Análisis de «Persona»: Ingmar Bergman y el psicoanálisis

18 agosto, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Cristina Roda Rivera
Ingar Bergman y el psicoánalisis puede ser al cine lo que Skinner y el conductismo a la ciencia de la psicología. Si bien el psicoanálisis es denostado por la mayor parte de la psicología actual, siendo sus principios rechazados por el ámbito científico; la sociedad en general no debería privarse del psicoanálisis.

El cine, que analiza el alma en los rasgos de sus intérpretes, que filma tanto el silencio como la palabra, visible e invisible, siempre ha sido una buena forma de abordar los abismos del inconsciente. Esa parte de nosotros que se nos escapa irreduciblemente y que Ingmar Bergman reclama con su cine.

Desconfío de los que quieren «cientificar» las relaciones humanas de la misma forma que me desalientan los alabadores de dioses. Habría que dejar gran parte del psicoanálisis fuera de la consulta, pero al alcance de todo ser humano como guía accesible de planteamientos y cuestionamientos.

Así lo hacía Bergman cuando pocos han conseguido transmitir ese universo verdadero de todas las relaciones humanas. Cándidas, viscerales, silenciosas y con una parte inconsciente que el espectador quiere captar.

Intrumentos del cine

La ausencia de Ingmar Bergman y el psicoanálisis en la sociedad actual

Vemos poco de Ingmar Bergman en el cine contemporáneo. Nos alejamos de su manera de hacer cine como del psicoanálisis. Lo ridiculizamos hasta que un día vuelva a girarse la rueda y nos interesen más las dudas que las certezas.

La manera de entrever lo subjetivo del psicoanálisis, sin que ello implique darle valor científico. El psicoanálisis tiene valor social. Es un intento de explicar al ser humano que puede regar el arte. Y a muchas nos sigue importando el arte.

Ingmar Bergman y psicoanálisis en Persona

Los temas comunes de Bergman giran en torno a la muerte, la religión, las relaciones y la mujer como tema en sí mismo. La fascinación que ejerce la mujer sobre Bergman da que pensar en términos junguianos de la propia ánima de Bergman.

En Persona, Bergman filma lo que a él le importa. Dos mujeres hablando crudamente sobre su deseo, sexo y abortos en un cara a cara introspectivo. Hace una película con mujeres que hablan sin tabúes. ¿Cuántas veces más se ha hecho en el cine actual?

La persona es tan solo una máscara de la psique colectiva, una máscara que transmite la engañosa sensación de ser individuo y que, no siendo más que realmente un papel interpretado en el que toma la palabra la psique colectiva, hace que los otros y nosotros mismos pensemos que seríamos individuales.

Elizabeth, en ese estado de retiro y aislamiento no demuestra más que su miedo o terror a la vida. Para los gestálticos se caracteriza como aquel momento de desconcierto en el que nos damos cuenta de que ya no nos sirven los «recursos neuróticos» (la capa que Perls llama de Clichés y roles).

Al mismo tiempo, experimentamos un gran miedo a profundizar porque ya no sabemos (o no controlamos) hacia dónde nos dirigimos, tanto hacia nosotros mismos como en nuestra relación con el mundo.

Persona: psicoterapia en el cine

Persona es la historia de un trabajo psicoterapéutico original, ya que es lo opuesto al dispositivo habitual de la cura analítica, es el paciente quien escucha y el «cuidador» quien habla.

Desde este punto de vista, Persona puede verse como la historia de un análisis salvaje. Para Ingmar Bergman, el cine debe ofrecer una experiencia intensa, dramática, incluso traumática.

La escena más extraña de la película es en la que los rostros de las dos mujeres, la actriz Elizabeth Vogler (Liv Ullmann) y Alma la enfermera (Bibi Anderson) se deslizan una sobre otra y superponen. Las partes conscientes se oponen, pero sus partes inconscientes se encuentran. Esta superposición se refleja en la imagen por la introducción de la cara de una en la sombra de la cara de la otra.

A nivel psicológico, la película plantea el problema de los límites de la reflexividad: ¿en qué medida el otro es mi espejo? Es decir, en qué grado me defino por la forma en que miro a la otra persona, por la mirada que quiero que ella tenga de mí. Esta escena cinematográfica cuestiona el estado de nuestra identidad.

Para comprender el posterior desarrollo de la película, hay reflexionar sobre el concepto que introdujo Heinz Kohut dentro de la comprensión del fenómeno de la transferencia y al que llamó transferencia especular.

Mujer con el rostro triste

Se entiende a esta como el tipo de proyección que el paciente realiza sobre el analista o psicoterapeuta y que parte del concepto indicado por Kohut como «resonancia empática», es decir: la necesidad de todo ser humano de ser reflejado -por otro- para reconocerse a sí mismo.

Por todo esto podemos deducir que Persona es un proyecto psicoterapéutico y cinematográfico jamás visto, en el que los temas arrojados por el psicoanálisis quedan reflejados en pantalla sin que se les intente dar una explicación formal o de mayor calado que el artístico.

Una propuesta introspectiva, femenina y arrolladora que sin complejos trata temas ridiculizados para después constituir una propuesta poderosa que no necesita validación científica, sino cinematográfica.