Sobrepensar tus decisiones no es "pensar mejor": 3 consejos para romper el bucle

¿Cada vez que te enfrentas a una elección tu mente se convierte en un laberinto? Sobrepensar tus decisiones es darle vueltas a cada opción y crear escenarios hipotéticos sobre lo que podría salir mal. Quizás creas que este proceso es parte de ser prudente o inteligente, pero la realidad es que pensar de más suele paralizar.
Cuando sobrepiensas, entras en un bucle repetitivo que busca una certeza total que la vida rara vez ofrece. Mientras más tiempo pasas analizando tus opciones, más se diluye tu capacidad de actuar, alimentando una ansiedad que te mantiene estancado.
La trampa de la búsqueda de la perfección
La raíz de este problema suele ser el miedo a cometer un error irreparable. El psicólogo Barry Schwartz denomina a estas personas como “maximizadoras”, es decir, son personas que necesitan evaluar todas las alternativas para asegurarse de tomar la mejor decisión posible. Aunque parece una estrategia lógica, el exceso de opciones suele generar insatisfacción y cansancio mental.
Para romper esta inercia, debes entender que sobrepensar no mejora la calidad de tus decisiones; lo que hace es convencerte de que existe una opción “perfecta” oculta entre las demás. Sin embargo, lo que realmente necesitas es una solución funcional que te permita seguir adelante. Los siguientes son algunos consejos para encontrarla.
1. Olvida la excelencia
Para detener la rumiación, puede ayudarte cambiar tu objetivo final. En lugar de buscar la perfección, adopta la mentalidad del “satisfactor”. Según Schwartz, estas personas apuntan a algo “suficientemente bueno” sin importar que existan otras opciones. Se trata de aceptar la primera opción que cumpla con los requisitos mínimos establecidos.
Para aplicar este criterio, antes de mirar opciones, escribe qué condiciones debe cumplir tu decisión. Evita consultar más de tres fuentes o pedir opiniones a demasiadas personas. En cuanto una alternativa cumpla esos puntos, elígela sin mirar las que quedan por revisar.
Debes aceptar que toda elección implica una pérdida, pero que avanzar es siempre más valioso paralizarse.
2. Pon un límite al tiempo de análisis
Si no estableces un límite a tus pensamientos, tu mente seguirá dando vueltas sin llegar a ninguna conclusión. Si la decisión a tomar es pequeña (como elegir un plato en un restaurante), no te permitas más de 2 minutos para decidir. Para temas importantes, establece un máximo de 30 minutos de reloj y toma una determinación con los datos que tengas.
En caso de una rumiación nocturna que no te deja dormir, escríbe tus pensamientos en un papel para que no ocupen un lugar en tu mente hasta el día siguiente.
3. Utiliza la técnica del worry time
Esforzarte por dejar de pensar en algo suele tener el efecto contrario. La técnica del worry time (tiempo de preocupación) se trata de posponer el análisis para un momento breve y específico.
Lo primero que debes hacer es reservar un bloque de 15 minutos al final de la tarde que sea exclusivo para sobrepensar. Entonces, si el bucle de pensamientos aparece a las diez de la mañana, dite a ti mismo: “Ahora no es el momento; lo analizaré en mi cita de las seis”. Al llegar el momento, usa papel y lápiz para volcar tus miedos; esto suele dejar de alimentar los pensamientos obsesivos. Al terminar los 15 minutos, levántate y realiza otra actividad para cambiar el foco de atención.
En ocasiones, sobrepensar puede ser útil cuando te ayuda a planificar o te ofrece una perspectiva que antes no tenías. Sin embargo, no debes naturalizarlo si notas que tus pensamientos te quitan el sueño o te impiden cumplir con tus responsabilidades diarias.
Si se vuelve constante y te genera un malestar que no puedes gestionar con estas herramientas, considera buscar apoyo profesional. A veces, pensar de más requiere un abordaje terapéutico para sanar la relación que tienes con el control y la incertidumbre.
