El lujo de estar en silencio

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 16 agosto, 2017
Raquel Lemos Rodríguez · 16 agosto, 2017

Jamás se nos habría nunca pasado por la cabeza que estar en silencio podría convertirse en todo un lujo. Algo solo disfrutado por unas pocas personas. Aquellas que pueden escapar de las rutinas que evitan que tengamos tiempo para nosotros, que nos someten y que nos hacen temer a la soledad y al completo silencio.

Los entornos en los que nos movemos son tan ruidosos que nos hemos adaptado de tal manera que pensamos que quedarnos solos y en silencio es algo negativo e incluso a algunas personas les causa mucha ansiedad. Así, es importante que nos hagamos determinadas preguntas para reconocer las implicaciones de este tipo de temor o limitación.

No nos damos cuenta, pero evitamos estar en silencio de una manera constante. Buscamos el ruido incluso cuando tenemos la oportunidad de alejarnos de él. Deberíamos preguntarnos qué motivo hay para tenerle tanto miedo al silencio. ¿Nos sentimos solos si no hay ruido?

¿Ponemos la radio dentro de casa cuando estamos solos porque no soportamos la presión de la ausencia de ruidos? ¿Tendemos a ir a lugares bulliciosos porque la soledad de nuestro hogar nos atormenta? Ni se nos pasa por la cabeza ir a yoga o practicar meditación, ¡qué estrés estarse quietos y en absoluto silencio!

Nuestra mente necesita estar en silencio

Lo cierto es que lograr ese silencio del que hablamos no es una tarea fácil e introducir un poquito de él en nuestra rutina puede ser todavía un reto más complicado. Muchos de nuestros deseos, aspiraciones o preocupaciones se encuentran allí donde hay ruido. Un ruido externo y un ruido interno, en una corriente de pensamientos con un pesado caudal que no cesa.

Se han realizado numerosos estudios al respecto. Son especialmente numerosos aquellos en los que se compara a las personas que viven en las grandes ciudades con aquellas que viven en entornos rurales. Las diferencias nos dejan con la boca abierta. Las personas que viven o trabajan en lugares muy ruidosos, que duermen escuchando el ruido o el bullicio de la ciudad que no cesa son más vulnerables a sufrir determinados problemas de salud.

hombre en el campo en silencio

Problemas en el aparato circulatorio, estrés, ansiedad… Si buscamos las principales causas de todos ellos, será fácil de encontrar a la falta de pausa en los primeros lugares. Nuestro piloto automático, tras años y años actuando de la misma forma, está preparado para saltar de un estímulo a otro.

El silencio no es incómodo, estar en silencio no nos pone nerviosos. Esto solo son creencias que intentan justificar algo que no queremos ver en nosotros. ¿A qué le tenemos miedo?

Sin embargo, nuestra mente necesita estar en silencio. Pues, solo gracias a la ausencia de ruido nuestras neuronas ven potenciado su crecimiento. Además, nuestra mente y nuestro cuerpo se relajan, liberándose de preocupaciones que pueden ser un cúmulo de problemas y de tensiones originadas por el ruido exterior. Porque cuando hay ruido, no podemos escucharnos; si no nos escuchamos, difícilmente vamos a poder contar con una mente lúcida y clara.

El ruido y la agitación nos alejan de nosotros mismos

Ya lo dice el budismo: “el ruido y la agitación nos alejan de nosotros mismos”. ¿Quién se dedica tiempo a sí mismo para conocerse? ¿Quién se regala unos minutos de meditación al día para calmar la mente, relajarse y tratar con los pensamientos que intenta ignorar, por dañinos e insidiosos, pero que por ello no dejan de ser intrusivos y causar malestar? Complicado verdad, cuando hay tantas tareas urgentes a las que atender, cuando ese tiempo para nosotros siempre se puede posponer para más adelante…

Además, estar en silencio es mucho más que practicar meditación o dejar la mente en blanco -una creencia sobre estas prácticas totalmente errónea. Es dejar de vivir en piloto automático y disfrutar más del presente. No es necesario hacer grandes cosas. Tan solo saborear una comida, apreciar sus sabores, disfrutar del sonido de los pájaros cuando paseamos por la naturaleza.

patos volando al amanecer

Todo eso, implica vivir. Porque si hay algo que provoca el estar constantemente rodeados de ruido es que no vivimos, existimos. ¿Para qué? Para hacer lo que tenemos que hacer, sin disfrutar, sin cuidarnos y mimarnos, sin darnos la importancia que tenemos. Tan solo nos movemos por motivaciones que muchas veces no son propias, sino ajenas.

“Algunos encuentran el silencio insoportable porque tienen demasiado ruido dentro de ellos mismos”

-Robert Fripp-

No huyamos de estar en silencio. Apaguemos el televisor y abramos un libro. Hagamos ejercicio en un parque sin llevar auriculares en nuestras orejas. En nuestra vida cotidiana estamos sometidos a un ruido constante. ¿Por qué seguir haciéndolo cuando tenemos tiempo para nosotros? ¿Tenemos miedo de conectar con nosotros y con el mundo que nos rodea? ¿De qué estamos escapando?