Terapias sistémicas: orígenes, principios y escuelas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 11 noviembre, 2017
Cristina Roda Rivera · 11 noviembre, 2017

Las terapias sistémicas tienen sus raíces en la terapia familiar, aunque actualmente no es necesaria la familia como foco de atención para que la mirada sea sistémica. Desde esta perspectiva lo que prima es la relación, es decir, el proceso de interacción entre las personas y no tanto la observación del individuo aislado.

Fue el biólogo y filósofo austríaco Ludwind Von Bertalanffy quien formuló la Teoría General de los Sistemas en 1968. Este utilizó el concepto de sistema como “un complejo de elementos en interacción” para más tarde aplicarlo al ámbito terapéutico hasta convertirse en el modelo predominante en los estudios de familia y las relaciones.

Ahora bien, la perspectiva sistémica se nutre también de aportes de otras disciplinas, principalmente en lo relacionado al ámbito teórico. Algunas de ellas son la cibernética, los desarrollos pragmáticos de la comunicación y la psicoterapia familiar. Esta integración de perspectivas ha permitido el desarrollo de un amplio ámbito de aplicación que abarca desde tratamientos individuales hasta grupales, de pareja y obviamente de familias (Hoffman, 1987).

El punto de unión de los diversos enfoques es el concepto de sistema. A partir de lo cual se deduce que el todo es mayor que la suma de las partes. Lo que quiere decir que desde el enfoque sistémico se pone énfasis en las propiedades del todo que resultan de la interacción de los diferentes elementos del sistema. Si lo traducimos, esto significa en términos generales que lo importante es la relación que surge de la interacción entre las personas.

Así, los psicólogos sistémicos asumen una idea general: un sistema, sea el que sea, familiar, de pareja o social, está compuesto por un elemento o más ligados entre sí de tal forma que un cambio en el estado seguirá a otro cambio del sistema; pudiendo llegar a conocer aspectos fundamentales de la patología individual de uno de los miembros del sistema.

Antecedentes de las Terapias Sistémicas

Los antecedentes más destacados de las terapias sistémicas podemos encontrarlos en el psicoanálisis. Ejemplo de ellos son los términos “Madre esquizógena” de Frieda From-Reichman, “Madre perversa” de Rosen o el uso de entrevistas familiares de Bell.

Aún así, los inicios más claros de esta terapia surgieron con el antropólogo Gregory Bateson y su equipo de veteranos en la “Administration Hospital de Palo Alto”. Bateson se unió a otros investigadores como Jackson, Haley y Weakland para analizar el sistema comunicacional de las familias esquizofrénicas.

Gregory Bateson
Gregory Bateson

Uno de las teorías más interesantes que surgió a partir de sus investigaciones fue la teoría del doble vínculo. Esta teoría explica cómo la contradicción entre dos o más mensajes puede inducir al delirio para escapar de la realidad. Ya que la contradicción implica recibir dos órdenes simultáneas imposibles de cumplir, ya que la realización de una implica desobedecer la otra. Un ejemplo puede ser la expresión “Te quiero” de una madre a su hija que a nivel gestual transmite rechazo o decir a otro “Sé más espontáneo” o “No seas obediente”.

De forma paralela en 1962, Jackson y Ackerman fundaron la revista Family Process y Bertalanffy formuló la Teoría General de Sistemas; siendo esta última la teoría que desarrolla una serie de factores comunes a todas las terapias sistémicas.

Aspectos comunes de las terapias sistémicas

A pesar de que la terapias sistémicas son muy amplias y abarcan, como hemos dicho anteriormente, un gran grupo de disciplinas, existen una serie de aspectos comunes a todas ellas. El más importante es el concepto de sistema que ya mencionamos como “un conjunto de objetos o elementos que se relacionan entre sí”.

En su Teoría General de Sistemas, Bertalanffy también destacó el concepto de interacción, presuponiendo de este modo que un sistema implica una interdependencia entre las partes o en el caso de las terapias sistémicas, de las personas implicadas en la relación.

Además, en la Teoría General de sistemas se defiende que cada una de las partes que forma un sistema puede ser considerado un subsistema. De este modo, la familia puede ser el sistema y la relación entre madre-hijo el subsistema.

También es importante diferenciar los sistemas abiertos de los cerrados, aunque no existe un criterio unificado entre los investigadores para la diferenciación de los mismos. Si seguimos la conceptualización de Bertanlaffy, un sistema cerrado es aquel que no realiza ningún tipo de intercambio con el medio, mientras que un sistema abierto se encuentra en constante intercambio con el medio o con otros sistemas.

Por ejemplo, los sistemas de familia cerrados no mantienen ningún tipo de intercambio con su entorno. El estado final depende de las condiciones iniciales de dicho sistema y existe un empobrecimiento de energía progresivo en la unión y sistema familiar.

