El hombre de la arena y el concepto de lo ominoso en psicoanálisis

Edith Sánchez · 15 febrero, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 15 febrero, 2019
El hombre de la arena es un relato de terror que escenifica varios de los mecanismos que corresponden a “lo siniestro” o “lo ominoso”. Sigmund Freud se valió de este cuento para establecer los mecanismos inconscientes que operan en esa forma de horror.

El hombre de la arena es un cuento escrito por Ernest T.A. Hoffman. Sigmund Freud lo tomó como punto de referencia para la construcción del concepto de lo ominoso, o lo siniestro, en psicoanálisis. Así mismo, Jacques Lacan se refiere al cuento en su seminario La angustia. El relato forma parte de la obra Cuentos nocturnos y se inscribe dentro del género de literatura de terror gótico.

El psicoanálisis asume que lo ominoso o siniestro es una variante de la angustia. Una “inquietante extrañeza” por la cual lo conocido se torna raro, o lo raro se torna conocido, o ambas realidades a la vez.

Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”.

-Sigmund Freud-

El concepto de lo ominoso explica por qué los seres humanos llegamos a sentir terror de algo que no existe, o de algo que no conocemos. Un ejemplo de ello es el famoso “coco” o “cuco”, un ser que aparece en muchas culturas, aunque no tiene ni siquiera una representación física. Muchas personas llegan a la edad adulta temiendo a la oscuridad, a raíz de esos relatos infantiles del “coco” o “cuco”. ¿A qué temen en realidad? Sea lo que sea, no está fuera, sino dentro de sí mismos.

El relato de El hombre de la arena

El cuento de El hombre de la arena comienza con recuerdos de infancia de Nathaniel. De pequeño, antes de dormir, su madre le decía que era hora de acostarse, pues de lo contrario vendría el hombre de arena y le arrojaría arena a los ojos para que los cerrara. La misma madre le dijo que era una fantasía, pero una criada le señaló que se trataba de una historia real.

Según esta criada, este ser monstruoso era muy malo. Acechaba a los niños que no querían ir a dormir. Les arrojaba puñados de arena en los ojos, hasta que estos sangraban y salían de sus cuencas. Luego el hombre de la arena introducía esos ojos en un saco y se los llevaba a la luna para que sirvieran de alimento a sus hijos.

Niño con miedo en la cama

Nathaniel asocia al hombre de la arena con un amigo de su padre. Este último muere y el chico piensa que el culpable es ese horrible ser. Años más tarde, cree volver a encontrarse con esa figura, a través de un vendedor de barómetros. Más adelante se enamora de Olimpia, que es una autómata, un ser inanimado que él confunde con una mujer.

Todo esto lo va sumergiendo en una espiral de locura y lo lleva a un manicomio. Luego, aparentemente, mejora, pero en un momento dado cree volver a ver al hombre de la arena y esto hace que se lance desde una gran altura, causándose la muerte.

El análisis de Freud

Con base en el relato de El hombre de la arena, Freud da forma al concepto de lo ominoso, o lo siniestro. Comienza haciendo un análisis lingüístico y etimológico de dicho concepto. Por esa vía primero concluye que se trata del extremo opuesto a lo íntimo y familiar. Sin embargo, al profundizar también se da cuenta de que la palabra alude a lo oculto o clandestino y a la palabra “casa”.

A través de este análisis llega al significado que Schelling le da a lo ominoso. Esto es: lo que estando destinado a permanecer oculto, ha salido a la luz. Aparece entonces la ambigüedad de lo siniestro: es familiar (de la casa) y a la vez se trata de algo oculto. Así mismo, esto siniestro es una de las formas que toma la angustia.

Cueva con una luz

Freud encuentra que en lo ominoso opera un mecanismo por el cual algo familiar se vuelve extraño. Es lo que ocurre cuando alguien muere: antes era alguien próximo y ahora es un cadáver que se encuentra en un estado incomprensible. De ahí nacerían los siniestros demonios y espíritus del “más allá”.

En El hombre de la arena el protagonista tiene miedo de perder los ojos. Freud asocia ese temor a la mutilación relacionada con el complejo de castración. También encuentra una clara coincidencia entre el concepto de represión y el tema de lo siniestro. Esto último vendría a ser el retorno de lo reprimido, lo reprimido que sale a la luz. Concluye entonces que lo ominoso es aquello que reconduce a la angustia del complejo infantil de castración.

  • Cattaneo Rodríguez, G. (2012). Lo ominoso y el artefacto de la mirada. Affectio Soc.(Medellin), 8(15), 81-98.