¿Cómo afrontar el sentimiento de culpa?

Rafa Aragón · 13 marzo, 2015
El sentimiento de culpa tiene a menudo su origen en nuestra infancia y en lo que nuestros padres han proyectado sobre nosotros. Sea como sea, es responsabilidad nuestra favorecer un diálogo interno sanador y positivo.

En nuestras vidas experimentamos sensaciones de todo tipo a través de las situaciones que vivimos. Unas, como bien sabemos producen bienestar y nos resultan agradables, y las que llamamos positivas. Por otro lado, las que nos incomodan y con las que lo podemos llegar a pasar realmente mal, las que llamamos negativas.  La culpa se sitúa en estas últimas.

Nadie se libra de haber experimentado esta sensación que puede llegar a resultar tan destructivaLa culpa puede tener unas raíces muy profundas por haberse desencadenado, quizá, en nuestra tierna infancia y acompañarnos a lo largo de nuestro ciclo vital hasta la edad adulta.

Si lo pensamos bien, muchas de las frases que recibimos en los primeros años de vida pretendían sobre todo controlar nuestro comportamiento proyectando un sentimiento de  culpa: “eso que acabas de hacer está muy mal, deberías avergonzarte de ello”. Son situaciones que sin duda, a todos nos pueden ser más o menos familiares.

El sentimiento de culpa su doncella la culpa son dimensiones muy comunes entre los seres humanos. Por ello, es necesario recordar que ante la vida podemos adoptar dos tipos de roles: el de quien arrastra a lo largo de su vida un sentimiento de culpa (y el consecuente victimismo)  o bien liberarnos de esos yugos, reparar posibles errores y evitar estados crónicos de angustias y resentimientos tan poco saludables.

“Nunca te conviertas en una víctima. No aceptes la definición de tu vida por lo que te dicen los demás. Defínete a ti mismo”

-Harvey Fienstein-

Mujer que se siente culpable

1. Anatomía de la culpa: entiende qué es y cómo actúa

La culpa es ante todo una emoción. Fischer, Shaver y Carnochan, (1990) definen este estado como ese tipo de estados negativos donde se integra también la tristeza, el dolor, la amargura y la angustia. Son dinámicas internas poco cómodas y que a la largar pueden conducirnos incluso a estados de clara indefensión.

Asimismo, es interesante saber que esta dimensión cuenta con una amplia documentación clínica y científica. De hecho, en un estudio llevado a cabo en la Universidad de Vanderbilt, en Estados Unidos, se demostró que tras la depresión, la ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) e incluso en los trastornos de la alimentación, habita en gran parte de las ocasiones un sentimiento de culpa.

Esta emoción que surge tras un comportamiento, una situación de la que nos creemos responsables o incluso a raíz de esas proyecciones que nuestros padres pudieron dirigir sobre nosotros en el pasado, impacta en uno mismo de diversos modos:

  • Influencias físicas: la activación psicofisiológica del sentimiento de culpa se manifiesta con dolores en el pecho, estómago, presión en la cabeza y molestias en la espalda.
  • Influencias emocionales: irritabilidad, nerviosismo, y es frecuente que lo identifiquemos como algo parecido a la tristeza.
  • Procesos mentales: autoreproches, autoacusaciones y pensamientos destructivos de la autoestima y valía de uno mismo.

2. Para afrontar la culpa, acepta su existencia pero no la intensifiques

Muchas acciones de las que emprendemos ayudan a aumentar el sentimiento de culpa. Sin apenas darnos cuenta y con frecuencia, podemos generarnos un malestar tan inútil como innecesario. Se supone que a nadie le gusta ser su propio verdugo, sin embargo en gran parte de los casos acabamos siéndolo. Estas acciones mentales son las que pueden alimentar en mayor medida nuestros sentimientos de culpa.

Veamos por tanto cómo son y cómo actúan los mecanismos que alimentan la culpa.

Cuidado con el pensamiento polarizado

Una de estas acciones es el pensamiento extremo polarizado. Dentro de esta visión, ante nosotros todo o es blanco o negro, pero en raras ocasiones podemos ver que existen matices y una amplia gama de posibilidades y circunstancias. Pensar que las cosas son buenas o malas, positivas o negativas, nos reduce drásticamente la visión y nos deja poco espacio para maniobrar. Es una forma de rigidez propia del perfeccionismo, con un sistema de normas estricto.

No rehuyas la emoción de la culpa, entiéndela

Otra es la forma de afrontamiento. El afrontamiento del sentimiento de culpa no radica en dejar de sentir esta emoción, en erradicarla o evitarla. Que aparezca es algo inevitable y aparecerá frecuentemente en nuestras vidas, y por supuesto que dolerá. El sentido está en dejarla sentir y a continuación considerar, reflexionar, por qué ha aparecido.

Estatua pensante simbolizando peso de la culpa

El secreto de la serenidad es cooperar incondicionalmente con lo inevitable”

-Anthony de Mello-

Tu diálogo interno no debe ser tu enemigo

La última de las acciones que nos ayudan a incrementar el sentimiento de culpa es el diálogo interno. Deberíamos ser capaces de hablar con nosotros mismos sin reprocharnos nada. Cuando experimentemos la sombra de esta emoción lo ideal es preguntarnos: ¿Por qué me siento así?, ¿qué situación es la que me ha provocado la culpa?, ¿puedo asumir esta culpa sin hacerla más grande ni infravalorarme por ello?

3. Entender, mediar y sanar la culpa

La sensación de culpa es una emoción que actúa de aviso. Es un sistema de alarma del que no debemos huir. Lo ideal por tanto es reflexionar acerca de lo que la ha provocado, y entender por qué nos sentimos de ese modo. Es como un aprendizaje para comprender dónde tenemos que poner el foco de atención en nuestras vidas para lidiar con lavulnerabilidades.

Al hacer este análisis constructivo evitamos un sufrimiento y malestar que no tienen nada que ver con la culpa, sino más bien con nuestra desvalorización e incomprensión hacia nosotros mismos. De esta forma podremos dar solución y entender que existen alternativas para afrontar la situación en la que nos hemos sentido culpables.

La culpa puede venir mediada, por ejemplo, por no haber pedido perdón a alguien por nuestro comportamiento. Otras veces, por pensar que hemos actuado con poco acierto, con poco esfuerzo o de modo equivocado. Entender por tanto que a menudo hay  un error que reparar nos permite desplegar un mecanismo de acción y reparación.

Hombres echándose la culpa

Forma parte de nuestra responsabilidad intentar comprendernos sin caer en la propia desvalorización, autocastigarnos o descalificarnos, pensando injustamente que somos malos o egoístas y no hay nada que hacer al respecto. Esto nos lleva a un bucle en el que perdemos el tiempo y nos autodestruimos sin solucionar nada, ni emprender las acciones que llevan a la solución externa y la de nuestro conflicto interno.

Aprendamos a gestionar la culpa de manera efectiva, constructiva y ante todo, sanadora.

Rojas, Marcos Laura (2010) El peso de la culpa. Madrid: Punto de lectura Zoja, Luigi (1995) Growth and Guilt: Psychology and the Limits of Development. Routledge