Las etapas del vínculo de apego

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 14 julio, 2018
Pedro González Núñez · 14 julio, 2018

El apego es el vínculo afectivo que establece el niño con su figura de referencia, esa que le proporciona cuidado, seguridad y protección. Es, por tanto, un mecanismo de supervivencia. Incluso algunos autores se refieren a este lazo afectivo como nuestro sistema inmunológico psicológico. Ahora bien, ¿cómo se desarrolla? ¿cuáles son las etapas del vínculo de apego?

Aunque existen muchas teorías que definen y explican el apego, la más importante y referencial es la elaborada por John Bowlby. Para este psiquiatra y psicoanalista los niños vienen biológicamente preprogramados al mundo para formar vínculos con los demás con el objetivo de sobrevivir. Por lo tanto, creía que todas las conductas implicadas en la creación y conservación de este vínculo eran instintivas.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que el vínculo de apego no desaparecerá con el paso del tiempo, sino que de algún modo nos influirá de por vida en el resto de relaciones que establezcamos. De ahí la importancia de desarrollar un apego seguro basado en sentimientos de confianza y protección.

“Se dice que el amor es ciego. Pero ¿lo es de veras? De hecho, nada hay en el mundo tan clarividente como el amor. Lo que es ciego no es el amor, sino el apego”.

-Anthony De Mello-

Etapas del vínculo de apego

El modelo evolutivo de Bowlby contempla establece cuatro frases para la creación de este vínculo afectivo. Normalmente, estas fases de apego son especialmente notables en las relaciones entre madre e hijo, aunque bien es cierto que en ocasiones este lazo también puede crearse entre un cuidador principal y el niños.

A continuación, explicaremos cómo evoluciona el establecimiento de este vínculo afectivo desde la perspectiva de Bowlby. Profundicemos en las diferentes etapas del vínculo de apego.

Bebé mirando a su madre

1- Fase de preapego

Esta primera fase se produce durante las primeras seis semanas de vida del niño. El pequeño acepta fácilmente, por lo general, a cualquier ser humano que le ofrezca comodidad. Es decir, no muestra una preferencia por nadie en particular.

En esta etapa, el repertorio de conductas innatas por parte del niño le ayudan a atraer la atención de los adultos. Además, responde a los estímulos externos y busca provocar el contacto físico.

En este momento, el reconocimiento materno es muy rudimentario en el bebé. Todavía no muestra un vínculo de apego muy fuerte, pero comienzan a verse las primeras muestras del mismo hacia el final de la fase.

2- Fase de formación

Pasadas las 6 semanas, y hasta los 8 meses aproximadamente, el niño comienza a sentir ansiedad si se separa de otros seres humanos. Aun así, todavía no nota especialmente la falta materna ni rechaza totalmente a los desconocidos.

En esta fase comienza a orientar su conducta y a responder a la madre de forma clara. No obstante, aunque le puede provocar enfado no estar cerca de los adultos, no muestra todavía especial preferencia por su progenitora.

3- Fase de apego

Desde los 6 u 8 meses, y hasta los dos años aproximadamente, es cuando llega la fase del vínculo de apego propiamente dicho. Ahora sí que siente enojo si lo separan de su madre e incluso, puede sufrir ansiedad por ello.

En estos momentos, no es extraño si el bebé muestra rechazo físico a otras personas que no sean su madre, ya que le suponen una amenaza. De esta forma, todas sus acciones se suelen enfocar hacia una llamada de atención de su figura materna, ya que demanda su presencia.

Madre dando un beso a su bebé

4- Fase de relaciones recíprocas

A partir de los 24 meses, comienza la cuarta y última fase, llamada relaciones recíprocas. El pequeño ya entiende que la ausencia de la madre no es definitiva, por lo que si todo va bien, será capaz de calmar su propia ansiedad.

Además, en esta fase aparece el lenguaje, siendo el niño capaz de tener representaciones mentales de su madre. Así pues, predice su retorno, entiende la salida y regreso, y suele llorar menos en su ausencia. Incluso, puede mostrar capacidad para desplegar estrategias que le ayuden a pactar llegadas y retornos al hogar.

“Los niños y los animales quieren a quien los quiere”.

-Ramón Sender-

Finalmente, superadas todas las etapas del vínculo de apego infantil, se crea una relación sólida entre ambas partes. El contacto físico ya no es tan necesario, aunque sí existe en algún momento una búsqueda de la presencia de la madre para sentirse seguro. No obstante, el niño sabe que aunque no exista el contacto, su madre responderá cuando lo necesite.