Vergüenza y depresión ¿cómo se relacionan?

21 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La vergüenza es una emoción inhibitoria y está muy presente en los trastornos depresivos. Nos hace sentirnos falibles, inseguros, filtra nuestra realidad a través del miedo, restando impulso e impidiéndonos ser, actuar, decidir...

Vergüenza y depresión orbitan en una misma esfera psicológica, se relacionan, se retroalimentan una a la otra. Así, y aunque a la hora de hablar de este trastorno lo vinculemos con emociones como la tristeza, la angustia o la frustración, es necesario entender la gran complejidad que se integra en esta realidad mental. En ella, navegan de manera turbulenta un gran número de sensaciones y sentimientos.

Asimismo, hay algo evidente: cada persona evidencia un relieve a la hora de manifestar una depresión. Los hay que quedan inmovilizados, atrapados en el sufrimiento y buscando el refugio de una habitación con las persianas bajadas. Otros en cambio enmascaran el malestar con la hiperactividad, con la necesidad de estar siempre haciendo cosas para no pensar.

Sin embargo, podríamos decir que el filtro de la vergüenza está presente de muchas maneras. Se adhiere a casi cualquier pensamiento, haciéndonos sentir falibles, logrando que dudemos de nosotros a cada instante… hasta instalarnos en el rincón de la culpa, del miedo, de la inutilidad y la indefensión.

Profundicemos un poco más en esta relación.

Mujer tapándose la cara para representar la relación entre vergüenza y depresión

Vergüenza y depresión: relación, síntomas y afrontamiento

La vergüenza es una emoción inhibitoria, al igual que la culpa y la ansiedad. ¿Qué significa esto? ¿Qué implicación tiene en los trastornos del estado de ánimo? Lo que hace básicamente es alejarnos de nuestro ser interior e invalidarnos. Lo que logra, a su vez, es no dejar que seamos nosotros mismos, nos alimenta de inseguridades y nos inocula el miedo por expresarnos, por actuar,p or ser y hasta sentir.

Cabe señalar eso sí que no por ser algo más tímidos o vergonzosos corremos un riesgo mayor de experimentar una depresión. En realidad, esta emoción es un componente más en dicho trastorno psicológico, es un ingrediente más que actúa como freno e intensificador del sufrimiento. Comprendamos más aspectos a continuación.

La fisiología de la vergüenza

La vergüenza nos informa de un estado interno de insuficiencia, de que no somos buenos o dignos para algo. Impulsa la sensación de arrepentimiento, de culpa por no estar cumpliendo con nuestros ideales o responsabilidades.

Es más, esta emoción actúa también a nivel fisiológico de muchas maneras: nos desconecta, reduce la energía y altera incluso a la fisiología de la digestión, del descanso nocturno… Nos paraliza con el miedo y nos tortura con la idea de que no valemos para casi nada.

Asimismo, es importante saber que la vergüenza, como la timidez, no suponen un problema en caso de que las sintamos de manera ocasional. Ahora bien, cuando son una constante en nuestra vida, aparecen las fobias, los trastornos en la conducta alimentaria, etc.

Vergüenza y depresión ¿cómo se manifiestan?

Cuando una persona sufre depresión, toda la mecánica emocional y cognitiva se altera. Algo que ha podido verse en estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Coimbra (Portugal) es que cuando una persona sufre este trastorno, es común que lleguen a la memoria las experiencias del pasado relacionadas con la vergüenza. Es como si nuestra mente buscara aún más detonantes para elevar el sufrimiento.

Así, y por término medio, el vínculo entre vergüenza y depresión se manifiesta de la siguiente manera:

  • Las personas dejan de hacer aquellas cosas que les ayudaban a sentirse bien consigo mismas. Ahora, el sentimiento de vergüenza cursa con ideas como «si lo haces fracasarás, meterás la pata y quedarás en evidencia, no lo intentes porque no sirves para eso y se reirán de ti…».
  • La depresión hace que uno no tenga ganas de hacer las tareas de casa, de terminar ese proyecto, hacer deporte, cumplir con eso que nos han pedido… Al poco, la vergüenza empieza a pinchar, logrando que nos sintamos mal con nosotros mismos. Que nos avergoncemos de la persona en la que nos hemos convertido.
  • Aparece también la angustia por ser juzgados en cualquier cosa que hagamos o dejemos de hacer. En ocasiones, aún encontrando algo de fuerzas para cumplir con una tarea, la idea de que nos critiquen lo impide. Tememos que nos avergüencen por ello, de manera que no lo hacemos, no lo intentamos y esto, duplica aún más el malestar.
  • Asimismo, también es común sentirse avergonzado de estar deprimido. Interpretan que es una carga.
Mujer terapia psicológica

¿Cómo se manejan este tipo de situaciones?

Vergüenza y depresión están relacionados, pero esta emoción no deja de ser una dimensión más de esa complejísima dinámica psicológica que define estas condiciones. Por tanto, a la hora de tratar y afrontar este tipo de trastornos es importante contar siempre con un diagnóstico adecuado.

En ocasiones, la persona puede padecer otras comorbilidades. Tal y como hemos señalado anteriormente, cuando aparece la vergüenza y esta se instala de manera permanente, pueden aparecer fobias e incluso trastornos de la conducta alimentaria.

Así, por término medio, existen diferentes enfoques para tratar la depresión:

  • Tratamientos farmacológicos (fluoxetina, paroxetina, sertralina o citolopram…). En ocasiones, pueden servir de ayuda, pero por sí mismos no son la solución al problema.
  • Terapia cognitiva-conductual. Técnicas como la reestructuración cognitiva o las técnicas de solución de problemas, favorecen que la persona mejoren sus patrones de pensamiento para mejorar en autocontrol y bienestar.
  • Terapia de aceptación y compromiso. Este recurso terapéutico facilita que que el paciente pueda aprender a crear una vida más significativa al aceptar el dolor y la contradicción que inevitablemente, aparece siempre en el día a día.

El universo mental de las personas con depresión es tan duro como complejo. A pesar de ello, debemos tenerlo claro: se puede superar. Por tanto, no dudemos en pedir ayuda cuando lo necesitamos.

  • Dinis, A., Carvalho, S. A., Pinto Gouveia, J., & Estanqueiro, C. (2015). Shame memories and depression symptoms: The role of cognitive fusion and experiential avoidance. International Journal of Psychology and Psychological Therapy15(1), 63–86.