda, es un retrato enfurecido e indignado de una mujer en busca de justicia. Sin embargo, también es mucho más, porque como toda fábula (aunque esta sea ácida y con trazos amargos) hay una transformación final. Porque la esperanza, es esa pincelada que siempre debe subsistir aún en la situación más adversa y desesperada.

Frances McDormand en tres anuncios a las afueras

Tres anuncios a las afueras, una reflexión sobre la ira contenida en el dolor

Pocas cosas pueden ser más devastadoras que perder a un hijo. Sin embargo, el sufrimiento se agrava aún más si esa pérdida viene a raíz de una muerte violenta, de un asesinato, de una violación. Todos conocemos algún caso y en estos últimos días, en España hemos vivido de primera mano un suceso que sin duda nos ha conmocionado a todos. Quizá por ello, no nos es difícil meternos en la piel de Midred Hayes, esa mujer de expresión suspicaz y dibujada por la rabia, que sigue aguardando respuestas 7 meses después de la trágica pérdida de su hija adolescente.

Lo más llamativo de todo es que en un principio, este personaje debería producirnos sin duda cierta incomodidad por su registro comportamental: es imprevisible, sus diálogos rebosan repulsión y desprecio, y de hecho, tampoco duda en hacer uso de la violencia en más de una ocasión. Sin embargo, Mildred Hayes es el motor emocional de la película y es imposible no empatizar con ella, es inevitable no comprender el por qué de cada gesto, de cada movimiento, de cada acción llevada en ocasiones por una extrema violencia.

Estamos ante un personaje maravillosamente interpretado por Frances McDormand que instrumentaliza la ira como respuesta a la impotencia y a la vulnerabilidad. Ella es en cierto modo, la encarnación de esa rabia que parte del amor y que no puede hacer otra cosa más que gritar, que visibilizar su desesperación a través de tres carteles esperando con ello, que surja algún resultado.

Frances McDormand y Woody Harrelson en tres anuncios a las afueras

El amor que nos transforma

El director de Tres anuncios a las afueras, Martin McDonagh fue criticado en su momento por ser un dramaturgo angloirlandés que quiso mostrar un retrato de la América profunda llevado por el simple cliché: racismo, homofobia, ignorancia, familias disfuncionales, policías violentos, una población sin metas en la vida, violencia sexual, el machismo

Ahora bien, quedarnos con lo superficial, quedarnos con una mera crítica a esa costra incómoda que habita en muchas regiones del mapa de Estados Unidos, sería perdernos la auténtica grandeza contenida en Tres carteles a las afueras. Cada personaje muestra a partes iguales la misma capacidad hacia la violencia como hacia la bondad más indescriptible. Esas personas que estábamos dispuestos a odiar al inicio de la película escapan a nuestra certeza, para confundirnos y más tarde transformarse ante nuestros ojos en algo nuevo y esperanzador.

El virtuosismo psicológico en la película es inmenso, porque a pesar de la dureza de esa trama central con una madre denunciando la pasividad policial ante el caso de su hija, hay espacio para la comedia, para la amistad, y sobre todo, para una carta esperanzadora que nos habla del amor y que lo cambia todo.

Hay una mezcla entre lo absurdo y lo trascendental que configuran un trabajo donde las emociones son siempre las auténticas protagonistas, ellas las que dan auténtico sentido a un escenario extraño donde sus personajes a pesar de estar siempre en “llamas”, nos hechizan.

Cartel de Tres anuncios en las afueras

Para concluir, a pesar de que Tres anuncios a las afueras no se basa en ninguna historia real, su argumento nos es tristemente familiar. Es el simbolismo y la catarsis de todas esas personas que han perdido a sus hijos y que a día de hoy, siguen sin respuestas, viviendo entre vacíos y con el silencio de una sociedad que ya las ha dejado de lado. Esos carteles a las afueras son nuestra conciencia, incómoda para muchos y el único recurso para otros.