El Exorcista: ¿ha cambiado nuestra percepción del terror?

Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
· 7 enero, 2019
La crítica no suele dejar en muy buen lugar al cine de terror. Y lo cierto es que estas películas rara vez logran aquello que tanto prometen: miedo. Sin embargo, en los años 70, hubo un filme que lo consiguió y con creces: El Exorcista. ¿Cómo ha envejecido el filme de Friedkin? ¿Qué tiene que tener una película para que realmente sea aterradora?

Corría el año 1973 cuando se estrenó El Exorcista. Desde entonces, el cine de terror cambió para siempre, el público acababa de asistir a la película más aterradora de todos los tiempos. El boca a boca incrementó su éxito y los misterios que envolvían el rodaje terminaron por catapultarla a ser catalogada como una «película maldita». Al mismo tiempo, se convirtió en la película de terror más taquillera de la historia hasta 2017, momento en el que fue superada por It.

El Exorcista guarda un lugar especial en el imaginario colectivo, han pasado más de 40 años desde su estreno y, todavía hoy, es considerada como la mejor película de terror por lo que fue y supuso. Fue, además, la primera del género en optar al Óscar a mejor película, aunque tuvo que conformarse con el de mejor guion y mejor sonido. William Peter Blatty fue el autor de la novela homónima que inspiró el filme y se encargó de escribir el oscarizado guion. Sin embargo, a pesar del indudable éxito del Exorcista, las personas involucradas en el filme no tuvieron tanta suerte.

Tras el éxito, cabría esperar un aluvión de llamadas a los actores, pero, en su lugar, muchos de ellos quedaron relegados al cine B, como la propia Linda Blair, la niña que dio vida a Regan. Otros, como el sueco Max Von Sydow, corrieron con algo más de suerte, convirtiéndose en rostros que resultan familiares en la actualidad gracias a series como Juego de Tronos y títulos como Star Wars o Shutter Island.

El Exorcista causó tanto furor que se formaron gigantescas colas para ver la película, la gente salía vomitando del cine y hasta hubo algún desmayo. ¿Es realmente tan aterradora? Lo cierto es que, en la actualidad, ver El Exorcista ya no es la experiencia que debió ser en su estreno y, seguramente, no tengamos problemas para conciliar el sueño tras su visionado. ¿Ha envejecido mal la mejor película de terror de todos los tiempos? ¿Sigue conservando su esencia?

¿Hemos perdido el miedo?

El uso de efectos especiales, el maquillaje y toda la ornamentación sobre la que se edifica El Exorcista causaron terror en los años 70, pero han jugado en su contra en la actualidad. Acostumbrados a un cine en el que se abusa de los efectos especiales, a técnicas de maquillaje infinitamente más realistas, resulta difícil ver El Exorcista como la película de terror que fue en su día. Otras cintas del género, con menos efectos y menos sobrenaturales, han sobrevivido un poco mejor al paso del tiempo.

Un buen ejemplo sería Psicosis, que aunque hoy la vemos más próxima al suspense que al terror, todavía logra sobresaltarnos y perturbarnos con algunas escenas. El problema del Exorcista es que, pese a tratar un tema polémico, ya no resulta novedosa. Tras su estreno, un sinfín de niños diabólicos ha llenado nuestras salas de cine, provocando que aumente nuestra tolerancia. Cuando vemos una película de terror, sabemos qué nos vamos a encontrar y sabemos que, en algún momento, aparecerán sustos más o menos elaborados.

Es por esta razón que, si vemos El Exorcista desde la óptica actual, nos encontraremos con un filme que puede provocar más risa que miedo. Ese vómito verde, las obscenidades que dice la pequeña Regan y los imposibles movimientos de su cuello, actualmente, nos llevan a lo risible o, como mucho, a sentir repulsión. Este hecho no solo ocurre en El Exorcista, sino en el cine de terror en general. Estamos tan acostumbrados que nos lo tomamos a broma; es cine y, por tanto, no es real.

