«De eso no se habla», cuando no expresar nos hace daño

30 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
"De eso no se habla" es una frase que a veces tomamos como mandato. Pero, ¿cuáles son sus consecuencias?

Es común pasar por situaciones en las que sintamos que debemos callar. Nos lo pueden comunicar de manera directa «de eso no se habla» o también podemos intuirlo por la disposición de las circunstancias o el entorno. Por otro lado, una vez que registramos y procesamos el mensaje, está en nuestra mano actuar.

Además, en ocasiones, nos habremos inhibido -no habremos guardado lo que pensábamos- por este mensaje («de eso no se habla«)… sin ser conscientes de ello. Por eso, profundizamos en el tema. En este viaje te mostraremos de qué se trata, por qué callar nos puede causar daño y con qué herramientas podemos afrontar estas situaciones.

«Los secretos y los mandatos de no hablar pueden llevarnos a interacciones poco saludables con: nosotros, los demás y la naturaleza».

Mujer aprovechando los momentos de soledad

«De eso no se habla«, ¿de qué se trata?

Puede darse en distintas situaciones. Por un lado, cuando nos prohíben manifestarnos justificándose en la típica pregunta: ¿qué pensarán los demás? Por otro, cuando nos prohíben hablar de algún tema en el que tengamos interés, y no nos dan explicación. También, cuando hay secretos que permanecen ocultos por uno o varios miembros de la familia. Esas ocasiones que nos resultan traumáticas y no sabemos cómo traducir en palabras para que los demás nos entiendan.

Resulta que, aunque pretendamos que ciertos temas no estén, sí están. Entonces, los pensamientos, sentimientos y conductas, pueden surgir. Esto sucede porque tenemos distintas formas de percibir y comunicarnos y, aunque con el lenguaje verbal no cobre forma, en el no verbal sí puede hacerlo.

Ahora bien, no todas las personas que nos dicen «de eso no se habla» tienen intenciones malévolas. A veces, de forma inconsciente, comunicamos algo que no deseamos o sin intención de hacer mal al otro. Entonces, hay quienes sí quieren causarnos daño y por eso premian nuestro silencio o castigan nuestra dicción, y hay otros que lo hacen, incluso, para protegernos o sin saber que nos pueden herir.

¿Por qué no expresar nos hace daño?

En este contexto, el silencio puede causarnos daño porque impide que nuestro cerebro se ventile, que las ideas adquieran recorrido más allá de nuestro diálogo interno. Todos hemos sentido alguna vez esa sensación de que estamos, por llevar tiempo callados, a punto de explotar.

Ahora bien, cuando otros no nos permiten hablar de ciertos temas, están invadiendo nuestra libertad. Puede que, en algunos instantes sea necesario callar, sobre todo, si la persona se encuentra en un momento difícil, pero hacerlo siempre de alguna manera nos invalida y supone un obstáculo para ayudar al otro o proteger nuestros derechos.

Otras veces, callamos por temor; sobre todo, cuando lo que hemos vivenciado es realmente doloroso o vergonzoso. Sin embargo, es importante expresarlo para poder soltarlo y dejarlo ir, y revivirlo más bien como un aprendizaje; al no hacerlo, podríamos estar vivenciando una y otra vez aquello que nos angustia.

En otros momentos, hay secretos que se mantienen para no causar daño. Sin embargo, lo causan: la persona puede enterarse por otro medio o no ser capaz de asumir ciertos retos vitales porque es más o menos consciente de que algo pasa, pero no lo sabe identificar muy bien.

Mujer preocupada

Estrategia para hacerle frente a estas situaciones

Hay diferentes estrategias para hacerle frente a estas situaciones, veamos algunas:

  • Expresar lo que sentimos. No necesariamente debe ser a través de la palabra, también, podemos hacerlo a través del arte, del ejercicio, la meditación y/o conectando con nuestras emociones.
  • Buscar ayuda. Bien sea a un profesional, por ejemplo, un psicólogo o a las personas que se encuentran cerca de nosotros. No es algo malo, sentirnos agobiados, o que hayamos vivenciado asuntos dolorosos.
  • Cultivar la resiliencia. Es posible salir adelante, ¿cómo? Sobreponiéndonos a nuestros problemas, dándole otro sentido a nuestras experiencias dolorosas, uno más amable y cargado de aprendizaje.
  • Poner límites. Si algo nos causa daño, es importante que lo hagamos saber. Esta es una manera de protegernos y de que los demás sepan lo que nos molesta.

En el otro lado, si lo sospechamos, también podemos pedirle a la persona que nos oculta algo, que lo comparta con nosotros. De esta manera, en muchas ocasiones aliviaremos su carga y estaremos antes preparados para poner en marcha una estrategia de afrontamiento. Como puedes ver, hay múltiples maneras de superar el obstáculo «de eso no se habla».

Es tan importante este asunto que ha sido tratado por diversas ramas de la psicología, como la terapia sistémica. Además, también se está estudiando en investigación. Ludmila da Silva Catela, en su artículo «De eso no se habla. Cuestiones metodológicas sobre los límites y el silencio en entrevistas a familiares de desaparecidos políticos«, nos muestra una reflexión de lo «no dicho, censurado o corregido» y su relación íntima con la confianza y el dolor, sobre todo, en víctimas de la violencia indirecta o no, incluso en generaciones allegadas, que no llegaron a vivenciarla.

Cada asunto no dicho, nos puede causar gran dolor. Ahora bien, es posible expresarlo de distintas maneras. Por otro lado, las personas que nos dicen directa o indirectamente «de eso no se habla» no siempre tienen la intención de dañarnos, pero pueden llegar hacerlo. Por tanto, es importante hacer visible aquello oculto, pero de forma asertiva, y ello demanda, a su vez, determinadas estrategias, habilidades y actitudes.

  • Catela, L.F.S: (2000). De eso no se habla. Cuestiones metodológicas sobre los límites y el silencio en entrevistas familiares de desaparecidos políticos. Historia, antropología y fuentes orales, pp. 69-75.
  • Werba, A. (2002). Transmisión entre generaciones. Los secretos y los duelos ancestrales. Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires, 24, 295-313.