La teoría de la diversión: los premios funcionan mejor que los castigos

Edith Sánchez · 12 julio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 12 julio, 2019
La teoría de la diversión parte de la idea de que las personas estamos más motivadas para llevar a cabo conductas que demanden un esfuerzo si somos incentivadas por algún estímulo que nos resulte divertido. O sea, el premio parece tener un poder grande a la hora de modelar conductas.

Hasta no hace mucho tiempo, vivíamos en un mundo en el que se creía que el castigo debía ser uno de los elementos importantes de la educación. Educar consistía en restringir mientras la persona adquiría la capacidad de autorrestringirse. Esto ha sido revaluado en gran medida y con la teoría de la diversión queda claro que, en muchos casos, hay métodos más eficaces.

Es cierto que los seres humanos venimos al mundo con pautas de conducta altamente egocéntricas. Para aprender a vivir en sociedad tenemos que ir renunciando paulatinamente a la idea de que somos el centro de todo y que deben cumplirse todos nuestros deseos.

La teoría de la diversión plantea que las personas están más dispuestas a realizar acciones que pueden considerarse «molestas», cuando esto implica una experiencia de diversión.

En otras palabras, un estímulo positivo puede convertirse en un gran acicate para cumplir con algunas normas o llevar a cabo comportamientos deseables para la sociedad.

«La pasión y la diversión son las fuerzas más poderosas a la hora de conseguir cosas«.

-Rafael Santandreu-

Chico pensando

El origen de la teoría de la diversión

La teoría de la diversión apareció en 2009 y no surgió estrictamente en los entornos académicos. La compañía Volkswagen patrocinó un experimento para probar que funcionaba. A medio camino entre el marketing y la responsabilidad social, este gigante automotriz quiso comprobar que el cambio social e individual es posible siempre que se cuente con un incentivo para alcanzarlo.

La Volkswagen lanzó su Fun Theory, o teoría de la diversión, para inspirar a las personas a llevar una vida más plena. Obviamente, de paso, estaban consolidando la imagen de su marca. Lo que hicieron fue proponer una serie de experimentos sociales para observar la reacción de la gente.

Todos estos experimentos le planteaban un dilema a las personas. Había dos opciones: una que apostaba por la comodidad y la costumbre, y otra que apuntaba a exigir un determinado esfuerzo, pero implicaba a su vez una experiencia diferente y divertida. Veamos qué sucedió.

El primero de los experimentos

El primer experimento social que se llevó a cabo fue muy sencillo, pero también muy revelador. Se adelantó en un lugar altamente concurrido: la estación de metro más popular de Suecia. Había una escalera eléctrica y a su lado una convencional. La pregunta era: ¿cómo lograr que la gente use la escalera convencional y aproveche así para ejercitarse?

Encontraron una respuesta divertida. Inventaron lo que se denominó «escalera piano». Pintaron la escalera convencional como si fuera un piano y lograron que pisar cada peldaño emitiera un sonido, como si en realidad se estuviera tocando un instrumento musical.

El resultado fue sorprendente. Habitualmente, el 95 % de las personas usaban la escalera eléctrica para subir. Con la escalera piano el 66 % de los transeúntes optaron por hacer el esfuerzo de subir peldaño a peldaño. Además, se veían muy felices haciéndolo. Esto probaba, en principio, que la teoría de la diversión funcionaba.

Escalera piano

Otros experimentos

El segundo experimento que se llevó a cabo para probar la teoría de la diversión fue todavía más exitoso que el primero. Son muchas las personas que arrojan sus desperdicios al suelo, y lo hacen sin el menor reparo. Así que se propuso una nueva prueba, también en Estocolmo.

Lo que se hizo fue instalar botes de basura con un sensor especial. Cada vez que una persona arrojaba basura dentro del bote, había un sonido como el de los dibujos animados cuando algo cae en un precipicio. A la gente le pareció sumamente divertido y no solo arrojaron la basura donde correspondía, sino que recogieron más desperdicios que estaban por ahí para depositarlos.

En solo un día prácticamente se duplicó la recolección de desechos. Se comprobaba una vez más que la teoría de la diversión podía ser útil. Ahora bien, esta teoría se ha abordado hasta ahora como elemento de marketing y en el ámbito empresarial. Así mismo, se ha basado en experiencias de corta duración, sin ninguna garantía de que los efectos puedan mantenerse en el tiempo.

La gran pregunta es si funcionaría igual en temas de mayor envergadura y si es capaz de generar cambios de conducta sostenibles a largo plazo. Aún no hay datos al respecto. Pese a esto, se comprueba de nuevo que el juego es un factor con un extraordinario poder de persuasión. La novedad y la diversión son estímulos lo suficientemente fuertes como para incentivarnos a ser mejores.

  • Cervelló Gimeno, E., Escartí, A., & Balagué Gea, G. (1999). Relaciones entre la orientación de meta disposicional y la satisfacción con los resultados deportivos, las creencias sobre las causas de éxito en deporte y la diversión con la práctica. Revista de Psicología del deporte, 8(1), 0007-19.