Pese a lo imposible que pueda parecer, en la actualidad, todavía se realizan exorcismos; no debemos entender como exorcismo únicamente el vinculado al catolicismo, sino que los exorcismos están presentes en diversas culturas. Pero es algo prácticamente desconocido hoy en día, incluso para el propio Vaticano resulta difícil determinar si una persona necesita realmente un exorcismo o no, por ello, lo más frecuente es que se trate de problemas psiquiátricos. Los avances médicos, tecnológicos y científicos han incrementado un mayor escepticismo en la población.

De la mano de los avances llega Internet y, con él, podemos sencillamente googlear cualquier cosa que se nos antoje. La información está al alcance de un clic y podemos desmitificarla o contrastarla. De este modo, estamos ante un mundo donde apenas queda espacio para lo paranormal, para el misterio y hasta para la fantasía. ¿Somos más racionales? Tal vez o, simplemente, lo que ocurre es que las respuestas más lógicas están a nuestro alcance.

Cura realizando un exorcismo

El Exorcista: más allá de la posesión

Aunque El Exorcista no cause el terror que provocó en los 70, lo cierto es que sigue alzándose como la eterna mejor película de terror en la mayoría de los rankings. Y no será porque no se hayan filmado películas de terror en las décadas posteriores. Infinidad de misterios rodearon su rodaje: incendios en el set, accidentes, la obsesión de William Friedkin porque un sacerdote bendijera al equipo, mensajes subliminales y un sinfín de teorías conspiratorias.

Algunos de estos rumores corrieron como la pólvora, incrementando el aura de terror y de «película maldita». Pero lo cierto es que muchos de ellos ni siquiera fueron reales, aunque se sufrieron bastantes accidentes y, quizás, hubo demasiadas casualidades. Todo ello ayudó a crear la atmósfera que buscaba la película, los espectadores iban predispuestos a pasar miedo, a ver algo que les disgustaría, pero, al mismo tiempo, alimentaba la imaginación.

El Exorcista nos sumerge en un juego con una dicotomía constante que la acercan a la realidad: el bien y el mal. Al presentarnos el mal, indirectamente nos hace creer en el bien. Ambos se muestran desde el comienzo, mucho antes de que la posesión comience. El mal recorre la ciudad, persigue al Padre Merrin y se adueña de la inocente Regan. Es importante que el cine de terror conecte con la mente del espectador, que le someta a un juego psicológico y le haga creer en lo que está viendo.

Niña con cicatrices en la cara de la película El exorcista

Regan es una niña solitaria, de la que no conocemos ninguna amistad, carece de figura paterna y su madre está muy ocupada. La niña representa la inocencia, pero se verá envuelta en el mal: el mal de los adultos, del mundo y, finalmente, del demonio. El padre Karras encarna dos dicotomías: fe vs. ciencia; bien y mal, es psiquiatra y sacerdorte y carga con la culpa de la muerte de su madre.

Esas similitudes con lo real, la empatía y el espacio conocido (la ciudad actual) promueven que el espectador se acerque al miedo. El miedo es una respuesta fisiológica, una reminiscencia de nuestra supervivencia. Cuando vemos una película de terror, se puede acelerar el ritmo cardíaco y aumentar los niveles de adrenalina. Pero se trata de un miedo controlado.

Las escenas más aterradoras del Exorcista son aquellas en las que no se muestra demasiado, como la cara demoníaca que aparece algunos segundos o las escenas de la madre de Karras. La música también juega un papel fundamental creando una atmósfera idónea.

El Exorcista nos sitúa en el aquí y el ahora, estamos en los años 70 y ese es el miedo en los 70. Paul J. Patterson, de la Universidad de San Diego, advierte que el miedo es cambiante. En el pasado, monstruos como Frankenstein resultaban aterradores, pero actualmente, lo aterrador pasa por otras vías. El miedo es algo cultural, característico de un momento y de un lugar; genera rechazo y fascinación de manera casi simultánea.

Ante un mercado saturado de títulos de terror, encontramos una crítica que los relega a un oscuro segundo plano. Resulta realmente difícil hacer una buena película de terror, los espectadores quieren pasar miedo y, desde luego, un par de sustos y efectos especiales no lo van a conseguir. Es por ello que El Exorcista siempre tendrá un lugar privilegiado dentro del género, pues se trata de una película que, al menos en su día, logró eso que todos andamos buscando.