Vigotsky, Luria y Leontiev: los artífices de una educación revolucionaria

Alejandro Sanfeliciano · 23 septiembre, 2017

A principios de siglo XX, tras las revoluciones socialistas, nació una nueva corriente psicológica en el contexto de oposición al capitalismo norteamericano. Y uno de sus primeros problemas a resolver fue encontrar una nueva educación que hiciera frente a sus exigencias. Los máximos representantes de esta psicología soviética y artífices de esa educación revolucionaria fueron Vigotsky, Luria y Leontiev.

Según la visión de estos psicólogos, la educación era un asunto central: un instrumento imprescindible para que la revolución iniciada se trasladase a las siguientes generaciones. Hoy en día se consideran los estudios soviéticos de alto rigor científico y los precursores de una educación revolucionaria. En este artículo vamos a atajar el pensamiento de estos psicólogos desde sus ideas de comunicación, desarrollo y objetivos de la educación.

El modelo de comunicación

El primer problema que apreciaron en la educación de su época es la pobreza de la comunicación existente. Veían que los alumnos eran sujetos pasivos en la situación de aprendizaje, una consecuencia de que la comunicación era unidireccional desde el profesor a los alumnos. El modelo de enseñanza se basaba en un maestro que busca transmitir sus conocimientos a los alumnos y estos absorber estas nociones sin cuestionarlas.

Aula

La psicología soviética venía a romper con esto, buscaban una educación constructivista. En este modelo los alumnos son los que construyen su conocimiento, y son sujetos activos de su aprendizaje. Por lo tanto el modelo de comunicación unidireccional se les quedaba corto. Para lograr que los estudiantes construyan sus ideas era necesario convertir el aula en un espacio de debate. La comunicación debería darse libremente entre alumno-alumno y alumno-profesor, con las dos partes dispuestas a hablar y a escuchar.

La función del profesor en este aula no sería la de comunicar sus conocimientos magistrales. Aquí su meta sería guiar el debate entre los alumnos para fomentar en ellos una buena construcción del aprendizaje. Esto es una tarea altamente compleja, pero se ha demostrado multitud de veces que cuando el aprendizaje es activo, la calidad educativa aumenta de manera significativa.

La importancia del desarrollo

Otro problema fundamental que observaron fue la clarificación de la relación entre el aprendizaje y el desarrollo. Las bases de este principio las sentó Vigotsky a través de su teoría de la Zona de Desarrollo Próximo (ZDP). Vigotsky veía absurdo hablar del aprendizaje de manera independiente al desarrollo cognitivo del individuo. Él expuso un teoría en la cual el desarrollo predisponía al aprendizaje y el aprendizaje al desarrollo, creando así un ciclo de desarrollo-aprendizaje-desarrollo.

Vigotsky como ejemplo de promotor de educación revolucionaria

¿Pero qué es exactamente la ZDP? Antes de profundizar en este concepto debemos entender que cualquier persona tiene dos niveles de capacidad: (a) el nivel de compentencias que alcanza por él mismo, y (b) la compentencia que alcanza con el apoyo de un tutor. Por ejemplo, un alumno puede realizar una serie de problemas matemáticos por sí solo, pero si cuenta con la guía del profesor, este alumno será capaz de realizar problemas más complejos.

Por lo tanto, la ZDP sería la diferencia que existe entre lo que es capaz de hacer el individuo con apoyo menos lo que es capaz de hacer solo. Este concepto nos propone un área potencial de desarrollo para cada persona en la que trabajar. Según Vigotsky, la misión de la instrucción es convertir esas competencias de la ZDP en compentencias que la persona pueda poner en marcha a un mismo nivel sin ayuda. Cuando esto ocurra, el individuo desarrollará una nueva ZDP donde seguir avanzando, creando así un continuo desarrollo-aprendizaje-desarrollo.

El objetivo de la educación revolucionaria

Aquí nos topamos con una de las cuestiones claves de esta educación revolucionaria: cuál es el verdadero objetivo de la educación. Antes de contestar, los psicólogos soviéticos observaron la realidad y vieron que el objetivo de la educación distaba de ser el desarrollo del potencial de los alumnos.

Concluyeron que la misión de la educación de su época era dotar con mano de obra personas para los puestos que demandaba el mercado. Es decir, crear una división del trabajo y dirigir la educación para que las personas que pasaban por ella fueran capaces de completar los cupos de esta división del trabajo. Hoy en día, con matices y excepciones, podemos observar en nuestro sistema educativo la misma meta.

Profesora feliz con sus alumnos

Esta nueva corriente psicológica, buscaba romper con esta dinámica. Creían que todos los individuos deberían tener la oportunidad de desarrollar su máximo potencial intelectual. Eso sí, sin olvidar que se necesitaban trabajadores para mantener la sociedad, por ello creían que lo idóneo era que los estudiantes participaran directamente en la vida económico-social, saliendo de la escuela periódicamente para entregarse al trabajo necesario para mantener la sociedad.

Actualmente podemos observar que no existen muchas diferencias entre el sistema contra el que luchaban estos psicólogos y el actual. Hoy vemos la mayoría de aulas que la comunicación sigue siendo unidireccional, y estamos lejos de intentar explotar la ZDP de cada alumno. La educación revolucionaria propuesta por Vigotsky, Luria y Leontiev ha caído en el olvido. ¿Pero a qué es debido esto? Esto se debe a que el objetivo de la educación sigue sin ser el desarrollo del potencial humano. Nuestro sistema busca generar trabajadores, al igual que una industria genera cualquier otro producto.

Si de verdad queremos avanzar como sociedad, la educación es un factor clave. Y mientras tengamos un modelo educativo que no se preocupa por el desarrollo de cada persona, seremos incapaces de progresar. ¿Pero qué podemos hacer para resolver este gran problema? Esta es la pregunta que nos toca resolver a través del estudio científico de la educación y la sociedad.