¿Cada vez que te enfrentas a una elección tu mente se convierte en un laberinto? Sobrepensar tus decisiones es darle vueltas a cada opción y crear escenarios hipotéticos sobre lo que podría salir mal. Quizás creas que este proceso es parte de ser prudente o inteligente, pero la realidad es que pensar de más suele paralizar.
Cuando sobrepiensas, entras en un bucle repetitivo que busca una certeza total que la vida rara vez ofrece. Mientras más tiempo pasas analizando tus opciones, más se diluye tu capacidad de actuar, alimentando una ansiedad que te mantiene estancado.
La trampa de la búsqueda de la perfección
La raíz de este problema suele ser el miedo a cometer un error irreparable. El psicólogo Barry Schwartz denomina a estas personas como “maximizadoras”, es decir, son personas que necesitan evaluar todas las alternativas para asegurarse de tomar la mejor decisión posible. Aunque parece una estrategia lógica, el exceso de opciones suele generar insatisfacción y cansancio mental.
Para romper esta inercia, debes entender que sobrepensar no mejora la calidad de tus decisiones; lo que hace es convencerte de que existe una opción “perfecta” oculta entre las demás. Sin embargo, lo que realmente necesitas es una solución funcional que te permita seguir adelante. Los siguientes son algunos consejos para encontrarla.
1. Olvida la excelencia
Para detener la rumiación, puede ayudarte cambiar tu objetivo final. En lugar de buscar la perfección, adopta la mentalidad del “satisfactor”. Según Schwartz, estas personas apuntan a algo “suficientemente bueno” sin importar que existan otras opciones. Se trata de aceptar la primera opción que cumpla con los requisitos mínimos establecidos.
Para aplicar este criterio, antes de mirar opciones, escribe qué condiciones debe cumplir tu decisión. Evita consultar más de tres fuentes o pedir opiniones a demasiadas personas. En cuanto una alternativa cumpla esos puntos, elígela sin mirar las que quedan por revisar.
Debes aceptar que toda elección implica una pérdida, pero que avanzar es siempre más valioso paralizarse.
2. Pon un límite al tiempo de análisis
Si no estableces un límite a tus pensamientos, tu mente seguirá dando vueltas sin llegar a ninguna conclusión. Si la decisión a tomar es pequeña (como elegir un plato en un restaurante), no te permitas más de 2 minutos para decidir. Para temas importantes, establece un máximo de 30 minutos de reloj y toma una determinación con los datos que tengas.
En caso de una rumiación nocturna que no te deja dormir, escríbe tus pensamientos en un papel para que no ocupen un lugar en tu mente hasta el día siguiente.
3. Utiliza la técnica del worry time
Esforzarte por dejar de pensar en algo suele tener el efecto contrario. La técnica del worry time (tiempo de preocupación) se trata de posponer el análisis para un momento breve y específico.
Lo primero que debes hacer es reservar un bloque de 15 minutos al final de la tarde que sea exclusivo para sobrepensar. Entonces, si el bucle de pensamientos aparece a las diez de la mañana, dite a ti mismo: “Ahora no es el momento; lo analizaré en mi cita de las seis”. Al llegar el momento, usa papel y lápiz para volcar tus miedos; esto suele dejar de alimentar los pensamientos obsesivos. Al terminar los 15 minutos, levántate y realiza otra actividad para cambiar el foco de atención.
En ocasiones, sobrepensar puede ser útil cuando te ayuda a planificar o te ofrece una perspectiva que antes no tenías. Sin embargo, no debes naturalizarlo si notas que tus pensamientos te quitan el sueño o te impiden cumplir con tus responsabilidades diarias.
Si se vuelve constante y te genera un malestar que no puedes gestionar con estas herramientas, considera buscar apoyo profesional. A veces, pensar de más requiere un abordaje terapéutico para sanar la relación que tienes con el control y la incertidumbre.
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- Ehring, T. (2021). Thinking too much: rumination and psychopathology. World Psychiatry: Official Journal of the World Psychiatric Association (WPA), 20(3), 441–442. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8429319/
- Schwartz, B. (2004). The tyranny of choice. Scientific American, 14(5), 44. https://www.scientificamerican.com/article/the-tyranny-of-choice/
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