7 técnicas del condicionamiento operante para el cambio

1 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
El condicionamiento operante, basado en la emisión de refuerzos y castigos, constituye una herramienta muy útil cuando se quiere modificar o suprimir un comportamiento. En el presente artículo se ha elaborado un listado de aquellas que se aplican a diario y que se sitúan en este marco teórico.

El cambio, tanto en terapia como en el día a día, puede precipitarse por variaciones muy distintas. Nuestra conducta también es como es por un cúmulo de variables más o menos relevantes: nuestra propia historia personal, nuestro bagaje, nuestras habilidades o las recompensas que queremos obtener a partir de esa conducta (condicionamiento operante).

Primero Thorndyke, con su psicología diferencial, seguido de Pavlov y su condicionamiento clásico, para llegar a Skinner y a su condicionamiento operante, los refuerzos y los castigos en la conducta del individuo son campos de estudio relevantes para la psicología experimental.

Desde ellos, y defendido por los modelos conductuales, el condicionamiento operante se postula como un tipo de aprendizaje en el que la persona actuaría en función de las consecuencias anticipadas, es decir, hablaríamos del producto de una historia de aprendizaje. Hoy sabemos que las conductas que van seguidas de un refuerzo son más proables que aquellas que vienen seguidas de un castigo.

Mujer pensando sobre la memoria declarativa

Refuerzo positivo y negativo: técnicas del condicionamiento operante

En base al condicionamiento operante, existen dos tipos de refuerzo que pueden seguir a una conducta:

  • Refuerzo positivo: aquel refuerzo que suma algo después de que la conducta sea emitida. Por ejemplo, cuando un niño limpia su habitación, un progenitor puede darle una bolsa de chuches.
  • Refuerzo negativo: surge cuando se retira algún estímulo que resulta aversivo para la persona. Retirar algo desagradable también es un refuerzo, y se diferencia del refuerzo positivo en que este primero suma algo, mientras que el negativo resta algo.

Castigo positivo y negativo en el condicionamiento operante

A diferencia del refuerzo, que provoca que una conducta tenga más probabilidades de repetirse si este se presenta, el castigo consigue todo lo contrario. Si este se administra después de haber emitido una conducta, esa conducta tendrá menos probabilidades de volver a darse; dicho de otra manera, tenderá a extinguirse. También existen dos tipos de castigo:

  • Castigo positivo: de nuevo, aquel que suma algo. Hablaríamos, por ejemplo, de la imposición de una sanción (Ej: trabajos voluntarios para la comunidad).
  • Castigo negativo: aquel que suprime o retira algo. Hablaríamos, por ejemplo, de la retirada de un privilegio (Ej: conducir por pérdida de puntos).

A partir de refuerzos y castigos, entre otras cosas, se puede influir sobre la conducta -esto lo saben todos los padres, hayan estudiado psicología o no-. La forma de administrar un refuerzo, de un control estimular bien elaborado, su entorno, su motivación… son variables que deben de tenerse en cuenta.

No obstante, se presenta un listado de técnicas derivadas de estos mecanismos del condicionamiento operante que pueden ser útiles para modificar conductas no deseadas o no adecuadas dependiendo de los contextos.

Técnicas del condicionamiento operante basadas en el castigo negativo

  • Coste de respuesta: se retiran los reforzadores cuando se emite una conducta no adecuada y se devuelven cuando tiene lugar la conducta alternativa que queremos que se aprenda. Es importante hacerse al principio con varios reforzadores y evitar a toda costa el saldo negativo (que un niño no se quede sin todos sus reforzadores y por ende le de igual, o que lleve tanto sin ellos que estos dejen de funcionar como refuerzo para él).
  • Tiempo fuera: cuando no se pueden controlar los refuerzos del medio, y la persona sigue recibiendo sus reforzadores a pesar de emitir una conducta inadecuada, se puede sacar al individuo del medio reforzador. Si el individuo es un niño, es importante dejarle fuera el tiempo adecuado.

Técnicas basadas en el castigo positivo

Saciación

Consiste en proporcionar reforzadores de forma indiscriminada hasta que el individuo se sacie. Existen dos tipos de saciación, de respuesta y de conducta. La de respuesta trabaja de forma masiva con los reforzadores, mientras que la de conducta se centra en el comportamiento que se quiere alterar.

Un ejemplo de saciación de respuesta es la emisión masiva de reforzadores para que estos dejen de constituirse como reforzadores de esa conducta. Una persona grita a otra para que le deje solo. Una saciación de respuesta sería dejarle solo durante mucho tiempo, no solo el que él busca.

Sobrecorrección

Se pretende que el individuo pague por las consecuencias de sus actos. Existe la sobrecorrección restitutiva, en la que, por ejemplo, el niño ha de recoger todos los juguetes que ha sacado de la caja; también la sobrecorrección de práctica positiva, en la que si la persona dejando de fumar ha probado el tabaco, se le indica que tiene que llevar a cabo alguna acción como penitencia de ese cigarro.

Niña recogiendo juguetes por la aplicación de una técnica del condicionamiento operante

Técnicas de reforzamiento diferencial

Se utilizan cuando el objetivo del programa de refuerzo y castigo no es la supresión de una conducta, pero se quiere modificar la frecuencia. Encontramos tres técnicas no excluyentes entre sí que utilizan el refuerzo del condicionamiento operante:

  • Reforzamiento diferencial de tasas bajas: con esta técnica se pretende bajar la frecuencia de una conducta, así se reforzará solo cuando esta se dé en tasas bajas. Si aparece en tasas altas, el individuo no recibirá el reforzador. Por ejemplo, una niña que plantea demasiadas preguntas en clase y levanta mucho la mano, no dejando participar al resto. Cuando la niña levanta la mano veinticinco veces en una clase, no recibirá ese refuerzo. No obstante, si la niña la levanta tan solo diez, se comenzará a reforzar hasta llegar al número ideal.
  • Refuerzo diferencial de otras conductas: siguiendo con el mismo ejemplo, otra manera de espaciar la conducta es reforzar conductas diferentes a levantar la mano. Si en vez de interrumpir la clase esa niña esta haciendo sus deberes o resolviendo una operación matemática, se pueden reforzar ese tipo de conductas diferentes. Se busca aumentar la probabilidad y la frecuencia de las mismas.
  • Refuerzo diferencial de conductas incompatibles: se busca reforzar conductas que sean incompatibles de llevar a cabo a la vez que la que se quiere modificar. Por ejemplo, si un niño se muerde las uñas, se pueden reforzar conductas como las de tener un bolígrafo en la mano o esconder sus manos en los bolsillos.

Ante todo, los programas de reforzamiento han de ser llevados a cabo de una manera adecuada, eficaz, inteligente y responsable. Los objetivos a alcanzar deben estar claros y el plan de actuación también.

Pensemos que en muchos casos la persona presentará resistencias para plegarse al plan que planteemos, querrán el refuerzo con independencia de lo pactado. De ahí que también sean necesarias la paciencia, las habilidades sociales, la sutileza y la precisión para marcar los tiempos.

  • Pérez-Álvarez, M. (1991). El sujeto en la modificación de conducta: Un análisis conductista. En V. Caballo (Ed.), Manual de técnicas de terapia y modificación de conducta. (pp. 69 – 89). Madrid: Siglo XXI.
  • Skinner, B. F. (1975e). El análisis operacional de los términos psicológicos. En Registro acumulativo: Selección de la obra de Skinner realizada por el propio autor. (pp. 413-429). Barcelona: Fontanella.
  • Skinner, B. F. (1977). Ciencia y conducta humana. Barcelona: Fontanella.