Tu vulnerabilidad crece cuando sacrificas tu esencia

Raquel Lemos Rodríguez · 7 noviembre, 2017

¿Has dejado de ser tú mismo para agradar a los demás? ¿Te has convertido en quien no eras para gustar más? Cuando sacrificas tu esencia te pierdes a ti mismo hasta el punto de olvidar quién eres realmente. Ya no sabes lo que te gusta, ni lo que quieres. Has entregado la llave de tu vida a los demás.

Cuando sacrificas tu esencia y te muestras como los otros desean, estás pagando un alto precio por obtener aprobación y un falso sentimiento de aprecio. Porque en realidad no eres tú quien les gusta sino tu apariencia. El espejismo que les muestras.

No eres consciente de que la vida no trata de ver quién se sacrifica más para que los demás lo acepten, sino de descubrirse a uno mismo para luego, ofrecer lo mejor que se tiene. Ahora bien, si decides ser quien los demás desean, te harás vulnerable a sus manipulaciones y al malestar provocado por ser quien no eres.

“Hagas lo que hagas no podrás agradar a todo el mundo. Créeme: no necesitas la aprobación de nadie para ser feliz”

-Walter Riso-

Cuando sacrificas tu esencia empiezas a sufrir

Desde el momento en el que sacrificas tu esencia, el sufrimiento se convierte en una constante en tu vida. Tu mirada se dirigirá hacia las personas que formen parte de tu entorno y la preocupación te invadirá junto a la culpa. Estarás en permanente estado de alerta, sobre todo ante las posibles criticas y desaprobaciones.

Cuando sacrificas tu esencia, intentas agradar, caer bien y que te acepten cueste lo que cueste. A cualquier precio.

Esta situación en lugar de hacerte feliz provocará que te pases noches enteras llorando. La ansiedad y el estrés se han instalado de forma permanente, “tienes que…”, “debes ser…” son tus pensamientos habituales. No sabes de dónde procede este estado de nerviosismo y exigencia.

Parece como si tu opinión no contase, ya ni siquiera existe. Solo está bien lo que dicen los demás. Es más, en ningún momento cuestionas la forma de actuar que tienes respecto a ellos. ¡Lo das todo! Pero… ¿te has preguntado por qué tú no te encuentras bien? ¿por qué a pesar de hacer todo lo que piden y que se supone que está correcto tienes esa sensación de estar fuera de lugar?

Más allá de complacer a los demás

Desde muy joven te han enseñado a complacer al prójimo. A dar la mano cuando el otro lo necesita, ofrecer tu apoyo y tus ánimos y a ser comprensivo con sus defectos.

Eres muy flexible con los demás y a veces, perdonas errores garrafales. Pero parece que ese mismo trato no es el que te das a ti mismo. Te latigas y exiges, deseando ser perfecto… Crees que si no haces las cosas bien, no te van a aceptar ni a querer.

Piensas que si dices que “no” te rechazarán y odiarán, incluso que un amigo dejará de serlo. Sin embargo, ¿qué ocurriría si así se comportase alguien de tu entorno? Lo entenderías, ¿verdad? Entonces… ¿por qué no te otorgas la licencia para ser tal y como eres, para decir lo que piensas y quieres y ser de una vez por todas sincero?

A menudo, poseemos un concepto desdibujado de cómo tenemos que ser y por ello, nos damos de lado cuando en realidad somos los únicos protagonistas de nuestras vidas. Nuestro foco de atención está perdido, ilumina una ubicación errónea y pagamos un alto precio por ello.

No nos cuidamos, nos preocupamos por los demás, nos autoengañamos, fingimos, mentimos… Todo por unas cuantas sonrisas y unos pocos halagos. ¿Qué estamos haciendo?

“Ser uno mismo en un mundo que constantemente trata de que no lo seas, es el mayor de los logros”

-Ralph Waldo Emerson-

Es el momento de fortalecer tu autoestima

Cuando sacrificas tu esencia en favor de otros lo más probable es que tu autoestima esté por los suelos. Por eso, dependes de los demás para ser feliz, aunque ni así lo consigas.

¿Qué pasaría si ese amigo te dejase de hablar? ¿qué sucedería si tu pareja te abandonase? ¿qué ocurriría si el jefe mañana te despidiera del trabajo?

En cualquiera de estas situaciones tendrías que vértelas contigo. A solas. Te encontrarías con esa persona a la que has dejado a un lado por el puñado de sonrisas que te ofrecían los demás. Esa a la que le devolvías una mueca de tristeza e incluso, renegabas de ella.

Hay momentos en la vida en los que no te queda otra que recoger los pedazos en los que te has roto debido a la poca atención que te has dado. Es la única forma de fortalecer tu autoestima.

No es egoísmo cuidar de uno mismo, atenderte en los momentos de desolación y tristeza. Querer estar solo y no ver a nadie es totalmente lícito. Necesitas mimarte, escucharte, estar contigo.

Tenemos miedo al que dirán, pero no tememos perdernos, ni olvidarnos de ser felices por nosotros mismos. Aunque al final esto sea lo más importante…

Ese tiempo que pierdes agradando a los demás no está siendo fructífero. Te hace vulnerable y las personas tóxicas pueden utilizarlo para manipularte a su antojo. Olvídate de estar siempre por y para los demás y dedícate a estar por y para ti.

“Atreverse a establecer límites se trata de tener el valor de amarnos a nosotros mismos, incluso cuando corremos el riesgo de decepcionar a otros”

-Brene de Brown-