La identidad y el barco de Teseo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 junio, 2018
Roberto Muelas Lobato · 3 junio, 2018

Tendemos a pensar que nuestra identidad es única e inmutable, que siempre es igual. Sin embargo, la realidad es que nuestra identidad es más frágil de lo que aparenta. Para entenderlo mejor, la paradoja del barco de Teseo nos puede servir como ejemplo. Dicha paradoja cuentan que: “En el curso de sus viajes, la madera se rompía o se pudría, y tenía que reemplazarse. Cuando Teseo volvió a casa, la nave que atracó en el puerto no disponía ni de una sola pieza del barco que de allí había salido”. Aun así, la tripulación no dudaba de que se trataba de la misma embarcación.

La historia del barco de Teseo es una paradoja del reemplazo. Si a un objeto se le reemplazan todas sus partes, ¿sigue siendo el mismo objeto? Esta paradoja también se puede aplicar a nosotros, a las personas. ¿Seguimos siendo los mismos si nuestro físico cambia? ¿Y si lo que cambia es nuestra personalidad?

Estatua de Teseo

La leyenda del barco de Teseo

Teseo fue, según la leyenda griega, el rey fundador de Atenas. Otras leyendas destacan que fue el mismísimo Poseidon. En una de las historias de Teseo se relata un viaje en barco desde Creta hasta Atenas. El barco usado fue conservado durante 300 años por lo que las distintas piezas del barco se fueron reemplazando. Al final, tras tanto tiempo, el barco ya no se parecía al original. Ninguna de las piezas del barco se correspondía con las primeras que se habían usado para construirlo.

La cuestión que surge es, si en un barco de 30 remos reemplazamos un solo remo, ¿seguiría siendo el mismo barco? ¿Y si se reemplazan 15 remos? ¿Y si se reemplazan todos los remos? O, ¿si en vez de los remos, se reemplazan tablas que se van rompiendo? ¿Y si al final se acaban reemplazando todas las tablas del barco? El problema, y lo que convierte en una paradoja, es que es muy difícil saber exactamente el punto en el que una cosa pasa a ser otra distinta si reemplazamos sus partes.

El barco de Teseo en la filosofía

El filósofo Thomas Hobbes fue más allá en esta paradoja. Él planteaba que cada pedazo de madera que se sustituía del barco era guardado. De este modo, cuando todas las piezas se habían cambiado, se construía un nuevo barco con las piezas viejas. A partir de esta historia, Hobbes planteaba las siguientes preguntas, ¿cuál de estos dos buques es el verdadero barco de Teseo? El que se hizo con el material original, se podría decir. Pero eso no es lo que piensa Teseo, él cree que su barco ha sido renovado no sustituido.

La misma paradoja se aplica a la identidad. ¿Tenemos una identidad estable o esta puede cambiar? El filósofo Heráclito se posicionó con su famosa declaración: “Ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos”. Ante lo cual surge la duda de si la identidad se renueva o se cambia, sigue siendo la misma o es otra.

El cambio en las identidades

Los cambios en la identidad

En el caso de las personas está paradoja es más sencilla cuando se trata de lo físico. Aunque existen trasplantes de varios órganos, nunca se podrían realizar todos los cambios esta reemplazarla por completo. Por tanto, se entiende que la persona seguiría siendo la misma. Por otra parte, parece existir consenso en que las personas son su cerebro.

Sin embargo, hay un problema, y es que a medida que la ciencia avanza, nos acercamos al punto en el que el cerebro puede ser un órgano más y por tanto también se pueda también reemplazar. ¿Qué pasaría entonces, si pudiéramos técnicamente trasladar nuestros pensamientos, recuerdos y planes a otro cerebro o a un sistema que se comporte como él? ¿Seguiríamos siendo la misma persona?

Cuando nos miramos en el espejo con el paso de los años, no vemos a la misma persona. Nuestro físico cambia al igual que nuestra personalidad. Sin embargo, las personas no somos solo nuestro físico y nuestra personalidad. Las personas también son sus relaciones con los demás, sus acciones sobre el entorno, sus planes, sus obras, etc. También somos nuestras identidades sociales.

Mientras todo esto siga igual, aunque el envoltorio cambie, la persona va a ser la misma, ¿o no? Como toda paradoja, la del barco de Teseo sigue sin encontrar una respuesta única. No obstante, el pensar sobre ello puede ayudarnos a comprender y aceptar mejor el cambio.