Carta a la timidez

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
27 julio, 2019
A ti, timidez, que has estado cada momento a mi lado, te dedico estos párrafos para que comprendas por qué eres tan importante en mi vida.

Querida y apreciada timidez, hemos caminado de la mano y vivido diversas aventuras. Después de cada recorrido por el sendero de la culpabilidad, la angustia, la vergüenza, el dolor, la ansiedad y el estrés quiero que sepas lo que siento y pienso respecto a ti.

Son varios años los que llevamos juntos, y no es que quiera separarme por completo de ti o que los instantes vividos no hayan sido inigualables, pero debo tomar las riendas de este asunto.

Después de reflexionar, me di cuenta de que cada vez que camino junto a ti puedo aprender algo. Por ello, te escribo esta carta, comunicándote cada una de las conclusiones a las que he llegado.

Mujer mirándose al espejo

Timidez, eres parte de mí

Muchas veces te llegué a ver como una fuerza ajena que se apoderaba de mí justo en los momentos en los que necesitaba más tranquilidad. Posteriormente, paso a paso, comprendí que no eras tan extraña.

Pensaba que aparecías para apoderarte de mi voz, de mi cabeza, de todo mi cuerpo. Pero hoy sé que no vienes porque sí. Entendí, que eres parte de mí y, por lo tanto, no eres omnipotente, yo soy quien te otorgo el poder.

Por eso, querida timidez, quise hablarte hoy. Para que sepas que por fin comprendí, que somos uno y que podemos hacer las paces para andar por diferentes rumbos, hay algo más allá de la angustia y la vergüenza. ¡Podemos experimentar cosas nuevas!

Entonces, como formas parte de mí, tengo una tarea: voy a autoconocerme para identificar qué es lo que me causa tanto miedo; así podré gestionarnos mejor. ¿Te imaginas tomar decisiones más asertivas, ser creativos y no estancarnos en la sensación de vergüenza y culpa?

Además, voy a ser más resiliente, para poder sobreponerme a las adversidades. Así, tendremos más armonía. Pero te advierto querida timidez, que no será sencillo, debemos ir paso a paso.

Sé que tienes buena cara timidez

No pienses que todo está mal entre nosotros timidez. Todo lo contrario, está mejor que nunca, porque al pensarte pude darme cuenta de lo mucho que he necesitado y del gran valor que tienes.

Lo que me llevó a odiarte fue concentrarme mucho en el pasado o anticiparme a los hechos, y no aprovechar el momento presente. Te aseguro timidez que, viviendo el aquí y ahora, nos podríamos sentir más liberados.

Tampoco me sirvió ser tan pesimista. Centrarme en lo negativo solo me instaló en un estado de ánimo de similar valencia, reduciendo al mismo tiempo el tamaño de las puertas de salida. Aunque ahora, también lo valoro, pues navegando en las aguas más oscuras pude obtener este aprendizaje.

Timidez, sé que tienes buena cara. Gracias a ti he desarrollado muchas destrezas, por ejemplo, soy un gran observador y analista. Ver todo en silencio me ha ayudado a conocer a los demás, de hecho, conozco bastante sobre su lenguaje no verbal. Además, timidez, de la mano de la prudencia tú me has ayudado a sobrevivir.

También, te puedo decir, timidez, que gracias a ti repaso diferentes ideas, lo que ejercita mi memoria y la reflexión. Sé que no siempre es positivo, sobre todo cuando mis pensamientos se tornan rumiantes, pero hacerlo una que otra vez y ser consciente de ello me ayuda a reflexionar… a la vez que estimulo mis funciones ejecutivas.

También, me gustaría hacerte una pregunta. ¿Sabías que cualquier persona puede sentir, pensar, y comportarse como nosotros en algún momento de su vida? Lo que sucede es que tendemos a etiquetarnos, sacando de nuestro foco de atención otros aspectos.

Entonces, todos podemos pasar por momentos de timidez. Por ejemplo, cuando nos llenamos de nervios ante la persona que nos gusta o cuando debemos hablar en público. Por ello, es importante que dejemos de vernos como algo negativo; y que aprendamos a diferenciar cuando se trata de un asunto que va en contra de nuestro bienestar.

Muchos te confunden con un parecido, se trata de la fobia social; se puede dar en personas tímidas, pero no todos los tímidos desarrollan fobia social. Tal y como sugieren Cano Vindel, Pellejero, Ferrer, Iruarriza, y Zuazo en su artículo «Aspectos cognitivos, emocionales, genéticos y diferenciales de la timidez«, la diferencia es importante.

Ahora bien, la fobia social es un trastorno mental que está definido por el Manual Diagnóstico y Estadístico de Salud Mental. Consiste en un trastorno de ansiedad en el que hay un miedo persistente a una o más situaciones sociales. Se diferencia de ti timidez, sobre todo, porque suele ser continua e incapacitante.

Chico triste con un ventana

Timidez, me quitaré la coraza para hacerte más pequeña

Sé que haces parte de mí. Por ello, no puedo escapar por completo. Sin embargo, sí me puedo quitar las máscaras que llevo para hacerte más pequeña. Esto nos beneficiaría: disminuirían las sensaciones desagradables. Para llegar a ese punto, voy a comenzar explorándome, así me conoceré más y podré tomar decisiones que me generen menos disonancia, malestar. Entonces, seré más auténtico. Además, te ayudaré de la siguiente manera:

  • Evitare los juicios. Ya que estos te llevan al pesimismo y refuerzan que sigas evitando enfrentarte a las situaciones.
  • Ir más allá de ti. Se trata de dejar de estar encismada y ponerle atención a los demás, aunque parezca que lo haces, te estás centrando en lo que imaginas que los demás piensan, no en lo que ellos realmente te están comunicando.
  • Prepararte. Para sentirte más seguro puedes preparar lo que vas a decir, cómo lo harás y con qué recursos cuentas para ello.
  • Metas reales. Si te pones metas inalcanzables propiciarás la frustración.
  • Cuida el lenguaje no verbal. Así transmitirás el mensaje adecuado.

Recuerda, querida timidez, que aunque quieras pasar desapercibida, los demás también cuentan con la capacidad de interpretar tu lenguaje. Si estás ensimismada, alejada, y en silencio te harás muy visible, aunque creas que no.

Así, será más fácil si afrontas la situación con los recursos de los que dispongas. No se trata de que te vuelvas quien no eres. Simplemente que des un poco de ti, y que identifiques qué cosas te favorecen a la hora de interactuar y las utilices a tu favor.

Para finalizar, me despido agradecida porque me has enseñado mucho. Sin ti, no sabría quién soy, no habría llegado a ser tan buen observador ni habría salid con éxito de algunas situaciones; aunque no lo creas fuiste mi mejor recurso en un momento determinado.

Hagámonos la vida más sencilla. Sigamos de la mano, pero seamos más asertivos a la hora de actuar, carguemos menos cruces y trabajemos con más sentido. Sigue conmigo, pero el control me lo quedo yo.

  • Cano Vindel, A, Pellejero, M. Ferrer, M.A. Iruarrizaga, I., & Zuazo, A. (2006). Aspectos cognitivos, emocionales genéticos y diferenciales de la timidez. Revista Electrónica de Motivación y emoción, 12, 49-59.
  • Lane, C., & Muñoz, J.P. (2011). La timidez. Zimerman.