Familia hecha de papel

De esta observación autores como Watzlawick, Beavin y Jackon de la escuela de Palo Alto y de la derivación del estudio de otros conceptos de la Teoría General de Sistemas surge “La teoría de la comunicación humana“. Esta teoría brinda aspectos e ideas comunes a todos los modelos sistémicos como:

  • Es imposible no comunicar. Esta teoría parte de la idea de que toda conducta es comunicación, incluido el silencio. Además, considera que se puede a situaciones en las que el “síntoma” sea la forma de comunicación.
  • Los mecanismos de los sistemas se van autorregulando mediante feedbacks.
  • Existen dos niveles de comunicación: el nivel digital o de contenido y el nivel analógico o relacional. Si hay incongruencia entre ambos niveles aparecen los mensajes paradójicos.
  • La interacción está condicionada por las puntuaciones que introducen los participantes. Esto quiere decir que dependiendo de la versión que construyamos de aquello que vemos y experimentamos marcaremos la relación con las otras personas y viceversa. De modo que la falta de acuerdo respecto la manera de puntuar los hechos es la causa de numerosos conflictos en las relaciones.
  • Existen un sistema de reglas que el terapeuta sistémico debe ir conociendo: las reglas reconocidas, las reglas simétricas, las reglas secretas y las metarreglas.

Aún así cada escuela sistémica cuenta además con una serie de peculiaridades. Veamos algunas de ellas en mayor profundidad.

Escuela interaccional del MRI: Watzlawick, Wakland y Fisch

Esta escuela sistémica se identifica con la segunda generación de investigadores de Palo Alto (Watzlawick, Weakland & Fisch, 1974; Fisch, Weakland & Segal, 1982).

Algunas de las máximas de esta escuela son:

  • Las soluciones intentadas son las que mantienen los problemas, es decir, aquello que la persona lleva a cabo para remediar lo sucedido en ocasiones lo único que hace es mantenerlo.
  • Las intervenciones se dirigen a identificar los circuitos que intervienen en la relación y las soluciones intentadas. El objetivo es modificar las pautas interaccionales, lo que se conoce como Cambio 2, ya que las soluciones intentadas fallidas son Cambio 1 o “más de lo mismo“.
  • Una de las estrategias utilizadas son las intervenciones paradójicas. Es decir, prescribir tareas o comunicas ideas muy alejadas del sistema común, pero acordes al marco referencial del sistema. Para ello utiliza, “hablar el lenguaje del paciente” y “cargar con sugestión la prescripción”.
Paul Watzlawick
Paul Watzlawick

Escuela estructural y estratégica : Minuchin y Haley

Minuchin y Haley son los representantes principales de esta escuela. Para ellos es indispensable analizar la estructura del sistema para saber el tipo de relaciones que tienen sus miembros y así aplicar el tratamiento.

Ambos plantean que las familias se organizan en torno a alianzas y coaliciones. Por ejemplo, una alianza se define por la proximidad de dos miembros en contraste con un tercero más distante. Mientras que una coalición consiste en la unión de dos miembros en contra de un tercero. Las coaliciones de distintas generaciones son denominadas triángulos perversos (la madre y el hijo contra el padre).

Desde esta perspectiva, el terapeuta utiliza una serie de técnicas para modificar la estructura familiar, desafiando las definiciones de la familia y realizando una redefinición positiva del síntoma. También se apuesta por la prescripción de tareas a ciertos miembros de la familia, la desequilibración -en la que el terapeuta se alía con un subsistema- para provocar una reestructuración de límites o las intervenciones paradójicas de Haley.

Escuela sistémica de Milán: Selvini-Palazzoli, la psicosis en la familia

Esta escuela surge de los trabajos de Mara Selvini-Palazzoli y su equipo. Se centran en trastornos como la anorexia o los trastornos psicóticos, que suelen surgir en familias de transacción rígida.

La escuela sistémica de Milán muestra especial atención a los datos recogidos desde el momento de derivación y del primer contacto. A partir de ahí, construyen una hipótesis de trabajo que van contrastando en el desarrollo de la primera sesión. Trabajan sobre todo con los significados de la familia en relación al síntoma y del paciente identificado con el objetivo de encontrar consensos y disconsensos.

Una de las intervenciones creada por esta escuela es prescripción invariable. Un programa específico para trabajar con familias psicóticas que consiste en dar la misma tarea a toda la familia, tratando de aliar a los padres mediante un secreto, que favorece la separación de los subsistemas, sobre todo el formado por los hijos.

Las terapias sistémicas ofrecen otra perspectiva de los problemas y dificultades. Una perspectiva que prima la relación por encima del individuo como foco de trabajo para ayudar a mejorar la vida de las personas. Un camino curioso e interesante que cada vez está cobrando mayor importancia en el ámbito terapéutico.