Las microagresiones, esa pequeña tortura cotidiana

Edith Sánchez · 17 septiembre, 2018

Muchos las llaman “sutilezas” o “indirectas”, pero en realidad se trata de microagresiones. Son palabras o actos que tienen un componente agresivo, pero que de uno u otro modo encubren o deforman el contenido violento que transmiten. El ejemplo más típico es el de la persona que no contesta al saludo del conserje o de la secretaria porque le parece pérdida de tiempo.

En la mayoría de los países de Occidente está prohibida legalmente la discriminación por razones de género, raza, clase social o creencias. Sin embargo, muchos no terminan de asimilar el sentido de esa prohibición, de ahí que sigan discriminando o rechazando a quienes les dictan sus prejuicios. Para que esto no genere dificultades, se valen de las microagresiones.

Tengo el sueño de que mis cuatro hijos vivan un día en una nación donde no sean juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”.

-Martin Luther King-

A veces esas microagresiones se reproducen en forma inconsciente. Son lugares comunes, gestos o frases hechas, que, sin embargo, tienen un componente violento hacia una persona o un grupo. Por ejemplo, cuando alguien interrumpe a otro mientras está hablando y no le deja terminar de exponer su idea. Esto no se hace con las figuras de poder. Es frecuente hacerlo con alguien que otro ve como inferior.

Hombre representando el comportamiento de los trolls y las microagresiones

¿Microagresiones o sensibilidad excesiva?

Algunos piensan que lo que otros llaman microagresiones no son más que expresiones inofensivas sin mayor trascendencia. Cuestionan la hipersensibilidad de quienes se toman muy a pecho algunos comentarios, que a su juicio no pasan de ser casuales. Al fin y al cabo, en las relaciones sociales, especialmente en el terreno de las bromas, siempre hay algo de irreverencia.

Esto podría ser cierto en algunos casos. No todo comentario aparentemente sexista, clasista o racista tiene un contenido de odio. También puede ser una manera catártica de reconocer cierta tensión o de ridiculizar ciertas posturas. Decirle “negrito” a alguien de piel oscura no siempre es una manera de menospreciarlo, por ejemplo.

El problema de las microagresiones es su sistematicidad y su intencionalidad. Si esos comentarios, o esas bromas, o esos sarcasmos son constantes, es más probable que terminen afectando a la otra persona. Un pellizco puede no causar daño, pero cientos de pellizcos pueden terminar enrojeciendo mucho la piel. Esto termina incidiendo en la autoestima y el sentido de dignidad del otro.

Tratar a las personas de manera diferente

A veces las microagresiones no están compuestas de palabras. También a través del lenguaje no verbal aparecen los signos de prejuicio y discriminación. En la Universidad de Princenton se llevó a cabo un experimento al respecto, a comienzos de los años 70. Fue dirigido por el sociólogo Carl Word.

El experimento consistió en reunir un grupo de personas blancas y negras, supuestamente para seleccionar el candidato a un trabajo. Se examinó cuidadosamente la actitud de los seleccionadores hacia ambos grupos y aparecieron claras diferencias, especialmente en el terreno de lo no verbal.

Fue evidente que los seleccionadores trataron diferente a los blancos y a los negros, a pesar de que su tarea consistía en seleccionar a los mejores candidatos para el trabajo. Tendían a sentarse más lejos de los negros y evadían con mayor frecuencia el contacto visual. También eran menos amables y les dedicaban menos tiempo. Ese es un ejemplo claro de microagresiones.

El impacto emocional de la microagresión

El mismo experimento de la Universidad de Princenton tuvo una segunda fase. En ella, primero que todo se recogió un inventario de las señales no verbales de rechazo y discriminación, implementadas por los entrevistadores. Luego, nuevamente se conformó un grupo de supuestos candidatos laborales, que nuevamente serían examinados.

chico acosado por compañeros simbolizando el impacto de las microagresiones

Sin embargo, esta vez se entrenó a los entrevistadores para que emplearan el lenguaje verbal de rechazo, tanto con algunos candidatos negros como con otros blancos. El resultado fue que las microagresiones perjudicaron el rendimiento. Vacilaban al hablar, tartamudeaban, dejaban frases incompletas y mostraban signos de miedo hacia el entrevistador.

El experimento permite ver que cuando una persona es objeto de microagresiones, tenderá a disminuir su buen desempeño y estará más sujeta a perder oportunidades de todo tipo. Esto los pone en una posición de desventaja y solamente se sustenta en los prejuicios de otros.

Como ya se anotó, las microagresiones muchas veces se llevan a cabo y se transmiten de manera inconsciente. Casi siempre van dirigidas hacia grupos vulnerables o minorías. No es fácil defenderse de ellas, pues a veces pasan desapercibidas o son demasiado sutiles como para sustentar una protesta. Más que contra las microagresiones, es sano que arranquemos la raíz: los prejuicios.