El orgullo nunca suele equilibrar bien la balanza

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Alejandro Rodríguez el 5 agosto, 2015
Aroha Díaz · 5 agosto, 2015

«Si eres orgulloso conviene que ames la soledad; los orgullosos siempre se quedan solos».

– Amado Nervo

Si hay un sentimiento que divide a seres humanos, ése es el orgullo. Se trata de aquello que se impone incluso cuando sabemos que no tenemos la razón, cuando sabemos que pelearnos no nos llevará por buen camino. Normalmente nos cuesta mucho renunciar a él.¿Cómo es posible que una emoción tan dañina y tan conocida siga provocando desastres en las relaciones humanas?

Quizás sería conveniente comenzar a hablar sobre qué es el orgullo. Para ello, comenzaremos por definir un concepto muy ligado a esta emoción, el ego. La RAE lo define así:

«En el psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que se reconoce como yo, parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superyó y la realidad del mundo exterior».

Esta es la primera de las definiciones que aparecen sobre el ego pero no la única. De hecho, hay una más que hace referencia a lo que se entiende de manera coloquial como el ego y lo ve como un exceso de autoestima.

¿Tiene algo que ver el orgullo con alguna de estas definiciones?

ego

¿Qué es el orgullo?

Según la RAE, nuevamente, el orgullo es «arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia (…)».

¿Es esto correcto? ¿Dañamos nuestras relaciones a través del orgullo por la arrogancia o por un exceso de estimación propia? ¿La terquedad típica del orgullo se impone porque nos queremos en exceso?

Hay una expresión sobre el orgullo muy interesante que ofreció en su momento el filósofo y escritor francés Voltaire: «aquel que es demasiado pequeño tiene un orgullo grande».

Esto viene a decirnos que detrás del orgullo no hay un exceso de estima propia, sino todo lo contrario: lo que hay es debilidad. De ser correcta, esta definición cambiaría por completo lo que se cree en torno al orgullo. Pero hay una verdad que es irrefutable y que se asocia con esta emoción tan destructiva: el orgullo se mantiene incluso cuando el individuo sabe que no tiene la razón.

Es decir, incluso cuando la persona sabe que la premisa que mantiene es errónea, mantiene la misma hasta el final, aún sabiendo que el desenlace puede ser un enfado severo con el individuo con el que se enfrenta. Esto es algo que resulta especialmente preocupante cuando la persona que se encuentra al otro lado del ‘ring’ es aquella a la que se ama.

Sabiendo esto, ¿es posible mantener que el orgullo es sinónimo de un exceso de estimación propia? ¿O, más bien, parecería nacer de una necesidad excesiva de auto-afirmación? Estas cuestiones son la clave para comprender el origen de esta emoción, cómo nos afecta y qué dice de nosotros mismos.

Es un asunto que requiere autoanálisis y crítica personal. Si he entendido que no tengo la razón ¿por qué sigo intentando buscar argumentos para tenerla? ¿Qué se esconde detrás de esta necesidad de auto-afirmación? ¿Qué gano exactamente con demostrar que tengo la razón?

Qué hay detrás del orgullo

Según las últimas teorías relacionadas con esta emoción, la principal causa del orgullo es la necesidad de mantener una imagen personal frágil, que depende de factores externos no relacionados con quienes somos realmente. Si, por ejemplo, pensamos que necesitamos «demostrar» que somos cultos e inteligentes, nuestro orgullo nos impedirá admitir que estamos equivocados sobre una cuestión académica.

Al final, la idea que se desprende de esto es que el orgullo es un producto de una falta de autoestima y confianza en nosotros mismos. Por eso, generalmente luchar contra esta emoción negativa implica aceptar las partes de quienes somos que menos nos gustan, de tal manera que podamos sentir confianza incluso sin enfrentarnos a los demás.

orgullo

Las consecuencias del orgullo

Actualmente, podría decirse que es el orgullo la emoción que rompe más relaciones. Incluso, cuando se habla de infidelidad, se trata de la barrera que impide perdonar al compañero o compañera cuando ha cometido un desliz y aun cuando se es capaz de comprender la situación, aparte de otros muchos factores.

Esto se debe a que no toleramos que alguien nos diga, a través de un acto como la infidelidad, que hay alguien ‘mejor’ que nosotros para esa persona que queremos. Pero ¿realmente es algo necesario competir en el ámbito de la pareja? ¿Con quién? ¿Para qué?

Al final la pregunta que se plantea, teniendo en cuenta que la principal víctima del orgullo son las relaciones personales, es ¿en qué las estamos basando? ¿En qué se sustentan las relaciones que mantenemos? ¿Está nuestro orgullo por encima del amor y la comprensión hacia el ser amado?

En definitiva, hay muchas opiniones respecto a lo que es el orgullo y de qué forma nos afecta en nuestras relaciones personales. Sin embargo, lo que parece seguro es la necesidad de realizar un trabajo de introspección y análisis que nos permita comprender mejor las emociones negativas y cómo gestionarlas correctamente para que no deterioren aspectos importantes de nuestra vida.