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Método Feynman: cómo estudiar como un ganador de Premio Nobel

3 minutos
Es posible dominar cualquier concepto difícil si intentas explicárselo a un principiante. Te contamos cómo funciona el método Feynman para simplificar tu estudio.
Método Feynman: cómo estudiar como un ganador de Premio Nobel
Publicado: 25 febrero, 2026 20:00

¿Te ha pasado que estudias durante horas y al día siguiente no recuerdas nada? El método de Richard Feynman, ganador del Premio Nobel de Física, propone que la verdadera comprensión consiste en ser capaz de explicar un tema con sencillez. Es decir que, si no puedes contárselo a un principiante, aún no lo has entendido del todo.

Teniendo ese objetivo en mente, esta técnica de aprendizaje ayuda a pasar de la memorización vacía al conocimiento profundo. Al intentar enseñar lo que estás estudiando, detectas en dónde están tus dudas y qué partes del tema aún no dominas, permitiéndote ahorrar tiempo y mejorar tus conocimientos. Sigue estos pasos para ponerlo en práctica.

1. Elige un concepto acotado

El primer error al estudiar es intentar abarcar una asignatura completa de una vez. Esto dificulta el proceso de simplificación que propone esta técnica de estudio. Para que el método sea efectivo, debes trabajar con unidades de información pequeñas y manejables.

Selecciona un concepto específico, como la ley de la inercia o el funcionamiento de una neurona. Si el tema es muy amplio, divídelo en piezas más simples antes de empezar. Luego, enfócate en un objetivo y define qué idea quieres dominar con este ejercicio.

2. Explícalo como si fueras un docente

Imagina que tienes delante a un niño de 12 años o a una persona que no sabe nada sobre el tema. Escribe tu explicación en una hoja utilizando un lenguaje simple y directo. Este paso es fundamental para obligarte a procesar la información.

Evita los tecnicismos; si usas palabras difíciles para explicar algo, es probable que estés ocultando una falta de comprensión. Mejor elige frases cortas para organizar las ideas de forma lógica en tu mente.

Escribe a mano si es posible, ya que ayuda a fijar mejor los conceptos y reduce las distracciones que puede ocasionar el teléfono móvil.

3. Detecta los huecos y vuelve a la fuente

Mientras redactas tu explicación, notarás que en ciertos puntos te quedas atascado o necesitas volver a usar términos complejos. Esas son tus lagunas de conocimiento. En lugar de ignorarlas, es el momento de buscar la claridad que te falta.

Marca las partes donde tu discurso se vuelve circular o poco claro y lee de nuevo esa sección del material de estudio hasta que comprendas su lógica. Una vez que hayas entendido, intenta rellenar el hueco de tu explicación usando tus propias palabras, sin copiar el texto del libro.

4. Refina y usa analogías

Una vez que la explicación sea fluida, el último paso es simplificarla aún más y conectarla con algo que ya conozcas. Las analogías son grandes herramientas de memoria que crean puentes entre la información nueva y tus conocimientos consolidados.

Para que sean más útiles, busca comparaciones cotidianas; por ejemplo, comparar el flujo de la electricidad con el paso del agua por una tubería. Si tu explicación suena natural y fácil de entender en voz alta, significa que has alcanzado la maestría sobre ese concepto.

Errores que debes evitar al aplicar el método

Incluso una técnica tan simple puede fallar si no sigues ciertos hábitos de estudio. Estos son los fallos más comunes:

  • Abarcar demasiado de repente: perderás el foco si intentas explicar un capítulo entero de una sola vez.
  • Saltarse la revisión: no basta con escribirlo; debes asegurarte de que la lógica de tu razonamiento sea infalible y fácil de seguir.
  • No comprobar con ejemplos: una idea abstracta sin una sola aplicación práctica suele ser señal de que tu conocimiento es superficial y necesitas revisarlo.

A pesar de que el método Feynman es muy útil para consolidar los conocimientos y mejorar la capacidad de análisis, no reemplaza a la práctica en todas las materias. Es decir, en ciertas disciplinas, como las matemáticas, la química, la programación o los idiomas, la comprensión del “porqué” debe acompañarse siempre de la resolución de problemas y la práctica constante. En definitiva, esta técnica da una base, pero la competencia total también necesita del ejercicio activo.

