¿Cómo aman las personas que no han sido amadas?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 11 diciembre, 2018
Edith Sánchez · 11 diciembre, 2018
Cuando las personas no han sido amadas durante los primeros años de su vida, suelen tornarse desconfiadas y obsesivas con el amor. Desarrollan apegos desmedidos y todo esto hace que sus relaciones de pareja se vuelvan muy difíciles.

La carencia de afecto deja una huella indeleble durante el desarrollo del ser humano. Las personas que no han sido amadas estructuran buena parte de su manera de ser en torno a ese desafecto. La falta de amor es en sí misma una forma de maltrato. Incide decisivamente en la percepción de uno mismo y de la realidad.

El eco del desamor llega a determinar la vida entera. Sus efectos se ven reflejados en cada una de las etapas del desarrollo. Un niño carente de amor tiene talla y peso más bajos, menor rendimiento académico y más miedo o agresividad frente a todo. En la adolescencia son más rebeldes y más vulnerables a la influencia del grupo. También desarrollan adicciones con mayor frecuencia.

No ser amados es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar”.

-Albert Camus-

Las personas que no han sido amadas llegan a la vida adulta con grandes desventajas. Les cuesta saber quiénes son. Por lo mismo, no descubren fácilmente su vocación y se sienten habitados por la inconformidad. Nada los satisface del todo, no logran encontrar su lugar en el mundo. Una de las consecuencias también tiene que ver, por supuesto, con su vida de pareja. También con la forma de relacionarse con los amigos. La carencia de amor muchas veces es devastadora.

Mujer con miedo a la soledad mirándose a un espejo

La desconfianza, el sello de las personas que no han sido amadas

Las personas que no han sido amadas suelen dejarse invadir fácilmente por todo tipo de miedos. Y es que precisamente uno de los efectos del amor es el de generar sensación de seguridad y estabilidad. Por lo tanto, la falta de afecto da lugar a lo contrario. Esto es, a una sensación de vivir al borde del abismo en todo.

Esto se manifiesta como una desconfianza esencial. No se confía en uno mismo y mucho menos en los demás. Hay una cierta suspicacia en todo aquello que involucre al amor. Cuesta mucho tener relaciones espontáneas con los otros y, en cambio, hay gran tensión. Los vínculos con los demás tienden a volverse tormentosos.

Esa desconfianza suele exacerbarse cuando el amor aparece en el horizonte. Si se estrecha un vínculo o aparecen señales de intimidad, las personas que no han sido amadas entran en estado de alerta. Con frecuencia, eso las lleva a huir, a cerrarse o a obsesionarse.

La idealización y obsesión desmedidas

Uno de los grandes efectos de la carencia afectiva es que conduce a una desmedida idealización del amor. Esto ocurre de forma inconsciente. Surgen fantasías en torno a los efectos salvadores o reparadores del afecto. Se presiente que la vida estará por fin plena y llena si el amor llega a la puerta. Por lo mismo, existe una expectativa desproporcionada frente a lo que otro ser humano nos puede brindar.

Las personas que no han sido amadas enloquecen un poco cuando encuentran el amor en su vida adulta. No saben exactamente qué hacer con él. Les resulta imposible dejarlo fluir simplemente. No lo abordan con naturalidad y, en cambio, suelen desarrollar un conjunto de obsesiones en torno a este.

Lo más usual es que las personas que no han sido amadas terminen obsesionándose con el amor de pareja. Desarrollan un apego desmedido. Es como si quisieran que el otro se haga cargo de ellos, como lo hubiera hecho su madre o su padre en la infancia. Por eso, habitualmente son muy demandantes con su pareja, al tiempo que desconfiados y controladores. El amor se les convierte en un gran problema.

¿Hay salida?

Desafortunadamente, las personas que no han sido amadas suelen hacer del amor un gran lío. No ven la presencia del afecto como un factor que enriquece su vida, sino como una realidad que los llena de ansiedad. Por eso no es raro que ellos mismos terminen saboteando las relaciones de pareja, con sus miedos y sus demandas. A veces también con su hermetismo y desconfianza. Es posible que tras una experiencia afectiva negativa de estas, terminen huyendo del amor para siempre.

Mujer llorando abrazada a su pareja

No hay otra forma de salir de esta dolorosa situación que reestructurar el mundo emocional. Difícilmente esto se puede lograr sin ayuda profesional. En estos casos, es necesario retornar, mental y emocionalmente, a esas etapas de la vida en donde se abrieron las heridas. Mirar esas heridas de frente, limpiarlas y sanarlas hasta donde sea posible.

Algo de ese vacío siempre quedará, pero después de ese proceso de afrontamiento también será mucho más fácil identificar dónde duele, cómo duele y qué se puede esperar. Las probabilidades de establecer relaciones afectivas mucho más sanas se incrementan notablemente. Con algo de trabajo, la herida finalmente cicatriza.

  • Machín Suárez, R., & Santana Romero, L. D. L. C. (2017). Hijas del desamor. Efectos de la perversión femenina materna en la constitución subjetiva de sus hijas.