3 experimentos sobre el poder de la sonrisa

Edith Sánchez · 23 junio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 23 junio, 2019
Gracias a varios experimentos sobre el poder de la sonrisa que se han realizado en diferentes partes del mundo, hoy sabemos que no basta con sonreír, sino que también esa sonrisa debe ser sincera y reflejar sentimientos genuinos.

Sonreír es una de esas facultades que son exclusivamente humanas, aunque a veces nos empeñemos en ver sonrisas en los gatos, en los perros o en los elefantes. Es una expresión que causa gran impacto. Prueba de ello es que se han realizado varios experimentos sobre el poder de la sonrisa y casi todos ellos concluyen esto.

Más allá de que la ciencia haya realizado experimentos sobre el poder de la sonrisa, cualquier persona puede hacer pruebas en su vida cotidiana para sacar sus propias conclusiones. Por ejemplo, intenta simplemente pedirle un favor a alguien exhibiendo una expresión seria y luego haz lo mismo, pero sonriendo. Observa si se genera algún cambio.

Todos depositamos más confianza en quienes sonríen. Hay mecanismos inconscientes que nos permiten detectar si alguien sonríe sinceramente o no. Si el gesto no es genuino, se genera el efecto contrario: desconfiamos. Parte de esto es lo que comprueban los experimentos sobre el poder de la sonrisa. Veamos tres de ellos.

Cada sonrisa te hace un día más joven”.

-Proverbio chino-

Mujer sonriendo

1. “Pegamento social”, uno de los experimentos sobre el poder de la sonrisa

Uno de los más interesantes experimentos sobre el poder de la sonrisa lo llevó a cabo el científico Ron Gutman, quien ha estudiado el tema desde hace varios años. Las conclusiones de sus pesquisas fueron publicadas en la Revista Forbes, en un artículo llamado The Untapped Power Of Smiling.

Este estudio nos da un dato llamativo. Colocaron a un mono joven junto a dos personas. Una de ellas sonreía y la otra no. El pequeño animal se acercó al que sonreía. La prueba se repitió varias veces y siempre ocurrió lo mismo. Algo similar ocurre entre los humanos.

El artículo reseña un estudio llevado a cabo en la Universidad de Upssala, Suecia, sobre las reacciones que generan las distintas expresiones faciales. Se concluyó que las personas que sonríen tienden a contagiar su buena disposición. Se postuló entonces que “la sonrisa es evolutivamente contagiosa”. Por lo tanto, la sonrisa ayuda a reunir a las personas, actúa como “pegamento social”.

2. La sonrisa genera mayor recordación

Otro de los experimentos sobre el poder de la sonrisa se llevó a cabo en la Universidad Duke (Estados Unidos). A 50 voluntarios se les pidió que interactuaran con una mujer de una agencia de viajes imaginaria. Algunos fueron atendidos por una mujer que permanecía seria; otros, por una que parecía triste; los demás, por una que estaba sonriente.

Al final, todos los que interactuaron con la mujer sonriente dijeron sentirse más atraídos por el negocio en cuestión y afirmaron que se sentían más motivados a volver a hacer negocios con ella. Los mismos científicos establecieron que ante una persona que sonríe, se activa la corteza orbitofrontal, una zona del cerebro relacionada con la gratificación.

Así mismo, se comprobó que la cara sonriente generaba mayor recordación. Al producir una experiencia gratificante, tendemos a registrarla con mayor nitidez en nuestra memoria. De igual manera, tendemos a ser más abiertos a las solicitudes que nos formulen las personas que sonríen.

Mujer sonriendo mientras toma un café

3. Las sonrisas falsas no ayudan mucho

En 1980, el psicólogo alemán Fritz Strack, de la Universidad de Würzburg, llevó a cabo otro experimento sobre el poder de la sonrisa. Aunque utilizó una metodología precaria, los resultados de su estudio se volvieron muy populares. Decían que si una persona está triste o malhumorada y se obliga a sonreír, aunque sea falsamente, su estado de ánimo tiende a mejorar.

Sin embargo, otros 17 investigadores, de diferentes partes del mundo, quisieron replicar el experimento de Strack, pero obtuvieron resultados poco claros. Así que el investigador Eric-Jan Wagenmakers, de la Universidad de Amsterdam, decidió hacer un estudio más profundo para analizar en detalle el tema en cuestión.

La investigación se llevó a cabo con 1.894 personas y un método altamente riguroso. Al final se concluyó que no existe ninguna razón para creer que forzar el rostro a sonreír mejora el estado de ánimo de una persona. De hecho, no se detectaba básicamente ningún cambio subjetivo al sonreír a la fuerza.

Todo esto nos permite señalar que la sonrisa no es solamente una expresión facial. Debe estar acompañada por un sentimiento real para que sea efectiva. Lo que sí es cierto es que podemos buscar estímulos que nos permitan sonreír y ahí sí es verdad que nuestro estado de ánimo cambia notablemente.

  • Rulicki, S. (2013). Detective de sonrisas: curso avanzado de comunicación no verbal. Ediciones Granica.