¿Te ha pasado que estudias durante horas y al día siguiente no recuerdas nada? El método de Richard Feynman, ganador del Premio Nobel de Física, propone que la verdadera comprensión consiste en ser capaz de explicar un tema con sencillez. Es decir que, si no puedes contárselo a un principiante, aún no lo has entendido del todo.

Teniendo ese objetivo en mente, esta técnica de aprendizaje ayuda a pasar de la memorización vacía al conocimiento profundo. Al intentar enseñar lo que estás estudiando, detectas en dónde están tus dudas y qué partes del tema aún no dominas, permitiéndote ahorrar tiempo y mejorar tus conocimientos. Sigue estos pasos para ponerlo en práctica.

1. Elige un concepto acotado

El primer error al estudiar es intentar abarcar una asignatura completa de una vez. Esto dificulta el proceso de simplificación que propone esta técnica de estudio. Para que el método sea efectivo, debes trabajar con unidades de información pequeñas y manejables.

Selecciona un concepto específico, como la ley de la inercia o el funcionamiento de una neurona. Si el tema es muy amplio, divídelo en piezas más simples antes de empezar. Luego, enfócate en un objetivo y define qué idea quieres dominar con este ejercicio.

2. Explícalo como si fueras un docente

Imagina que tienes delante a un niño de 12 años o a una persona que no sabe nada sobre el tema. Escribe tu explicación en una hoja utilizando un lenguaje simple y directo. Este paso es fundamental para obligarte a procesar la información.

Evita los tecnicismos; si usas palabras difíciles para explicar algo, es probable que estés ocultando una falta de comprensión. Mejor elige frases cortas para organizar las ideas de forma lógica en tu mente.

Escribe a mano si es posible, ya que ayuda a fijar mejor los conceptos y reduce las distracciones que puede ocasionar el teléfono móvil.

3. Detecta los huecos y vuelve a la fuente

Mientras redactas tu explicación, notarás que en ciertos puntos te quedas atascado o necesitas volver a usar términos complejos. Esas son tus lagunas de conocimiento. En lugar de ignorarlas, es el momento de buscar la claridad que te falta.

Marca las partes donde tu discurso se vuelve circular o poco claro y lee de nuevo esa sección del material de estudio hasta que comprendas su lógica. Una vez que hayas entendido, intenta rellenar el hueco de tu explicación usando tus propias palabras, sin copiar el texto del libro.

4. Refina y usa analogías

Una vez que la explicación sea fluida, el último paso es simplificarla aún más y conectarla con algo que ya conozcas. Las analogías son grandes herramientas de memoria que crean puentes entre la información nueva y tus conocimientos consolidados.

Para que sean más útiles, busca comparaciones cotidianas; por ejemplo, comparar el flujo de la electricidad con el paso del agua por una tubería. Si tu explicación suena natural y fácil de entender en voz alta, significa que has alcanzado la maestría sobre ese concepto.

Errores que debes evitar al aplicar el método

Incluso una técnica tan simple puede fallar si no sigues ciertos hábitos de estudio. Estos son los fallos más comunes:

  • Abarcar demasiado de repente: perderás el foco si intentas explicar un capítulo entero de una sola vez.
  • Saltarse la revisión: no basta con escribirlo; debes asegurarte de que la lógica de tu razonamiento sea infalible y fácil de seguir.
  • No comprobar con ejemplos: una idea abstracta sin una sola aplicación práctica suele ser señal de que tu conocimiento es superficial y necesitas revisarlo.

A pesar de que el método Feynman es muy útil para consolidar los conocimientos y mejorar la capacidad de análisis, no reemplaza a la práctica en todas las materias. Es decir, en ciertas disciplinas, como las matemáticas, la química, la programación o los idiomas, la comprensión del “porqué” debe acompañarse siempre de la resolución de problemas y la práctica constante. En definitiva, esta técnica da una base, pero la competencia total también necesita del ejercicio activo.


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