¿Qué es un falso dilema y por qué es importante identificarlo?

El falso dilema es una falacia que aparece cuando se manipula un argumento. Cumple con el papel de poner al otro entre la espada y la pared, cuando en realidad hay más opciones. Veamos de qué se trata.
¿Qué es un falso dilema y por qué es importante identificarlo?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 16 noviembre, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 12 noviembre, 2021

Última actualización: 16 noviembre, 2021

El falso dilema es una modalidad de falacia en la que la realidad se reduce a dos opciones, cuando hay muchas más. Dicho de otro modo, se trata de un tipo de razonamiento incorrecto que reduce las alternativas, de forma errada, a solo dos. Esto, por supuesto, induce a errores de percepción y de decisión.

Hay varios tipos de falacias y el falso dilema pertenece a una categoría llamada “falacias informales”. Estas son razonamientos incorrectos que no solo involucran la forma, sino también el contenido y el contexto. La cuestión es que en apariencia y en el lenguaje natural no es posible detectar el error con facilidad. Por eso, muchas veces pasan desapercibidos.

La falacia del falso dilema puede aparecer en un sinfín de situaciones. Desde discusiones cotidianas hasta grandes decisiones vitales, de negocios, políticas, etc. El riesgo de este tipo de razonamientos erróneos es que suelen estar muy bien camuflados y resultan muy lógicos en apariencia. ¿Cómo identificarlos?

No existe coraje sin dilema ni carácter que no esté forjado por las elecciones más aún que por las victorias”.

-Muriel Barbery-

Pareja enfadada

Somos muy propensos a caer en los falsos dilemas

En muchos casos es más sencillo pensar en términos de “blanco o negro” que tener en cuenta los múltiples matices que hay entre dos alternativas que puedan parecer incompatibles. Muchas personas se sienten mejor cuando el número de opciones es solo dos; así, de alguna manera, se simplifica el problema.

Esta pequeña introducción es para decir que todos somos muy propensos a caer en los falsos dilemas. O eres mi amigo, o eres mi enemigo. O nunca dices una mentira o eres un mentiroso. O me amas de la forma que yo quiero que me ames, o sencillamente no me amas. La realidad llevada a esa polaridad es más digerible.

El problema es que lo real no es así. Además de una infinidad de matices en cada situación, también es habitual que haya ambigüedad, sin que esto constituya una contradicción como tal. Una persona amable puede, eventualmente, ser brusca en alguna oportunidad, pero eso no significa que ahora es grosera.

También hay situaciones que no admiten puntos medios, bien sea porque no es posible o bien porque se incurre en una inconsistencia ética, por ejemplo. O estás desnudo, o estás vestido; o toleras un abuso, o no lo toleras. En esos casos, de todos modos, también entran en juego otras consideraciones.

Mujer pensando

Identificar el falso dilema

Las raíces etimológicas de la palabra dilema ayudan a aclarar el panorama. Esta palabra proviene del latín dilemma, compuesto a su vez por las raíces “di”, o “dos”, y lemma, o ‘premisa’. Por lo tanto, viene a ser algo así como “dos premisas”. El falso dilema se configura cuando no son solo dos premisas las que hay, sino muchas más, aunque no se conozcan.

Hay varios tipos de falso dilema, aunque en esencia corresponden a lo mismo:

  • Dilema falsificado. Es el falso dilema típico. Tiene lugar cuando en realidad no existe siquiera un dilema real. Por ejemplo: o crees en el dios “X” o eres ateo. Entre una y otra alternativa existen múltiples opciones.
  • Falacia del tercero excluido. Ocurre cuando las opciones son tres, pero de forma artificiosa se reducen a dos. Por ejemplo: o estás del lado de los dueños de la empresa, o estás del lado de los trabajadores. La realidad es que en unos puntos alguien puede estar en un lado y en otros en el otro.
  • Falsa dicotomía. En este caso se proponen dos opciones elegidas de forma arbitraria, como si no hubiese más. Por ejemplo: patria o muerte. Esto es válido para algunos, mientras que otras personas no entienden que deban elegir entre lo uno y lo otro.
  • Falsa oposición. Cuando se contrastan dos opciones que en realidad no son excluyentes. Por ejemplo: llevamos más policía a las calles, o permitimos que la delincuencia gane. La primera no es la única opción para evitar lo segundo.
  • Falsa dualidad. En caso de que no haya mayor diferencia entre dos conceptos que quieren tomarse como divergentes. Por ejemplo: si de verdad amaras tu trabajo, jamás te quejarías. El amor por el trabajo y la queja no son excluyentes.
  • Falso correlativo. Cuando se juntan dos conceptos que en realidad no guardan una relación objetiva entre sí. O reparas el espejo que rompiste, o tendrás siete años de mala suerte.
  • Bifurcación. Ocurre cuando, de manera artificiosa, el mismo concepto o la misma realidad se divide en dos. Por ejemplo: el que cree en una religión no puede aceptar la existencia de otras. Es un falso dilema porque la creencia propia tiene la misma categoría de la creencia ajena. Ambas son eso: creencias. Por lo tanto, ninguna predomina.

El falso dilema es una falacia que aparece sobre todo en el marco de los debates religiosos o políticos. Sin embargo, también está presente en la vida cotidiana. La mejor manera de erradicarla es preguntarse siempre: ¿hay otra opción?

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  • Peces-Barba Martínez, G. (2001). Un falso dilema.
  • Realpe, Sandra. (2001). DILEMAS MORALES. Estudios Gerenciales , 17 (80), 83-113. Obtenido el 12 de noviembre de 2021 de http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-59232001000300004&lng=en&tlng=es.