El cerebro reactivo: cuando anticiparnos a todo trae sufrimiento

28 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por Psicóloga Valeria Sabater
Los estados de ansiedad son, a menudo, el resultado de una mente que solo ve problemas y no sabe cómo actuar ante ellos. Tras este enfoque suele encontrarse un cerebro con un enfoque reactivo que presenta además unas características singulares.

El cerebro reactivo orquesta, facilita y activa los mecanismos de la ansiedad. Esa forma de pensar y de procesar la información actúa poniéndonos en alerta al anticipar riesgos que a menudo ni siquiera existen. Asimismo, este tipo de enfoque es el que provoca que las emociones nos desborden, que nos falte iniciativa e incluso que seamos más impulsivos y menos reflexivos.

Señalaba con gran sabiduría Viktor Frankl que cuando no podemos cambiar una situación que nos produce dolor o malestar, podemos variar nuestra actitud hacia ese problema para reducir el sufrimiento. Este tipo de estrategia e ingeniería mental no la podría llevar alguien con un cerebro reactivo. Porque esa habilidad para variar el modo en que se afronta la realidad es más propio de alguien proactivo.

Así, a pesar de que este último término, el de la proactividad, se relacione en los últimos años al campo de las organizaciones, el liderazgo y la psicología laboral, en realidad estamos ante un concepto que emana salud y equilibrio psicológico. Lo positivo de todo esto es que cada uno de nosotros tenemos la capacidad para pasar de la reactividad a la proactividad, para manejar con eficiencia las adversidades.

Lo analizamos.

Cerebro ardiendo para representas las bases neurológicas de la agresividad

El cerebro reactivo, ¿cómo es?

El cerebro reactivo se relaciona con un tipo de procesamiento cognitivo muy particular. Es ese que ve los cambios como amenazas y que responde ante los estímulos anticipándose de la peor manera: con angustia o de manera impulsiva. Los neurocientíficos llevan años intentando comprender las bases neurológicas de la ansiedad y también de lo que conocemos ya como la mente hiperreactiva.

Estudios, como los realizados en el 2018 por el doctor Alexander Olsen, profesor del departamento de psicología de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, nos revelan datos interesantes que vale la pena conocer.

Pensar de manera proactiva e hiperreactiva, ¿cuál es la diferencia?

El cerebro humano puede procesar la información, razonar e impulsar nuestra conducta partiendo de dos mecanismos básicos: la proactividad y la hiperreactividad. Veamos la diferencia:

  • El sistema proactivo parte de la inteligencia fluida. Este tipo de razonamiento es el resultado de nuestra capacidad para resolver los problemas al usar la lógica e identificar patrones, pensando de una manera más reflexiva.
  • Por contra, el sistema reactivo cerebral es más impulsivo y necesita responder de manera rápida ante los estímulos del entorno. Lo hace de este modo porque, a menudo, parte del miedo, de ese sistema de alarma que activa la amígdala y que nos invita a reaccionar antes de pensar.

Las personas usamos ambas formas de pensamiento. El sistema reactivo nos es útil para actuar ante los riesgos y las amenazas del entorno. El enfoque proactivo, por su parte, nos permite tomar mejores decisiones y manejar el estrés cotidiano con mayor eficiencia.

Ahora bien, el problema llega cuando nos limitamos a utilizar ese primer enfoque, cuando el cerebro reactivo orquesta casi cada situación. Es entonces cuando derivamos en un estado constante de ansiedad.

El cerebro reactivo y la materia blanca

El equipo del doctor Alexander Olsen realizó su estudio en colaboración con la Universidad del Sur de California en el Instituto Stevens de Neuroimagen e Informática. El objetivo era ver qué mecanismos promueven y dan forma al cerebro reactivo. Lo que pudo verse a través de resonancias magnéticas es que pensar de manera fluida y proactiva activa la sustancia blanca.

Por contra, aquellas personas que razonaban de manera reactiva presentaban una menor densidad en la sustancia blanca cerebral. Recordemos, esta área conformada por una red amplia y compleja de axones mielinizados, esencial en las comunicaciones cerebrales. Además, es clave para la conexión entre el hemisferio izquierdo y el derecho.

En esencia, cuando alguien se habitúa a responder a su entorno de manera reactiva, entra en un estado de hipervigilancia constante. Solo percibe amenazas, anticipa más problemas y deriva en estados de estrés. Esas situaciones tienen un gran impacto para el cerebro, lo alteran hasta el punto de desorganizar esa red que conforma la sustancia blanca.

Amigos corriendo para vencer al cerebro reactivo

¿Cómo pasar de la reactividad a la proactividad?

El cerebro reactivo no se puede apagar, como no podemos eliminar de nuestra mente por completo el razonamiento reactivo. Esa forma de procesar el mundo nos es útil y necesaria en ocasiones. Sí cuando hay amenazas, sí cuando hay peligros en nuestro entorno.

Ahora bien, lo ideal es que la reactividad se active en ocasiones muy puntuales. Más allá de esas situaciones, es la mentalidad proactiva la que mediará en nuestro bienestar al reducir los estados de ansiedad. ¿Cómo desarrollarla o activarla con mayor intensidad?

Estas son algunas estrategias:

  • Edward de Bono definió el pensamiento proactivo como ese mecanismo por el que uno se limita dejar que las cosas sucedan sin más. Es convertirnos en agentes activos de nuestra realidad.
  • La gestión emocional y el control de los impulsos es algo esencial y necesario en todos los casos.
  • Debemos desarrollar una mentalidad más reflexiva, abierta además a nuevas perspectivas. La rigidez mental deriva siempre en reactividad y en miedo.
  • El pensamiento lo determina también nuestra actitud y el modo de enfrentarnos a las cosas. Ser positivos, pero realistas a la vez, ser intuitivos, pero lógicos a la vez, define un enfoque eficiente.
  • Es necesario también saber tolerar la frustración y confiar en nosotros. Por muy mal que vayan las cosas, todos tenemos recursos para trazar planes y actuar.
  • El ejercicio aeróbico también nos facilita el poder oxigenar y nutrir esa área tan importante del cerebro, como es la sustancia blanca.

Para concluir, es muy fácil caer en la prisión de un cerebro reactivo que solo anticipa peligros y amenazas. Que suceda esto entra dentro de lo probable. Ahora bien, lo decisivo es saber trazar planes: si algo nos preocupa, diseñemos un plan para abordar ese desafío. Hacerlo nos convertirá en personas proactivas.

  • Alexander Olsen, Emily L. Dennis, Kari Anne I. Evensen, Ingrid Marie Husby Hollund, Gro C.C. Løhaugen, Paul M. Thompson, Ann-Mari Brubakk, Live Eikenes, Asta K. Håberg. “Preterm Birth Leads to Hyper-Reactive Cognitive Control Processing and Poor White Matter Organization in Adulthood.” NeuroImage. Volume 167, 15 February 2018, Pages 419-428. DOI: 10.1016/j.neuroimage.2017.11.055
  • Martin Wohlwend, Alexander Olsen, Asta K. Håberg, and Helen S. Palmer. "Exercise intensity-dependent effects on Cognitive Control Function During and After Acute Treadmill Running in Young Healthy Adults." Frontiers in Psychology (2017) DOI: 10.3389/fpsyg.2017.00406