¿Por qué la tristeza dura más que otras emociones?

Hay épocas en las que la tristeza se convierte en esa emoción que parece impregnarlo todo. Podemos pasar semanas e incluso meses sintiendo su presencia y por supuesto sus efectos. ¿Por qué persiste de ese modo?
¿Por qué la tristeza dura más que otras emociones?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater el 23 diciembre, 2020.

Última actualización: 23 diciembre, 2020

¿Por qué la tristeza dura más que otras emociones? Muchos habremos tenido esta sensación. Cuando aparece, se instala en el hogar de nuestra mente como la peor de las compañeras. Nos abraza con un velo ceniciento que todo lo opaca con sus tonos grises, invitándonos a escondernos durante días o semanas en la caracola de nuestra introspección.

Decía Antoine de Saint-Exupéry que la tristeza no deja de ser una vibración y que cuando esta suena recordamos que estamos vivos. Tal vez sea así. Puede que pocas emociones sean un ejemplo tan evidente de lo que es a menudo la existencia: tener que lidiar con más de una decepción, afrontar pérdidas, lidiar con las pesadumbres y el eco de esas cosas que ya no volverán.

Asimismo, hay algo que sin duda sabemos. No es fácil desinfectarla, huir de ella o intentar dejarla a un lado como quien guarda un regalo que no le agrada en un cajón. La tristeza dura mucho más que emociones como la sorpresa, la alegría, el aburrimiento, el asco o incluso el enfado. No obstante, el hecho de que esto sea así tiene una finalidad. Lo analizamos.

Hombre preguntándose ¿Por qué la tristeza dura más que otras emociones?

Razones de por qué la tristeza dura más que otras emociones

La tristeza, como muchas emociones, tiene mala reputación. No sabemos qué hacer con ella, cuando la experimentamos queremos deshacernos de su presencia como si fuera el peor de los enemigos. Es más, a menudo, si alguien percibe nuestro desánimo y expresión abatida no dudan en decirlos la tan recurrida y desacertada expresión de “anímate, no vale la pena estar así, que la vida son dos días”.

Entre nuestro ideario colectivo seguimos vinculando esta emoción a debilidad y quizá por ello seguimos manejando este estado de manera tan desacertada. Así, algo que nos señala Paul Ekman, psicólogo pionero en el estudio de las emociones, es que nuestro universo psicológico iría mucho mejor si comprendiéramos mucho más estos estados psicofisiológicos.

Para empezar, algo que él mismo nos explica en libros como Knowing Our Emotions, escrito junto a Daniel Goleman, es que la tristeza dura más que otras emociones por un hecho muy concreto: está formada por muchas otras emociones. Es decir, estamos ante una emoción que nunca viene sola. Es como el tapón de una botella, al descorcharla descubrimos que se en su interior habita la rabia, el enfado e incluso el miedo.

Desentrañarla, “saber de qué está hecha” nos ayudaría a comprenderla mucho mejor para superarla. No obstante, hay más factores que explican por qué este estado emocional es más persistente.

La tristeza es proporcional al evento que lo provoca y al modo en que lo interpretemos

Llevas cinco años en una relación de pareja por la que lo has dado todo. Te has esforzado en que las cosas funcionen, sin embargo, al final lo asumes. Lo mejor es dejar a esa persona. Tras la ruptura y después de tanto tiempo luchando por ese amor, lo que sientes es ahora es infinita tristeza. Y ese estado va contigo durante meses o incluso años.

Ahora bien, otra persona en tus mismas circunstancias, interpreta la decisión de la ruptura como un alivio. Este pequeño ejemplo nos demuestra algo muy simple. La tristeza dura más que otras emociones porque los desencadenantes son más trascendentes. Porque se vinculan a hechos que pueden ser traumáticos. No obstante, todo depende también del modo en que se interprete esa vivencia.

Es más, además de cómo filtremos ese hecho también están nuestras habilidades de afrontamiento. Hay personas que disponen de un enfoque más resiliente a la hora de manejar las adversidades. Otros, en cambio, caen en estados de indefensión que hacen más perdurable ese malestar.

El peligro de la rumiación: cuando los pensamientos alimentan la tristeza

La Universidad de Lovaina realizó un estudio para profundizar un poco más en la comprensión de las emociones. Les interesaba saber cuánto duran de media realidades psicofisiológicas como la alegría, el miedo, la vergüenza… Bien, algo que quedó en evidencia es que la felicidad no es ni mucho menos un estado tan duradero como creemos.

  • Emociones como el miedo, la sorpresa, el aburrimiento o el asco eran muy breves. Sin embargo, entre toda la muestra analizada hubo un estado que siempre se percibía como duradero: la tristeza.
  • Los investigadores quisieron comprender qué motivaba esa evidencia. ¿Qué hace que la tristeza se instale durante semanas o meses en nuestras vidas? La respuesta está en nuestros patrones de pensamiento.
  • La rumiación y pensar de manera continuada en el estímulo que ha desencadenando ese estado dificultan su desaparición.

El hecho de no dejar de darle vueltas a ese acontecimiento que ha provocado nuestra decepción, pérdida o sufrimiento no solo hace más perdurable la tristeza. Además, la intensifica.

Asimismo hay otro hecho. En ocasiones, podemos experimentar esta emoción sin que exista un motivante concreto. Sin embargo, nuestro pensamiento sigue siendo esa caldera que alimenta el desánimo, que sube la temperatura del sufrimiento y la negatividad.

Mujer pensando en Por qué la tristeza dura más que otras emociones?

¿Por qué la tristeza dura más que otras emociones? La resistencia

Una de las razones de por qué la tristeza dura más que otras emociones está en nuestra resistencia. El negarnos a aceptar la emoción sentida dificulta su gestión.

Salud es también validar cada emoción, comprender que en las situaciones anormales las emociones complicadas son normales. Entenderlas, aceptarlas y saber manejarlas, nos aporta equilibrio y nos permite transitar mejor por los días de calma y de adversidad.

Por tanto, es momento de reformular muchos de esos esquemas que nos han inculcado. Fuerte no es quien más soporta y quien puede con todo. Valiente es quien se permite caer para recomponerse, llorar para aliviarse, refugiarse en su introspección para tomar mejores decisiones.

Resistirse, aparentar fortaleza y hacer como si la vida no nos doliera, hace la herida más grande y la tristeza más extensa y perdurable. Como señala Antonio Damasio, las personas no somos seres racionales que se emocionan, somos criaturas emocionales que razonan. Ser hábiles en el conocimiento emocional nos capacita para tener una vida más satisfecha y saludable.

Te podría interesar...
La fascinación: la emoción con mayor impacto para el cerebro
La Mente es MaravillosaLeerlo en La Mente es Maravillosa
La fascinación: la emoción con mayor impacto para el cerebro

La fascinación nos guía en la vida y nos abre camino hacia dimensiones que nos apasionan. Pocas emociones resultan tan interesantes.



  • Philippe Verduyn, Saskia Lavrijsen. Which emotions last longest and why: The role of event importance and rumination. Motivation and Emotion, 2014; DOI: 10.1007/s11031-014-9445-y