La vulnerabilidad emocional, el fallo de nuestra autoestima

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 2 abril, 2018
Raquel Aldana · 1 noviembre, 2014

¿Por qué surge la vulnerabilidad emocional? Ser emocionalmente inteligentes se ha convertido en una obligación, en una tarea pendiente de la que siempre todos queremos saber más.

Sabemos que es una cualidad indispensable que no puede faltar ni en nuestros pequeños, ni en nuestros mayores, ni en nosotros mismos. No obstante, no siempre sabemos bien cómo hacerla nuestra, ni podemos explicarnos qué es lo que falla.

Cuando la emoción nos derrota…

Es frecuente que nos demos cuenta del error cuando, con frecuencia, aparece ese sentimiento de descontrol, abatimiento y derrotismo ante un acontecimiento que nos provoca una fuerte emoción (ira, enfado, miedo, tristeza, alegría…).

Así es que, por un lado, podemos esforzarnos en esconder o minimizar nuestra tristeza, minusvalorar nuestro miedo o no compartir nuestro enfado ante una injusticia por miedo a descontrolarnos o a la incertidumbre que produce la reacción de los demás.

Esta es la mejor muestra de nuestra vulnerabilidad emocional. Esa odisea que nos impide decir no por miedo a las consecuencias y no saber responder, que no nos deja sacar de nuestras vidas lo que nos hace daño, que nos hace dependientes emocionales…

Niña triste que siente vulnerabilidad emocional

¿Por dónde podemos empezar a cambiar?

Obviamente, tienes que modificar la autovaloración que haces sobre ti mismo, tus capacidades y tus cualidades emocionales.

Para reducir tu vulnerabilidad emocional y aumentar tu autoestima tienes que mantener una actitud positiva y amarte incondicionalmente, independientemente de las circunstancias. Interioriza esto porque a continuación te vamos a dar unas pautas… ¡Es hora de conseguir el equilibrio!

Si tu cuerpo se siente bien, tu mente lo agradecerá

Mens sana in corpore sano y, para ello, es indispensable dormir el tiempo adecuado y en condiciones confortables, realizar ejercicio físico, comer de forma saludable y equilibrada y realizar actividades que fomenten tu autosuficiencia.

 ¿Qué favorece la vulnerabilidad emocional?

Tus creencias irracionales. Sí, esas actitudes que te hacen reaccionar de forma negativa por estar ancladas en el pasado y no adecuarse al presente. Las expresamos en forma de exigencias (debería de, tendría que, siempre, nunca…).

Mujer en un espejo
Este tipo de pensamientos ya los analizamos en otro artículo, pero vamos a repasar algunos para ayudarte a identificarlos:

  • Ser catastrofista: recibir una crítica no quiere decir que te odie o que no valgas para nada. Además, tu valía personal no depende de lo que los demás piensen de ti.
  • La tendencia a minimizar tus problemas, derechos o preferencias. No nos atrevemos a decir no por miedo a cómo le siente a la otra persona y por la ansiedad que nos genera defender nuestras preferencias.
  • Ser excesivamente exigente contigo mismo, ¿no te parece que el mundo no sería mundo si todos lo hiciésemos todo perfecto?

También es importante tu forma de interpretar lo que te indica el entorno. Respóndete a esto de forma sincera:

  • ¿Quién crees que es responsable de cómo te sientes o de cómo se sienten los demás? «Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo» decía Ortega y Gasset.
  • ¿Necesitas la aprobación de los demás? No necesitas la aprobación de los demás, como te hemos contado en otro momento, es imposible e innecesario gustar a todo el mundo. Primero eres tú.
  • ¿Eres realista con lo que te propones? No puedes esperar gustar a todo el mundo ni ser el mejor en todo.

 ¿Qué creencias favorecen una buena autoestima?

Sobre todo, procura preferir en vez de exigir. Aceptar tus limitaciones es imprescindible para desarrollar tu potencial y dejar atrás la vulnerabilidad emocional. Y también debes mantener una actitud de preferencia respecto al otro, es decir, renuncia a cambiar a los demás, acéptalos incondicionalmente.

Además de ello, piensa en primer lugar en ti mismo y sé tolerante, contigo y con los demás. Errar es humano. Y no dejes de ser flexible y no rígido en tus quehaceres.

Otro consejo: sé responsable de lo que piensas, sientes y haces pero no culpable, pues hacerlo así solo te resta posibilidad de cambiarlo. Es indispensable ser conscientes de la relación entre nuestros pensamientos, emociones y acciones para conseguir desarrollar la tan ansiada inteligencia emocional.

Imagen cortesía de Valentina Photos