Una violación siempre retrata al agresor, nunca a la víctima

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 8 octubre, 2016
Cristina Roda Rivera · 8 octubre, 2016

Si te dejan, queda mucha vida después de una violación. Quizás quede una vida distinta teniendo que convivir con ese dolor del pasado, que a veces casi no estará presente y otras aparecerá con una intensidad que desborda. Pero en este artículo queremos poner el foco en cómo cada persona, de forma individual y única, procesa un hecho de su vida antes de que los demás dictaminen cómo tiene que hacerlo. Que hayan forzado tu cuerpo, no quiere decir que le impongan una condena eterna a tu mente.

Recientemente varios casos de violación han sido expuestos como noticia en los medios, dando a conocer detalles íntimos de un suceso tan detestable como demandante de sensibilidad en su narración. Se han dado detalles morbosos, que solo alimentan el amarillismo y azotan la jauría colectiva, perdiendo por el camino el punto de vista más importante y empático: la situación de la persona agredida y cómo debe estar sintiéndose ante tal exposición mediática.

Que se luche duramente contra el delito de violación no es incompatible con intentar normalizar la vida posterior de la persona agredida, evitando el estigma y la re-victimización

Las continuas noticias sobre este hecho estigmatizan aún más a la persona agredida y facilitan que reviva la violación una y otra vez. Además, no suelen abstenerse de dictaminar cómo la víctima debe asumir su papel de mujer traumatizada, e incluso dan pie a debates en los que se juzga la indumentaria o el comportamiento de la víctima antes de la violación.

Escandalizarnos por los detalles del suceso sin poner el foco en por qué ha ocurrido y qué debemos hacer como sociedad para impedirlo no soluciona nada, sino que lo empeora. Se necesita mucha y nueva pedagogía sobre la agresión sexual para que dejemos de ver solo a una chica traumatizada por una violación en una calle oscura y abordemos la cuestión como una problemática general que nos concierne a todos directamente.

El abordaje posterior, clave para una buena recuperación

Todos nos sentimos consternados por casos de agresión sexual, pero tenemos que cambiar la forma de enfocar el abordaje de estos delitos. Hacer mucha labor de prevención social y si desgraciadamente estos casos siguieran produciéndose, proteger la intimidad de la persona agredida y empoderarla.

Que la persona agredida reciba atención psicológica en horas posteriores a la agresión por parte de personal verdaderamente cualificado puede reducir en un gran porcentaje el impacto negativo de este suceso en su vida. Sin embargo, una mala atención psicológica, médica y social puede resultar casi tan nociva como el hecho en sí.

Mujer llorando

Estudios dentro de la psicología ponen de manifiesto que el Trastorno de estrés postraumático se da en alrededor del 50% de la personas víctimas de una agresión sexual y que a veces el pronóstico de recuperación para estas personas es peor si el hecho es denunciado y conocido por su ámbito familiar y social.

Esto es bastante inquietante y pone de manifiesto la reticencia a denunciar este tipo de casos por la re-victimización que sufren después. No hay confianza en la formación de ciertos “profesionales” y la escasez de recursos impera. El sistema no funciona cuando las víctimas tienen miedo y vergüenza y los agresores se sienten poderosos frente a la víctima, incluso cuando son atrapados y se sientan en el banquillo de los acusados.

Qué nos cuentan de la violación y cuál es la realidad

Desde muchos medios se dice de forma velada e implícita que las violaciones se producen en un contexto muy determinado: mujeres solas caminando a mitad de la noche por un sitio inóspito. El mundo del cine nos repite de manera periódica este mensaje. Por ejemplo, en la película “Irreversible” protagonizada por Mónica Belluci , la brutal agresión se produce en un túnel subterráneo por el que ella pasa para acortar su camino.

En esta controvertida película se lanza el mensaje de que andar sola por determinados sitios sin estar acompañada puede acarrear que te suceda algo así. En la película Acusados, que marcó un antes y un después en este género, era Jodie Foster la que tras unas copas de más era asaltada por unos cuantos indeseables.

Una vez más, se lanza un mensaje implícito de miedo a las mujeres respecto su comportamiento previo a la agresión. De esta manera se manda un mensaje velado: si frecuentas determinados lugares y actúas de determinada forma estarás comprando papeletas para ser víctima de una agresión sexual.

En estas películas no se culpabiliza a la víctima pero…¿Por qué se centran en la conducta previa de la agredida y no profundizan en la del agresor?

jodie-foster-acusados

Que la violación solo aparezca como un suceso que ocurre “en los bajos fondos” y con mujeres vestidas de forma sensual transmite un mensaje peligroso: “vale, es algo despreciable, pero es más lógico que pase en esos ambientes”.

Claro está que este tipo de agresiones ocurre y que las mujeres no tienen ningún tipo de responsabilidad, pues la máxima es que no deben existir sitios ni horarios peligrosos para nadie; pero el abordaje por parte de algunas películas que parten de la ausencia de una mirada feminista, deja que desear. Así, los detalles son importantes y el enriquecimiento acerca del proceso de recuperación de la víctima se obvian. Falta sensibilidad y profundidad.

Si toda mente lúcida tiene claro que NO ES NO en cualquier circunstancia, cabría esperar, bajo un prisma de responsabilidad cinematográfica (que en ocasiones implica también responsabilidad social) los guionistas y directores pasaran una revisión de la estructura patriarcal en la que tienen lugar las agresiones. Sería deseable que que pusieran el dedo aquí, más que en señalar detalles irrelevantes y morbosos sobre la vestimenta y sensualidad de la mujer que es agredida.

Por otra parte, la mayoría de las agresiones sexuales son cometidas por figuras de autoridad en la infancia (monitores, profesores) o miembros de la misma familia. Otras muchas son atacadas en pleno día y en el interior de sus casas o saliendo del trabajo. Otras, por su pareja.

La vida después de una violación, con trauma o sin él

El foco después de que una mujer u hombre haya sufrido una agresión sexual debe estar centrado en varios aspectos: atención psicológica a la víctima después de la agresión si esta lo necesita, reconstrucción emocional de lo sucedido (La Terapia EMDR de Shapiro parece dar resultados muy esperanzadores), asesoramiento judicial y empoderamiento de la víctima.

Mujeres sufriendo

En los medios se hace un especial hincapié en que la víctima quedará traumatizada después de la agresión. Esta no solamente es una relación causa- efecto que no siempre se cumple, sino que además es reduccionista porque el impacto de la agresión depende de diferentes factores:

  • Sistema de afrontamiento del estrés.
  • Apoyo social percibido.
  • Sentimientos de enfado y odio después de la agresión.
  • Cuadro clínico previo respecto a su salud mental.
  • Elaboración del suceso: identificación de causas.
  • Características de la agresión y relación con el agresor o los agresores.
  • Circuito de asistencia social y tratamiento posterior.

Ante todo, hay que dar una vuelta de tuerca a la reacción de la sociedad ante estos hechos. Señalar al agresor y no de la víctima, empoderamiento de ésta. Además, es necesario reconocer su papel de víctima en el hecho, pero no caracterizarla de una manera permanente en este rol sino como una mujer valiente que ha verbalizado un episodio que nos concierne a todos como sociedad.