Neocórtex: estructura y funciones

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 septiembre, 2018
Valeria Sabater · 25 septiembre, 2018

En nuestro cerebro se aloja todo lo que somos, lo que sentimos y, más aún, lo que podemos llegar a ser. Gran parte de nuestro éxito evolutivo se debe precisamente al neocórtex, neocorteza o isocórtex, esa región más nueva y extensa que ha hecho posible procesos tan sofisticados como la comunicación, la escritura, la sociabilidad, la creatividad o la toma de decisiones.

David Eagleman, escritor y célebre neurocientífico de la Universidad de Stanford, señala que cada cerebro es único y singular como un copo de nieve. No hay dos iguales: reflejan el resultado de nuestras experiencias, conductas y ocupaciones. Sin embargo, a nivel estructural todos somos el resultado de ese desarrollo filogenético excepcional, donde el neocórtex se alza sin duda como nuestro mayor éxito como especie.

Conformado por una gran cantidad de surcos, seis capas y dos milímetros de grosor, contiene cerca de 30.000 millones de neuronas. Es una capa neuronal que recubre sobre todo los lóbulos frontales, cuyo desarrollo y especialización destaca en primates y, cómo no, en el ser humano. Conocer más datos sobre este área de nuestro cerebro nos permitirá conocernos mucho mejor. Veámoslo a continuación.

“La neurociencia es, por mucho, la rama más excitante de la ciencia, porque el cerebro es el objeto más fascinante del universo. Cada cerebro humano es diferente, el cerebro hace a cada ser humano único y define quién es”.

-Stanley B. Prusiner (Premio Nobel de Medicina, 1997)-

neocórtex y áreas más antiguas del cerebro

Neocórtex, la parte más “nueva” y extensa de nuestro cerebro

El neorcórtex no tiene un espesor muy destacable. Sin embargo, cabe recordar que esta estructura está perfectamente “plegada” justo debajo del cráneo. De ahí el clásico aspecto de un cerebro lleno de surcos y circunvoluciones. Así, si pudiéramos extender toda esta área tendría una longitud cercana a los dos metros.

  • Asimismo, la neorcorteza se divide también en los dos hemisferios cerebrales favoreciendo así una mayor especialización neuronal. Cabe decir, además, que el ser humano es el único mamífero que presenta tal elevada concentración de neuronas especializadas en tan poco espacio.
  • Por otro lado, el modo en que se conectan las diferentes capas del neocórtex ha sido hasta no hace mucho un misterio. Sin embargo, tal y como nos revelan en un estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology, lo hacen en forma de “columna”. Es decir, conforman, según los científicos, patrones de conectividad laminar y columnar.
  • El neocórtex humano representa además el 76 por ciento de nuestra materia gris.
  • Como curiosidad es interesante saber que esta estructura no está presente ni en aves ni en reptiles. Sin embargo, los científicos han descubierto que muchas aves (como por ejemplo los cuervos) son increíblemente inteligentes a pesar de no disponer de un neocórtex definido.
estructura y conexión del neocórtex

¿Qué funciones tiene el neocórtex?

Si sufrimos un traumatismo en el neocórtex las consecuencias pueden ser muy serias. De este modo, algo tan peligroso como no usar casco cuando vamos en moto (o en bici) puede suponer por ejemplo perder la capacidad para comunicarnos, y no solo eso. Todos nuestros procesos cognitivos, así como la inteligencia espacial, el poder reconocer rostros o incluso acceder a nuestra autoconciencia o sentido del yo, se integran en esta área tan distintiva del ser humano y los primates.

Veamos por tanto cuáles son sus principales funciones.

Funciones ejecutivas

Lo señalábamos hace un momento. En esta capa más nueva y especializada de nuestro cerebro, se nos facilita el poder llevar a cabo tareas como la resolución de problemas, la toma de decisiones, la reflexión, la concentración, el autocontrol, la regulación del comportamiento social… Son tareas de alta complejidad que responden también a nuestra capacidad de aprendizaje y también a esos procesos que hemos integrado como resultado de nuestra evolución.

Lenguaje y escritura

El lenguaje, como sabemos, es una capacidad humana que nos sitúa por encima del resto de especies (si bien es cierto que algunas aves también pueden hablar, lo que muestran es mera imitación y no un sentido auténtico de comunicación).

Por otro lado, el proceso lector y escritor también responde a una serie de complejos procesos que se dan en el neocórtex. Estamos sin duda ante una capacidad altamente sofisticada donde podemos asociar símbolos escritos y orales con un significado.

Hombre escribiendo gracias a los procesos del neocórtex

Percepción sensorial

Entender y reaccionar ante lo que vemos y sentimos es otra capacidad que regula y favorece el neocórtex.

Automatismos motores

¿Qué hace que podamos escribir, conducir, tocar un instrumento o incluso caminar de forma erguida de forma automática y sin tener que pensar en ello? A pesar de que para estas actividades hacemos uso de más estructuras neurológicas como puede ser el cerebelo, cabe señalar que todos estos procesos son posibles gracias a la neocorteza.

Habilidades para el aprendizaje y la innovación

La capacidad para aprender y transformar aquello que aprendemos -para crear cosas nuevas- es sin duda el proceso más elevado y distintivo del ser humano. Es decir, las personas no nos limitamos solo a transmitirnos información, a adquirir nuevas competencias. Somos capaces de también de transformar la realidad y aumentar el conocimiento. Lo hacemos mediante la observación, el análisis, la reflexión, las pruebas de ensayo y error y la innovación.

Esta capacidad, la de aprender y crear nos ha permitido también avanzar como especie. Asimismo, tal y como nos señala Juan Luis Arsuaga en su libro “La especie elegida”, la evolución el neocórtex surgió como resultado de nuestras interacciones sociales. Es más, se sabe que el tamaño de esta estructura tenía una relación directa con la cantidad de individuos que formaban un grupo social.

Por tanto no podemos dejar de lado un aspecto aún más interesante. Seguimos evolucionando. Es más, fue en 1999 cuando los neurocientíficos descubrieron la gran neuroplasticidad que presenta el neocórtex. Es decir, el ser humano sigue creando conexiones neuronales a lo largo de su vida. Nuestra experiencia y conducta puede favorecer el poder crear una neocorteza más fuerte, más hábil y más resistente al paso del tiempo…

Arsuaga. J. L (1998). La especie elegida. Temas de Hoy. Kandel, E.R., Schwartz, J.H. & Jessell, T.M. (2001). Principios de neurociencia. Madrid: McGraw Hill Morgan, A.J. (2001). El cerebro en evolución. Editorial Ariel neurociencia.